OKDIARIO se cuela en la reapertura de la taberna Garibaldi de Pablo Iglesias: sólo reúne a unos pocos afines
La calidad de la cocina y el tratamiento de los alimentos siguen demostrando deficiencias sanitarias
Pablo Iglesias, el ex líder de Podemos, ha reabierto este viernes su controvertida taberna Garibaldi, ubicada en el barrio madrileño de Lavapiés. El local, convertido desde sus inicios en un templo ideológico de la izquierda más radical, vuelve a abrir sus puertas, esta vez en otro local y en otra calle, – ha pasado de la calle Ave María a Miguel Servet- tras varios meses de reformas y una larga lista de polémicas a sus espaldas. Pero sólo unos pocos afines han acudido a la reapertura de este «refugio antifascista».
El proyecto de la taberna Garibaldi de Iglesias, más político que hostelero, no habría sido posible sin una intensa campaña de recaudación promovida por el propio Iglesias a través de redes sociales y medios afines, en la que pidió dinero a simpatizantes para financiar el nuevo local. Una maniobra que ha generado duras críticas, ya que coincide con el rechazo de su solicitud para reincorporarse como profesor en la Universidad Complutense de Madrid, su antiguo bastión académico, donde no obtuvo plaza tras presentarse al proceso de selección. Consiguió recaudar 146.000 euros en la colecta.
Lejos de volver a la docencia o de retomar un papel relevante en la política institucional, Iglesias ha optado por recuperar su faceta de agitador ideológico desde la trastienda de un bar decorado con banderas comunistas y consignas propalestinas.
Durante su anterior etapa, el bar acumuló múltiples quejas por falta de salubridad. Vecinos y clientes denunciaron públicamente condiciones lamentables: baños en estado deplorable, acumulación de basura, y una cocina que distaba mucho de cumplir los estándares mínimos de higiene. Algunas reclamaciones llegaron incluso a la Junta de Distrito.
OKDIARIO ha podido comprobar que la calidad de la cocina y el tratamiento de los alimentos sigue demostrando deficiencias sanitarias. Aun así, Iglesias presume en redes sociales de una nueva carta y promete ofrecer un «refugio antifascista».
Para muchos vecinos, la reapertura es motivo de preocupación. «No se trata sólo de la ideología, sino del ruido, y la suciedad». Aunque Garibaldi vuelva con las paredes recién pintadas, para muchos sigue oliendo a lo mismo de siempre: populismo rancio con pretensiones de revolución de barra.
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