Bin Laden no era un gurú económico: ha fracasado en todas sus predicciones
Osama Bin Laden pudo poner en marcha Al Qaeda entre otros motivos, porque su padre era rico. Su fortuna procedía del sector inmobiliario y Osama, que estudió en Europa y estaba bien formado, se dedicó a gastar el patrimonio familiar en cosas que seguro a sus padres no les haría demasiada gracia. Independientemente de eso, lo que sí se puede demostrar es que no era precisamente un lince en lo que a inversiones se refiere.
De hecho, una serie de documentos que han salido a la luz en medios norteamericanos demuestran que Osama Bin Laden se preguntaba, como cualquier inversor, qué debía hacer con su dinero. Y él mismo se respondió pues es entendible que no pudiera llamar a ninguna casa de análisis para pedir asesoramiento. Osama decidió diversificar sus inversiones en oro y divisas apostando especialmente por el dorado metal.
«La tendencia general de los precios del oro es al alza» escribía de su puño y letra este líder terrorista en una carta enviada a Atiyah Abd al-Rahman, director general de Al Qaeda y se sobreentiende que responsable de las finanzas de este grupo yihadista. Así lo aseguran varios medios estadounidenses como Marketwatch.com que amplían estas afirmaciones con más escritos del propio Bin Laden. «Incluso con caídas ocasionales, en los próximos años el precio del oro alcanzará los 3.000 dólares la onza».
Estas cartas son del año 2010 y conforman la investigación que llevaron a cabo los servicios de inteligencia americanos para saber más del que otrora fue su aliado. Tras interceptar su correspondencia y ser localizado un equipo de Navy Seals hizo una incursión en Paquistán que acabó con la vida de Bin Laden.
Si en algo coincide toda la documentación desclasificada es el especial interés y atención que prestaba el calificado como George Bush, enemigo público número uno de América, con todo lo relacionado con las finanzas. De hecho, él se encargaba de indicar qué había que hacer con cada partida de dinero.
En estos documentos se ve por ejemplo como tras conseguir 5 millones de dólares tras liberar a un diplomático afgano secuestrado, el propio Bin Laden habla con sus lugartenientes para que este importe se invierta un tercio en oro, el otro en euros y el resto se dividiera en otras divisas como dinares kuwaitíes y yuanes chinos. Sus instrucciones eran precisas y no hay base para pensar que nadie las discutiera.
Estudiando con detenimiento su «testamento» económico podemos afirmar que cosecha peores éxitos que el de su simiente del mal. Los 3.000 dólares que él decía que alcanzaría el oro cotizan estos días en el entorno de los 1.230 dólares la onza.
Tanto euros, como dinares y yuanes chinos también han registrado importantes retrocesos con respecto a las fechas de compra. Europa no acaba de despegar y sigue su moneda cediendo terreno respecto al dólar, los chinos están en crisis y ya ni siquiera ellos lo discuten y la moneda kuwaití también sufre el monumental desplome del precio del crudo. Como terrorista era malo pero como experto económico era todavía peor.
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