Opinión

China, un poder blando que somete a Europa

Donald Trump se encuentra con Xi Jinping en territorio chino por segunda vez

China, un poder blando que somete a Europa

Donald Trump se encuentra con Xi Jinping en territorio chino por segunda vez, la anterior ocasión fue en 2017. Aunque desconocemos el detalle de la agenda real, ha trascendido que hablarán de la inteligencia artificial, de los microchips, del comercio internacional y de los minerales críticos, así como de la guerra de Irán, del uranio enriquecido que posee y se niega a entregar y de la normalización del tránsito por el estrecho de Ormuz.

Nuestro continente, en una ocasión más, aparece como un mero observador del diálogo y de unos acuerdos que seguro nos afectarán de lleno. En Europa hemos dejado de escribir la historia tras numerosos siglos de hacerlo y ahora otros nos escriben las reglas y condicionan nuestro destino debido a nuestra dependencia de los grandes hegemones.

Hoy me centraré en nuestra creciente relación con China. Europa mantiene una dependencia significativa, y en algunos casos muy alta, de China en varias de las materias primas que son consideradas como estratégicas, sobre todo aquellas imprescindibles para seguir desarrollando las inversiones para culminar la transición energética. A veces se comenta que parece que los planes de transición de la Unión Europea han sido inspirados por la inteligencia china que logra el encaje casi perfecto de nuestra demanda industrial y comercial con la oferta que la industria china tiene preparada par nosotros los europeos.

Europa aspira a liderar la transición energética, pero depende fuertemente de China para el suministro de los paneles solares con un suministro del 98% de las importaciones europeas, cuyos equipos en muchos casos pueden tener un acceso remoto o software controlado externamente.

En lo que se refiere a las baterías de litio-ion, alrededor del 88% de ellas vienen de China. Esta dependencia no sólo amenaza la competitividad de industrias europeas como la farmacéutica y la química, sino que expone a nuestro continente tanto a un proceso de posible dumping de sobrecapacidad china como a posibles interrupciones en los suministros, como se ha visto con las restricciones a las exportaciones.

La realidad es que los planes de transición al vehículo eléctrico en España, se han aprovechado de la financiación europea utilizando los fondos de resiliencia PRTR en los programas MOVES, y han copado los concesionarios de vehículos eléctricos chinos de marcas como MG, BYD, Omoda, Lynk, DFSK, Geely, Chery, Denza y Changan.

El orden mundial para Confucio, 551-479 a. C, implica una armonía y una jerarquía universal, no un equilibrio entre diferentes Estados. China debe ocupar ese papel central moral y civilizatorio responsable de irradiar virtud y estabilidad al que deben subordinarse el resto de las naciones. El presidente Xi Jinping lo integra en el “sueño chino” y los valores socialistas promoviendo un nuevo orden mundial multipolar con China como líder moral.

China desde hace décadas ha ido configurado un vasto y complejo ecosistema comercial y económico propio al que se le han ido adhiriendo, como si de un imán se tratase, numerosos países entrelazados financieramente en mejora las infraestructuras críticas o comercialmente en las cadenas de suministro, todo ello enmarcado en la llamada nueva ruta de la seda o la Iniciativa de la Franja y de la Ruta (BRI). China desarrollando una potente estrategia geoeconómica ha ido clasificando a los países con los que mantiene relación como proveedores, deudores o clientes. Algunos de ellos encajan con las tres categorías a la vez representando la mayor dependencia posible.

Es verdad que este imperio silencioso mantiene un mayor contacto con países de Asia, África y Latinoamérica donde recientemente ha renegociado la deuda en dólares de países como Zambia, Sri Lanka, Ecuador y Angola, pero no debemos de olvidar que Europa también está entre sus objetivos de control y expansión.

A través de una serie de inversiones selectivas y la BRI, China ha cultivado unas relaciones bilaterales preferenciales con países como Hungría, Grecia o Serbia, lo que ha complicado la unidad europea en materias de críticas a la falta de respeto a los derechos humanos o a políticas de seguridad basadas en el crédito social. Esta fragmentación permite a Pekín desarrollar una estrategia de “divide y vencerás”, lo que dificulta una respuesta colectiva europea ante alguno de los desafíos como los subsidios estatales chinos a empresas y productos fomentando la competencia desleal.

La realidad es que China se ha consolidado como el principal socio comercial de la Unión Europea en términos de importaciones, representando alrededor del 21% de las mismas. La UE importa mucho más de China de lo que exporta, lo que genera un fuerte déficit comercial, más de 350.000 millones de euros en algunos años recientes. Año tras año, se genera un mayor desequilibrio, con un amplio superávit comercial a favor del gigante asiático. Sectores clave de la economía europea, como el automovilístico y el manufacturero, dependen en gran medida de los componentes y de los suministros procedentes de China, lo que debilita en la práctica la deseada autonomía estratégica de Europa, exponiéndola a posibles presiones coercitivas, tales como restricciones a las exportaciones de materiales críticos.

En el aspecto de las infraestructuras portuarias, China controla más de 30 puertos europeos incluyendo en algunos casos sus correspondientes corredores logísticos, unas infraestructuras que son críticas, gestionando entorno al 10% de la capacidad portuaria de nuestro continente a través de sus empresas estatales Cosco Shipping Ports o China Merchants Port Holdings. Unas empresas con una importante presencia de gestión en las terminales portuarias de España de Valencia y Bilbao desde el año 2017, año en el que se adquirieron a JP Morgan por 205 millones de euros, un complejo portuario donde ya se mueven 3,66 millones de contenedores en nuestro suelo controlando parte de la cadena logística en nuestro país, concretamente dos terminales ferroviarias en Madrid y en Zaragoza. Otros puertos europeos importantes controlados por China son los del Pireo, Rotterdam, Amberes, Hamburgo entre otros.

La presencia de Cosco en nuestros puertos es parte de la estrategia global del llamado Collar de perlas donde se combina la rentabilidad de las operaciones comerciales por beneficio con la posible utilidad estratégica. Señalar, como parte del control, que los sistemas de gestión de los terminales portuarios procesan en tiempo real una información de inteligencia que es clave sobre lo que entra y lo que sale de cada puerto, el país de procedencia y el destino final con el detalle de los volúmenes. Todos esos datos permiten reconstruir la cadena de suministro de los países afectados, identificando las vulnerabilidades logísticas, anticipando movimientos de material sensible incluidos los microchips, la tecnología dual y el suministro militar.

Un reciente informe de la Armada española señala que ya es una realidad que China cuenta con una red de uso dual que combina la información sobre las inversiones comerciales con la capacidad de proyección de poder blando.

No hay que olvidar las grandes grúas de fabricación china ZPMC para la carga de los contenedores. Una grúa conectada a internet es un sensor por lo que de acuerdo con la actual legislación china la información que se recoge puede remitirse para su análisis detallado por una posible autoridad portuaria duplicada en la sombra.

Con respecto a los intereses chinos en los aeropuertos europeos, estos se centran en las participaciones accionariales y en el tráfico aéreo de carga, incluyen el aeropuerto de Ámsterdam, Frankfurt, Paris, Lisboa y Budapest.

China también ha adquirido unas participaciones significativas, minoritarias pero estratégicas, en varias de las empresas de telecomunicaciones y operadores de redes de transmisión, lo que le otorga una influencia destacable en la generación, distribución y gestión de la energía en determinados países clave.

En Portugal, la empresa China Three Gorges Corporation es el principal accionista de EDP con alrededor del 23% que adquirió en 2012, una de las mayores empresas europeas con presencia en el campo de las energías renovables, eólica, solar e hidráulica.

Además, State Grid Corporation of China posee el 25% de la empresa Redes Energéticas Nacionais, el operador de la red de transporte de electricidad y gas, con derecho a presencia en el consejo de administración e influencia en las decisiones estratégicas.

En Italia, SGCC adquirió el 35% de CDP Reti, holding público, lo que le da una participación indirecta de entre el 10-13% en Terna el operador de la red de transmisión eléctrica y en Snam de gas, otorgando un poder de bloqueo en decisiones clave de infraestructura crítica.

En Grecia, SGCC tiene el 24% de ADMIE/IPTO, el operador de la red de transmisión, adquirido durante el proceso de privatizaciones. Otras participaciones menores de China incluyen Creos en Luxemburgo y de Enemalta en Malta. En resumen, la influencia china en el sector energético europeo es notable en el sur de Europa a través de participaciones estratégicas. ​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​

La vulnerabilidad en materias críticas y en las tierras raras representa una dependencia estratégica profunda. Europa importa prácticamente el 100% de sus tierras raras pesadas de China, con porcentajes muy altos de la dependencia del litio, el galio y otros elementos esenciales para la fabricación de imanes permanentes usados en las turbinas eólicas, los vehículos eléctricos, los semiconductores y la tecnología de defensa.

Esta concentración del suministro permite a China ejercer una influencia geopolítica, como se evidenció con las restricciones a las exportaciones que afectaron a numerosas líneas de producción europeas.

Las principales tierras raras que se adquieren desde China, son el neodimio, el disprosio, el lantano que se utilizan en los motores de los vehículos eléctricos, en los aerogeneradores de energía eólica, en la electrónica avanzada y en la industria para la Defensa. Son probablemente el mayor riesgo estratégico, porque China domina tanto la extracción como el procesado y refinado. Europa importa más del 90% de los imanes de tierras raras desde China.

En lo que se refiere a la industria de la movilidad eléctrica, hay varios metales donde China controla la cadena de valor. El litio, clave para las baterías hace a Europa dependiente en un 80 % de los suministros procedentes de China, que se rebajaría al 40% para el grafito, fundamental para el ánodo de las baterías.

Una dependencia que se ampliaría al cobalto y al níquel donde China no siempre controla la mina, pero sí el refinado y la fabricación, que es el verdadero cuello de botella. El caso del magnesio, sin apenas producción propia, es un caso extremo con una dependencia del 93%, un mineral que se utiliza en la industria automotriz, aeronáutica y en las aleaciones ligeras.

Con respecto a los llamados metales tecnológicos, la dependencia del galio utilizado para la confección de paneles solares, LED o chips es del 70 % y del 45 % del germanio que se utiliza para la electrónica y la fibra óptica. En este caso China recientemente ha utilizado la herramienta estratégica geoeconómica de aprobación de restricciones a su exportación. Otros materiales críticos con una dependencia son el vanadio para acero y baterías, el tungsteno para herramientas y defensa, el escandio, el bismuto y la barita.
En estos casos China controla los eslabones críticos de la cadena, el refinado, el procesado y los componentes. Incluso cuando el mineral se extrae en otros países, Europa sigue dependiendo de China.

Como hemos visto, Europa tiene una dependencia estructural peligrosa de China para la transición energética, las baterías, las renovables, la tecnología, los chips y la electrónica.

En resumen, la vulnerabilidad de la Unión Europea frente a China no es sólo de tipo comercial, sino estructural y estratégica, con una dependencia en determinados recursos y productos críticos. Se trata de una relación económica desequilibrada con riesgos tecnológicos y de seguridad. Finalmente existe una dificultad de ofrecer una respuesta coordinada ante las decisiones de China.

Por todo ello la UE está intentando reducir esta vulnerabilidad con la aplicación de nuevas políticas industriales fomentando acuerdos comerciales con otros países y áreas como Mercosur, India o México.

Magna patria quae mundum dominari vult

José Luis Moreno, economista ha sido director de Economía en la Comunidad de Madrid y en el Ayuntamiento de Madrid. Autor de Geoeconomía estratégica con ESIC.

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