La burbuja de la deuda es ya más grande que la inmobiliaria y la tecnológica
A principios de siglo, la burbuja de las puntocom llevó a la ruina a multitud de empresas tecnológicas. Siete años más tarde, la inmobiliaria provocó una recesión de la que aún hoy nos estamos recuperando, pero se está gestando una burbuja aún mayor que las otras dos: la de la deuda pública generada por los bancos centrales.
El pasado mes de junio, el conocido inversor Bill Gross avisó de que el mercado de deuda explotaría «como una supernova». El gurú de la renta fija atacó en su último informe a los bancos centrales por sus políticas monetarias expansivas: «Nuestros mercados financieros se han convertido en un casino como los de Las Vegas, Macao o Monte Carlo».
Gross siempre se ha mostrado implacable contra las políticas actuales de los bancos centrales, las cuales considera insostenibles. El inversor asegura que estos organismos están «confundiendo y distorsionando» los mercados globales sin lograr los resultados esperados. Con estas declaraciones, Gross alerta de lo que se está gestando: una burbuja de deuda soberana que cuando pinche provocará una nueva recesión.
Además de Gross, muchos economistas se muestran preocupados en esa misma línea. Francisco Saavedra teme que la razón fundamental de este tipo de políticas expansivas llevadas a cabo por los bancos centrales «sea la de evitar una explosión de deuda impagable, tanto por parte de gobiernos como por el resto de agentes económicos, en lugar del argumento manido de estimular el crecimiento económico por la vía de la demanda».
Hoy, la burbuja generada por los bancos centrales es más grande de lo que lo fueron en su día tanto la burbuja tecnológico de las puntocom como la inmobiliaria de 2007. La primera, llevó a la quiebra a multitud de compañías que se apoyaban en la irrupción de internet, como las gigantes Enron y WorldCom. Uno de los gráficos que mejor representan esa distorsión en el mercado es el que relaciona el precio de la vivienda en Estados Unidos con el del PIB de dicho país.
En España, la burbuja de las puntocom tuvo su ejemplo más claro en Terra, que salió a Bolsa el 17 de noviembre de 1999 con un precio de 11,81 euros por acción y cerró ese mismo a 37 euros cada título; Es decir, una subida del 185% en apenas unos meses. Los títulos de la compañía llegaron a tocar máximos de 140 euros en febrero de 2000. En su última salida a bolsa tan sólo cinco años después, las acciones fijaron su valor en 3,04 euros.
La burbuja inmobiliaria comenzó a gestarse cuando la Reserva Federal decidió bajar los tipos de interés en Estados Unidos hasta el 1%. Lo que el supervisor monetario norteamericano provocó con esa manipulación del precio del dinero fue que se que se realizasen muchas más inversiones de las que el ahorro podía respaldar realmente. El problema es que la distorsión generada provocó que se llevasen a cabo inversiones ineficientes, en este caso inmobiliaria, y todo explotase en 2007.
En ese mismo sentido, hace apenas un mes, el economista jefe del banco central de China, Ma Jun, reclamó medidas para frenar la «burbuja» inmobiliaria que se está gestando en la segunda economía mundial y reducir la financiación a las empresas públicas ineficientes: «Deberían tomarse medidas para poner freno a la excesiva expansión en la burbuja del sector inmobiliario, se debería parar la excesiva financiación hacia ese sector».
A pesar de los efectos negativos que las recesiones producen en la sociedad, algunos economistas keynesianos piden repetir las mismas recetas que las provocan. Es el caso del premio nobel de Economía Paul Krugman, que en un artículo en The New York Times pidió a la Reserva Federal que crease una nueva burbuja para estimular la economía: «Para combatir la recesión es necesario que la Fed responda con contundencia; hay que incrementar el gasto familiar para compensar la languideciente inversión empresarial. Y para hacerlo Alan Greenspan tiene que crear una burbuja inmobiliaria con la que reemplazar la burbuja del Nasdaq».
No sólo eso, sino que en 2011 Krugman aseguró que una invasión extraterrestre sacaría de la recesión a Estados Unidos. La idea del premio nobel es que todos los sectores productivos centrarían sus esfuerzos en trabajar y olvidarían la crisis, de modo que se conseguiría un estímulo económico. No parece una solución muy convinvente, pero mientras esperamos a los aliens los bancos centrales siguen imprimiendo dinero.
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