Los fontaneros expertos coinciden: si abres el grifo y cae un chorro de agua débil, el problema ya ha comenzado y es peor de lo que parece
Los fontaneros avisan que si sale poca agua del grifo podríamos tener en realidad, una fuga
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Cuando un grifo de repente empieza a soltar menos agua de la habitual puede ser la primera pista de que algo no funciona bien en la instalación. Al principio quizá sólo lo notamos cuando nos duchamos o al llenar una olla, pero si la pérdida de presión va a más conviene averiguar de dónde viene. No siempre se trata de una avería grave, aunque tampoco es buena idea dejarlo pasar durante semanas esperando que se solucione solo.
La diferencia está, sobre todo, en saber si ocurre en un único punto de la casa o en todos. Cuando falla sólo un grifo, los expertos explican que el origen puede estar en una pieza obstruida por la cal. Pero si el agua ha perdido fuerza en toda la vivienda, la explicación puede ser otra: una llave de paso mal abierta, una tubería envejecida, una fuga e incluso una incidencia en la red pública. Además, también importa comprobar si sucede únicamente con el agua caliente.
Si abres el grifo y cae un chorro de agua débil, el problema ya ha comenzado
Cuando el resto de la casa funciona con normalidad y sólo un grifo tiene poca presión, conviene empezar por lo más sencillo. El aireador, esa pequeña pieza colocada en la salida del grifo, acumula con el tiempo cal, óxido y partículas que terminan reduciendo el espacio por el que pasa el agua. Algo parecido sucede con las alcachofas de ducha. Sus pequeños orificios pueden quedar parcialmente bloqueados y el chorro pierde fuerza poco a poco. A veces el cambio es tan gradual que no se aprecia hasta que la diferencia ya resulta evidente.
En estos casos se puede desmontar la pieza y limpiarla. Dejar el aireador o la alcachofa durante un tiempo en una mezcla de agua y vinagre ayuda a desprender parte de las incrustaciones. Después se limpia con un cepillo suave, se aclara y se vuelve a colocar. Además, será bueno echar un vistazo a la llave de paso de ese grifo. Puede haber quedado parcialmente cerrada después de una reparación o simplemente haberse movido sin que nadie se dé cuenta.
Cuando el agua pierde fuerza en toda la casa
Si el problema aparece a la vez en la cocina, el baño y el resto de grifos, ya no tiene demasiado sentido centrarse en limpiar aireadores. En ese caso hay que mirar la instalación general. Una de las posibilidades está en las propias tuberías. Las conducciones antiguas, especialmente algunas de acero galvanizado, pueden acumular óxido y depósitos minerales durante años. Ese material se va adhiriendo a las paredes interiores hasta reducir el paso disponible para el agua.
La pérdida de presión no siempre aparece de forma progresiva. Una instalación puede funcionar aparentemente bien y empeorar de un día para otro si algún depósito acumulado se desprende y termina dificultando el paso por una zona de la tubería. La válvula principal de entrada también puede tener parte de culpa ya que si no está completamente abierta, el efecto se nota en distintos puntos de la vivienda. Y en las casas que disponen de un regulador de presión, una avería en este elemento puede alterar igualmente el caudal, de modo que en este caso conviene llamar a un fontanero.
Una fuga puede empezar con una pérdida de presión
La falta de fuerza en los grifos también puede avisar de una pérdida de agua en algún lugar de la instalación. Una tubería dañada no tiene por qué provocar inmediatamente una inundación visible. Una pequeña fisura puede dejar escapar agua poco a poco antes de que llegue a los puntos de consumo. En estos casos hay otras señales que pueden ayudar. Una factura que sube sin haber aumentado el consumo merece atención, al igual que una mancha de humedad que aparece sin explicación, pintura que comienza a levantarse o una zona de la pared que permanece húmeda.
Y si el problema afecta únicamente al agua caliente, en cambio, hay que mirar hacia el termo o el acumulador. Los sedimentos también se depositan en estos equipos y pueden dificultar la circulación con el paso del tiempo. Las viviendas abastecidas mediante pozo tienen además sus propios puntos débiles. Una bomba obstruida, un fallo en el presostato, problemas en el depósito de presión o un filtro sucio pueden terminar produciendo el mismo síntoma: abrir el grifo y comprobar que apenas sale agua.
Antes de llamar al fontanero, pregunta a los vecinos
La avería tampoco tiene por qué estar dentro de casa. Si todos los grifos han perdido presión de repente, merece la pena comprobar si está ocurriendo lo mismo en otras viviendas del edificio o de la zona. Una rotura en una conducción principal, trabajos de mantenimiento o determinados momentos de mayor consumo pueden reducir temporalmente la presión de la red. En esas circunstancias, revisar las tuberías de casa no resolverá nada.
Por eso, preguntar a un vecino puede ahorrar unas cuantas comprobaciones. Si el problema es general, lo adecuado será consultar al servicio de abastecimiento de agua y si los demás tienen presión normal y únicamente falla una vivienda, entonces sí habrá que buscar el origen dentro de la instalación.
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