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Paula Nuévalos tiene 27 años, es ingeniera y se ha hecho agricultora: «La vida en la ciudad es una cárcel. Otra historia es que con el salario recibido se pueda vivir»

Cambiar una oficina por el campo puede parecer una decisión difícil de entender para aquellos que asocian la vida rural con jornadas interminables, incertidumbre y unos ingresos que no siempre compensan el esfuerzo. Paula Nuévalos, ingeniera y agricultora de 27 años, conoce esa realidad, pero también defiende una cara del campo que suele quedar relegada cuando se habla de los problemas que atraviesa el sector.

La joven comparte parte de su día a día en TikTok, donde publica bajo la cuenta @agropauli, y habla de agricultura, pueblos y de las razones por las que disfruta de esta forma de vida. Una de sus últimas reflexiones parte precisamente de una frase que escucha con frecuencia, y que es que hay que dejar de romantizar el campo. De hecho, Nuévalos discrepa y pone el foco en otro asunto: las condiciones económicas de quienes trabajan la tierra. Su postura nace también de la comparación. Antes de regresar al entorno rural vivió ocho años en Valencia, una etapa muy distinta a su rutina actual entre viñas y almendros. Llegó a pasar jornadas entrando y saliendo del trabajo de noche, prácticamente sin ver la luz del sol. Al volver al campo descubrió cuánto había echado de menos algo tan sencillo como pasar tiempo al aire libre.

Paula Nuévalos tiene 27 años, es ingeniera y se ha hecho agricultora

«La gente dice: «Hay que dejar de romantizar el campo». No estoy de acuerdo»», comienza diciendo Nuévalos en uno de los vídeos publicados en @agropauli. Inmediatamente introduce un matiz: «Habrá que dejar de romantizar los precios del campo». Para ella, reconocer los problemas económicos de la agricultura no significa tener que renunciar a hablar de todo aquello que hace atractiva la profesión.

Y lo explica mientras está en su tractor y explica su propia rutina. «Tú sabes lo bonito que es, te levantas con el amanecer, el fresquito del verano, que esto no lo pilla nadie», señala. Después habla de marcharse tranquilamente al campo, observar la naturaleza, escuchar los pájaros y trabajar acompañada de su perro. «Pocos trabajos habrá que sean gratificantes como la agricultura», asegura. Incluso tiene claro cuál es uno de sus momentos preferidos: «Mi favorito es estar a la luz del sol con mi perro, número uno». Pero su defensa del oficio no evita la cuestión fundamental: vivir de él. «Otra historia es que con el salario que se percibe se pueda vivir, que eso ya da para otro libro», reconoce.

De vivir ocho años en Valencia a reivindicar la vida de pueblo

La experiencia de Nuévalos en la ciudad ocupa un lugar importante en su forma de entender el campo. Durante aproximadamente ocho años vivió en Valencia y, según ha contado en el pódcast Agrolife, allí echó en falta una relación más cercana con las personas que tenía alrededor. Ahora reside en una localidad de unos 10.000 habitantes rodeada de pequeños pueblos, donde valora especialmente el sentimiento de comunidad y la posibilidad de conocer y recurrir a los vecinos.

Pero su crítica a la ciudad va más allá de las relaciones personales. Nuévalos cuestiona una rutina que puede obligar a pasar buena parte del día entre paredes, sin recibir apenas luz natural y sin percibir directamente el frío, el calor o los cambios de las estaciones. Es en este contexto donde llega a comparar esa desconexión con una especie de «cárcel», aunque reconoce que los espacios cerrados son necesarios y forman parte de multitud de trabajos. Ella misma experimentó esa situación. Durante una etapa recuerda entrar y salir del trabajo de noche, algo cuyo impacto no terminó de comprender hasta que volvió al campo. Frente a aquella rutina, ahora destaca la tranquilidad que encuentra entre sus cultivos y el efecto que tiene sobre ella trabajar rodeada de naturaleza.

El atractivo del campo no elimina sus problemas económicos

Esa visión no significa que Nuévalos presente la agricultura como una profesión sencilla. Quienes viven del campo están condicionados por los precios, la lluvia, el frío, el granizo o fenómenos meteorológicos extremos, factores capaces de cambiar por completo una campaña y que escapan en buena medida del control del agricultor. Ahí se encuentra precisamente la diferencia que intenta establecer en sus vídeos. Una cosa es disfrutar del trabajo y otra que los números permitan mantenerlo. La satisfacción de levantarse al amanecer, trabajar al aire libre o estar en contacto con las estaciones no elimina el problema de unos ingresos que pueden resultar insuficientes.

En su caso, la viña, los almendros y las jornadas junto a su perro representan una forma de vida que le aporta tranquilidad. Incluso cuando atraviesa momentos de preocupación, ha explicado que ponerse a podar consigue que su mente se concentre y empiecen a aparecer nuevas ideas. Por eso, cuando se habla de «dejar de romantizar el campo», Paula Nuévalos propone cambiar el objetivo de la crítica. No pretende idealizar la rentabilidad de la agricultura ni esconder sus dificultades. Su reivindicación consiste en separar ambas cuestiones: se puede reclamar que el trabajo del agricultor permita vivir dignamente y, al mismo tiempo, reconocer todo aquello que hace que alguien quiera seguir dedicándose a él.

@agropauli Qué es lo mejor para vosotros?? Os leo🧐🧐 #agricultura #campo #pueblos #parati #agro ♬ sonido original – agropauli