La embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich, ha advertido desde Rabat al Gobierno de Pedro Sánchez de que si opta por sacar a Brahim Ghali de España «con opacidad», de la misma forma que entró, «es optar por el estancamiento y empeoramiento de las relaciones» bilaterales.
En una declaración leída en la sede del Ministerio de Exteriores en Rabat y tras reunirse con su ministro, Naser Burita, la embajadora, llamada el martes a consultas a la capital marroquí, no dudó en calificar de «grave crisis» la que atraviesan las relaciones hispano-marroquíes.
Karima Benyaich señaló que lo que suceda con Ghali «es un test para la independencia de la Justicia española, en la que confiamos plenamente», pero también otro test para saber si España «opta por reforzar sus relaciones con Marruecos o prefieren colaborar con sus enemigos».
Para la embajadora, «España ha optado desgraciadamente por la opacidad para actuar a espaldas de Marruecos, acogiendo y protegiendo a este criminal y verdugo poniendo como pretexto las razones humanitarias y ofendiendo así a la dignidad del pueblo marroquí».
Marruecos -añadió- «no busca favores ni complacencia, sino que se respete el espíritu del partenariado y se aplique la ley española» sobre Ghali, acusado de «graves hechos relacionados con crímenes contra la Humanidad, violaciones a los derechos humanos y violaciones a mujeres».
No hay fecha para la vuelta de la embajadora
Un día antes, el ministro Naser Burita dijo que la embajadora no volverá a Madrid «mientras dure la crisis y la verdadera causa de la crisis», en referencia tanto al futuro de Brahim Ghali cuando reciba el alta hospitalaria de un hospital de Logroño como a explicaciones por parte española de cómo entró Ghali en territorio español.
Por otra parte, en estos momentos hay presentadas dos querellas contra el líder polisario. Por delitos de genocidio, torturas y terrorismo y que, provienen entre otros de la Asociación Saharaui para la Defensa de los Derechos Humanos (Asadeh).
Estas manifestaciones vuelven a chocar con las declaraciones de ayer del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien consideró que la entrada de inmigrantes en Ceuta de forma irregular en los últimos días es «algo excepcional y de corta duración» y negó que se trate de una crisis migratoria porque, a su juicio, estas se hacen frente de una forma estructural «clara, con políticas concretas y materializadas en el tiempo».
Esta declaración fue resultado de ser preguntado acerca de si teme que se puedan repetir situaciones parecidas después de que Marruecos haya advertido de que su embajadora, Karima Benyaich, no regresará a España mientras el líder del Frente Polisario, Brahim Gali, siguiese en el país.
En este sentido, el titular de Interior ha señalado que es «necesario y preciso dejar trabajar a la diplomacia» para que «lo que no debía nunca haber pasado sea posible olvidarlo a la mayor brevedad» explicó.
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