Psicología gastronómica: cómo los restaurantes de bufet libre consiguen que los clientes coman menos
El uso de platos pequeños puede hacer que de la sensación que comemos de más
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Ir a un bufet libre suele ser siempre algo que apetece mucho, pero a la vez, lo podemos ver como un reto. La idea de pagar un precio fijo y poder comer todo lo que uno quiera hace que muchos lleguen con la sensación de que van a ganar la partida. La posibilidad de comer de más, probar de todo, repetir. Todo ello parece fácil, pero la realidad cuando llegas y te pones a comer suele ser bastante distinta.
De hecho, incluso hay gente que sale de ese bufet con la sensación de haber comido menos de lo esperado sin saber muy bien por qué. No es casualidad , si bien detrás de muchos bufés hay en realidad una forma de organizarlo todo bastante pensada, donde nada se deja al azar, pero no con la intención de engañar, sino que se toman pequeñas decisiones que, sumadas, influyen en cómo se comporta el cliente sin que este lo perciba. Es lo que algunos especialistas llaman psicología gastronómica y en realidad, beneficia a los bufets que al final consiguen que la gente coma menos de lo que podría parecer en un principio.
Psicología gastronómica: cómo los restaurantes de bufet libre consiguen que los clientes coman menos
Uno de los detalles más simples, y también más efectivos, tiene que ver con el tamaño del plato. A simple vista, puede parecer algo sin importancia, pero cambia bastante la percepción si tenemos en cuenta que cuando el plato es pequeño, se llena antes. De este modo, cuando lo vemos lleno, el cerebro interpreta que ya hay suficiente comida.
Esa sensación visual influye más de lo que parece y hace que muchas personas se sirvan menos cantidad de la que cogerían en un plato más grande o que de hecho, llenen el plato menos veces. De este modo no es que el cliente decida conscientemente comer menos, es que siente que ya ha puesto bastante en el plato.
Beber más también juega su papel
Otro de los factores que intervienen es la bebida. En muchos bufés, los vasos suelen ser grandes, lo que invita a beber más de lo habitual. Eso tiene un efecto directo ya que el estómago se llena antes. Y cuando eso ocurre, el apetito disminuye. Es algo físico, pero también psicológico. Al final, entre lo que se bebe y lo que se come, la sensación de saciedad llega antes de lo esperado.
El recorrido del bufé no está puesto al azar
Quizá el truco más interesante tiene que ver con el orden en el que se presenta la comida. En la mayoría de bufets libres, los primeros platos que aparecen son los más baratos de producir: arroz, pasta, pan, ensaladas o patatas. Son alimentos que llenan rápido y que, además, suelen servirse en mayor cantidad.
Los platos más caros, como carnes, pescados o marisco, suelen estar más adelante. Para cuando el cliente llega a esa parte, muchas veces ya ha llenado buena parte del plato. Y eso cambia completamente lo que termina consumiendo.
La sensación de abundancia también influye
Otro aspecto importante es cómo se percibe el conjunto. Un bufet bien presentado, con bandejas llenas y variedad aparente, genera la sensación de que hay muchísimo donde elegir. Eso hace que el cliente tienda a servirse pequeñas cantidades de muchas cosas, en lugar de centrarse en platos concretos. Al final, esa variedad aparente también limita la cantidad total que se consume de cada alimento.
No es engaño, es estrategia
Todo esto no significa que los responsables del bufet libre al que vamos estén «engañando» al cliente en el sentido literal sino que la comida está ahí y cada uno puede servirse lo que quiera. Pero sí que hay una intención clara en cómo se organiza la experiencia. El objetivo, al final, es que el negocio sea rentable. Y para eso, reducir ligeramente la cantidad media que consume cada cliente marca la diferencia. Son pequeños detalles que, por separado, pueden parecer insignificantes, pero juntos funcionan.
Entonces, ¿se puede evitar?
Sabiendo cómo funciona, es más fácil tomar decisiones distintas. Por ejemplo, recorrer todo el bufet antes de empezar a servirse o evitar llenar el plato en la primera parada. También ayuda prestar atención a la bebida y no utilizarla como sustituto de la comida sin darse cuenta. No se trata de “ganar” al bufet, pero sí de entender cómo funciona.
Al final, lo que parece un sistema sencillo, que es pagar y comer sin límite, tiene bastante más detrás de lo que parece. La forma en la que se presentan los platos, el tamaño de los utensilios o el orden del recorrido no son casuales sino que todo está pensado para influir, aunque sea de forma sutil. Y lo curioso es que, la mayoría de las veces, funciona sin que el cliente llegue a notarlo.
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