Los grandes institutos económicos dan por seguro que España va camino de la estanflación
El fantasma de que España cada vez está más cerca de la estanflación está más vivo que nunca. El Índice de Precios de Consumo (IPC) repuntó un 3% en marzo en relación al mes anterior y se situó en el 9,8% en términos interanuales, su cota más alta en 37 años ante la fortísima escalada de los precios de la luz, los carburantes y el gas, y estos datos aún no recogen del todo el impacto de la huelga de transporte en la segunda mitad de este mes, que provocó desabastecimiento de productos y alzas en los precios.
La lectura que hacen los grandes institutos económicos y los servicios de estudios es que España está abocada a un crecimiento escuálido con una inflación desbordada, lo que se conoce como estanflación, una coyuntura que para Antonio Pedraza, presidente de la Comisión Financiera del Consejo General de Economistas, ya es «una amenaza clara».
Funcas revisó a la baja el miércoles su proyección de crecimiento económico para España para este año hasta el 4,2%, 1,4 puntos menos de lo esperado en enero, al tiempo que ha revisado al alza la estimación de inflación hasta el 6,8% de media anual. En su opinión, «la subida de precios reducirá la renta disponible de los hogares en términos reales, frenando el crecimiento del consumo y la inversión residencial, mientras que el contexto externo conduce a un menor crecimiento de la inversión en equipo y de los mercados de exportación».
Pedraza coincide. «En el momento que echamos gasolina, consumimos gas o encendemos la luz (…) la situación es insostenible. Eso va a reducir la demanda y el consumo de una forma manifiesta», advierte. Como resultado, prevé para 2022 incluso un crecimiento más débil que Funcas, del 3,7%, por el daño que está haciendo la inflación frente a su cálculo previo del 5,2% y la proyección de crecimiento previsto por el Gobierno del 7%, a día de hoy inalcanzable.
«Los precios de la energía, de las materias primas y de los alimentos acelerarán aún más la inflación. Esto minará el poder adquisitivo de los hogares y, a su vez, debilitará la actividad económica. Como toda la eurozona, la economía española también afronta un elevado riesgo de estanflación este año», afirma Carsten Brzeski, jefe de análisis macroeconómico de ING.
Agravante fiscal
La tasa de inflación subyacente, en el 3,4%, también muestra que esa subida de los precios energéticos se está trasladando a la cesta de la compra y esto repercutirá en el poder adquisitivo de las familias, cada vez más estrangulado, ya que además tienen que soportar la sobrecarga de impuestos con los que el Gobierno -que se cierra en banda a reducirlos- está captando abultados ingresos.
«El gran problema que tenemos ahora mismo es que las clases media y baja, que son las que sustentan la demanda, están sufriendo por una inflación exacerbada, perdiendo poder adquisitivo», señala Pedraza . «A eso hay que añadir los impuestos indirectos que les están gravando. Los precios de la energía han tenido aumentos tan bestiales que la recaudación ha aumentado exponencialmente. Pero eso lo estamos pagando los españoles de a pie», explica.
Esto contrasta con las rebajas fiscales vistas en países como Irlanda, Italia, Polonia, Rumanía o Suecia en cuanto a impuestos indirectos, añade. Y si bien en Alemania no los han recortado, sí han subido las desgravaciones, puntualiza este experto.
Los servicios de estudios de BBVA, UBS o Bankinter reconocen que las cifras han sido peores que sus previsiones, lo cual revela que se están rebasando los límites de los escenarios más sombríos. Gloria Claudio, profesora de economía de la Universidad Francisco de Vitoria, destaca que la tasa subyacente es la más alta desde 2008 y estima el regreso a niveles de inflación moderados ya se retrasa «hasta al menos 2023 o 2024» ante la «enorme incertidumbre por el condicionante de la evolución de la guerra».
No se espera que la espiral inflacionista remita a corto plazo, incluso en la revisión del dato adelantado de marzo podría alcanzarse ya el doble dígito, avanza Pedraza. La propia vicepresidenta de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, se rinde a la evidencia y ya asume que la inflación seguirá acelerándose.
«Son datos muy preocupantes, sobre todo echando la vista a la inflación subyacente, que aunque puede haberse visto influida por la guerra, es dudoso que el impacto de esta se haya dejado sentir ya porque excluye los precios de la energía y los de los alimentos elaborados», comenta Juan Ramón Rallo, profesor de economía del IE Business School, que alerta de que ese 3,4% ya es casi el doble del objetivo a medio plazo del Banco Central Europeo, situado en algo por debajo del 2%.
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