¿Qué es el coeficiente básico de financiación?
Un exceso de deuda dificulta la misma viabilidad de la empresa: si la deuda respecto el patrimonio neto de una empresa es muy alto, nos encontramos ante un desequilibrio financiero.
Si la compañía no es capaz de generar suficiente actividad durante el periodo para ir pagando los plazos marcados de la deuda (especialmente si éstos son a corto), entonces podemos encontrarnos ante una situación de suspensión de pagos si no tiene suficiente ni tan siquiera con sus recursos para cubrir todas las deudas. En los casos más extremos, se puede llegar a la quiebra si no dispone ni de los activos necesarios para afrontar todas aquellas deudas que ha contraído.
Un exceso de recursos propios es indicador de poca inversión. En un mercado competitivo como el actual, las empresas deben, constantemente, de invertir en innovaciones para no quedarse atrás respecto a sus competidores en el mercado. Por lo tanto, si el porcentaje de deuda en relación a los recursos propios es muy reducido, ello puede significar que la compañía está siendo excesivamente conservadora y que corre el riesgo de ser superada por su competencia en términos de competitividad e innovación.
Entonces, en este caso, debería realizar el pertinente estudio e inversión que le permitiera llegar a los niveles de productividad de las otras compañías competidoras del sector.
Coeficiente básico de financiación
Para poder saber si la compañía tiene margen para poder endeudarse y hasta qué punto, uno de los indicadores más utilizados es el coeficiente básico de financiación. Este indicador relaciona las inversiones permanentes con los activos fijos necesarios y el capital que se necesita para desarrollar la actividad diaria y normal de la empresa. Se trata, como indicador, de la división entre el primer concepto entre la suma de los otros dos. En general, toda empresa debe presentar, para mostrarse saneada, las siguientes relaciones:
- Las inversiones permanentes deben financiarse con recursos propios y deuda a largo plazo: no debe utilizarse financiación a corto plazo para hacer frente las inversiones a largo. En caso de ser así, significaría que hay el riesgo de no poder hacer frente la deuda contraída en un futuro más o menos próximo.
- Las inversiones corrientes deben financiarse con deuda a corto plazo: no puede utilizarse deuda a largo plazo para financiar aquellas inversiones corrientes. En caso contrario, significa que se está generando una actividad económica insuficiente y que se precisarán mejoras en términos de productividad para solventar esta situación.
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