La trampa detrás de la deuda pública: lo que el Tesoro no te cuenta si la guerra continúa
La rentabilidad de la deuda pública crece hasta el 2,6% en un contexto marcado por el conflicto en Oriente Próximo
En el contexto actual, con la guerra en boca de todos y con un escenario que apunta a una mayor inflación, invertir en deuda pública a corto plazo resulta atractivo y más si la rentabilidad del papel se dispara hasta máximos anuales.
Desde el inicio de las tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán, las rentabilidades han subido hasta el 2,6%, y con ello, se vuelve a abrir una opción para el inversor conservador. Ahora bien, los expertos alertan de que su atractivo es limitado.
Desde Kelisto sentencian que «se trata de un activo deficiente para mantener el poder adquisitivo del ahorro».
El principal riesgo es que la inflación termine situándose por encima de ese nivel, especialmente si el shock energético derivado del conflicto se traslada a los precios.
En ese caso, el inversor estaría asumiendo una rentabilidad real negativa, lo que reduce notablemente el sentido de este tipo de inversión más allá del muy corto plazo.
Entre los depósitos hay una mayor variedad. Además, muchos de ellos están subiendo la remuneración que ofrecen, por lo que se están convirtiendo en alternativas reales a la deuda pública.
Volatilidad en el mercado de renta fija
Además, el entorno macroeconómico sigue siendo incierto. En economías como Europa o Japón, altamente dependientes de las importaciones energéticas, el impacto inicial del encarecimiento del petróleo y el gas puede ser más intenso.
Esto tiende a trasladarse con mayor rapidez a la inflación, lo que podría mantener la presión sobre los bancos centrales para sostener políticas más restrictivas durante más tiempo.
En este contexto, la deuda a corto plazo pierde atractivo relativo, ya que los tipos pueden seguir elevados o ajustarse al alza.
En estos momentos, de hecho, en Europa se descuentan hasta tres subidas de tipos durante los próximos meses, lo que debería generar nuevas subidas en la rentabilidad de los bonos.
La deuda China seduce al inversor
En contraste, hay geografías que presentan dinámicas distintas. China, por ejemplo, se encuentra en un entorno de baja inflación e incluso presiones deflacionistas, lo que le permite mantener una política monetaria más estable y predecible.
Esto se traduce en un mercado de renta fija menos volátil, aunque también con menor potencial de rentabilidad. Respecto a EEUU la situación es similar pero la principal preocupación recae en sus finanzas.
Cuanto más tiempo se prolongue el conflicto, más deuda acumulará el Gobierno, lo cual, en un año como el actual en el que además se refinancia el 25% de toda su deuda, con unos tipos de interés tan elevados, con la subida del dólar golpeando de nuevo el déficit comercial y con el fin de los aranceles, los analistas creen que los mercados castigarán los rendimientos de los bonos.
Adicional a ello, Manuel Pinto, analista de mercados, tiene dudas sobre los futuros compradores. En un escenario de mayores costes no descartan que alguno de los principales tenedores tenga la necesidad de vender parte de sus activos para sufragar sus gastos, mientras los bancos sufren la actual crisis del crédito privado.
En definitiva, «una mayor oferta sin una mayor demanda generará estrés en el mercado y una rentabilidad superior por parte de los inversores». «De cara a los próximos meses, la clave estará en el cambio de narrativa del mercado», añade Pinto.
Si el foco pasa de la inflación al crecimiento, especialmente si el shock energético se prolonga y termina afectando a la demanda global, los tramos más largos de la curva podrían empezar a ofrecer oportunidades más interesantes dada su consideración como refugio.
El portavoz de Kelisto asegura que no es tan fácil encontrar deuda en otros países que sea realmente rentable. Teniendo en cuenta esos factores, «lo más seguro es acudir a otros países de la zona euro», añade el experto.
Las letras del Tesoro italiano (BOT) ofrecen actualmente rentabilidades que rondan el 2,7% y el 3% TAE, lo que mejora notablemente la rentabilidad de
las españolas. Pero no solo Italia; en el caso de Francia también pagan más que las españolas.
Los bonos a largo, en el punto de mira
En ese escenario, los bonos de mayor duración serían los principales beneficiados, a medida que los bancos centrales se vean obligados a suavizar su postura.
En definitiva, las letras del Tesoro pueden tener sentido de preservación de capital, pero no como una estrategia de inversión en el entorno actual.
El inversor debería empezar a mirar más allá del corto plazo, diversificar sus carteras y mirar alternativas a nivel geográfico.
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