La idea de Yolanda Díaz de meter a los empleados en los consejos fracasó en las cajas y empresas públicas
Populismo al alimón: Díaz y Sordo piden que los trabajadores estén en los consejos de administración
La nuevo ocurrencia de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, de que los trabajadores accedan a los consejos de administración de las empresas ya ha fracasado en España en las cajas de ahorros y en las empresas públicas. Pretende imitar el sistema alemán, que ha generado grandes problemas y ha sido muy criticado por los inversores. Y por si fuera poco, se opone a la Ley de Sociedades de Capital.
El ejemplo más claro de fracaso de este sistema es el de las antiguas cajas de ahorros, donde los representantes de partidos y sindicatos se sentaban en los consejos, lo cual provocó que la gestión no seguía criterios profesionales, sino políticos. Esto llevó, como es bien sabido, a la quiebra general del sector y al rescate financiero de España en 201. Asimismo, originó las escandalosas remuneraciones de los consejeros ante la falta de controles, muchas de las cuales acabaron en los tribunales.
Esta presencia de los empleados en los órganos rectores sigue siendo obligatoria hoy en día en las empresas públicas españolas, que no se distinguen precisamente por su rentabilidad ni por su buena gestión. De hecho, son pasto de las puertas giratorias, con consejos llenos de expolíticos o de miembros de los partidos, con sueldos muy elevados generalmente.
La ocurrencia de Díaz se basa en la llamada «coparticipación», que lleva funcionando décadas en las compañías alemanas. Este modelo no consiste exactamente en la presencia de los empleados en el órgano rector, sino en otro llamado «consejo de vigilancia», que se dedica a supervisar la labor del consejo de administración.
Aunque muy admirado por la prensa de izquierdas internacional, este modelo es fuente constante de conflictos en las empresas, ya que entorpece enormemente la toma de decisiones estratégicas. Un problema que ha sido criticado de forma recurrente por los grandes fondos de inversión internacionales.
«Reflexión propia de un régimen comunista»
Y eso es lo que se temen que ocurriría aquí los expertos consultados por OKDIARIO. Califican la propuesta de la ministra de «dislate» y de «reflexión propia de un régimen comunista». «Tiene sentido que los trabajadores participen en las negociaciones salariales y en los convenios, que es para lo que existen los sindicatos, pero no en la gestión y en la toma de decisiones estratégicas. Eso sería una locura», añade otra fuente.
Además, la Ley de Sociedades de Capital no incluye a los empleados -salvo los ejecutivos- en las categorías de consejeros de las compañías cotizadas; de hecho, tendrían que dejar de trabajar en la empresa durante tres años para poder ser consejeros. Además, los miembros del consejo de administración se eligen por reunir unas cualidades que normalmente harían que el trabajador ocupara un cargo directivo. «No tendría sentido que cualquier empleado de base de una planta estuviera en el consejo».
«La Ley de Sociedades de Capital promueve precisamente eso, el control de la sociedad por parte del capital, no por los empleados», sentencia uno de los expertos.
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