Invertir en Bolsa fijándose sólo en los dividendos
Al realizar una inversión en bolsa, una de las variables que más tienen en cuenta aquellos que esperan obtener la máxima rentabilidad posible es la evolución futura de la empresa. Ahora bien, hay que tener en cuenta aspectos como los siguientes:
- La evolución depende especialmente de la relación expectativas-realidad: una empresa puede presentar unos beneficios importantes y mostrar solvencia pero, en cambio, no subir en bolsa. El motivo: que no haya cumplido con las expectativas generadas. Por lo tanto, puede que una compañía, a priori, menos fuerte, suba más porque ha superado las previsiones sobre su evolución.
- Hay aspectos incontrolables que afectan a la cotización de la acción: aunque se planteen, antes de la elección de las empresas donde invertir, todos los escenarios posibles, se pueden dar hechos puntuales que afecten a las previsiones generadas. Por ejemplo, cambios legislativos en el sector que perjudiquen (o, al revés, impulsen) a la empresa, factores políticos inesperados (como la reciente victoria de Donald Trump en las pasadas elecciones a los Estados Unidos…).
- Costes de invertir en bolsa: tanto en la compra como en la venta de acciones, existe un coste a afrontar. A ello, hay que sumarle otros gastos de mantenimiento que el intermediario carga. Por lo tanto, realmente, no basta solamente con que la acción cotice por encima del valor de compra, sino que también debe de hacerlo de tal forma que sirva para compensar todos estos costes.
Así pues, el criterio de la estricta cotización de una acción no debe de ser el único que determine la conveniencia de la inversión. Otro aspecto que se pasa por alto, pero que es de gran importancia, son los dividendos.
¿Por qué considerar el dividendo al invertir?
Los dividendos, como es sabido, son la parte del beneficio que una compañía reparte entre sus accionistas. De acuerdo a sus necesidades de dotación de capital, optará por repartir un porcentaje menor o mayor. En el contexto actual, se trata de un punto fundamental en la elección por los siguientes motivos:
- Bajos tipos de interés: en un contexto de tipos bajos, la renta fija es muy poco atractiva. Por lo tanto, el simple hecho que una compañía ofrezca una rentabilidad ya supone un mayor beneficio.
- Aumento de la inflación: el alza de los precios durante este año se sitúa al entorno del 3%. Por lo tanto, si una compañía facilita, por ejemplo, un 6% de dividendo, ya compensa este incremento.
- Sirve para aplacar posibles bajadas futuras: nos encontramos en un escenario político a nivel europeo y mundial muy inestable. Esta incertidumbre causa bajadas y subidas importantes en el parquet bursátil. Para paliar posibles descensos, el dividendo es un seguro que da margen de maniobra al inversor.
- Aumento de la capacidad de las compañías para ofrecer dividendos: en los últimos años, la deuda empresarial se había elevado hasta valores exagerados. Conscientes de ello, las compañías han intentado reducirla, hecho que ha lesionaba su capacidad para ofrecer dividendos. Una vez se ha intentado estabilizar tal aspecto, ya pueden volver a atraer a inversores con dividendos más atractivos.
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