El Banco de España avisa: va a quedarse con el dinero de las cuentas bancarias que no tengan movimientos en este tiempo
Una cuenta bancaria que no se ha movido durante 20 años podría ser considerada abandonada
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Hay cuentas bancarias que se quedan abiertas durante años sin que nadie vuelva a mirarlas. A veces porque se usaron para algo puntual, otras porque simplemente se olvidan y puede que se piense que con ellas no sucede nada, pero el problema es que ese olvido, con el tiempo, puede tener consecuencias que no todo el mundo conoce.
El Banco de España lleva tiempo recordando una norma que no es nueva, pero que suele pasar desapercibida. Si una cuenta permanece sin movimientos durante un periodo muy largo, puede considerarse abandonada. Y en ese caso, el dinero que haya en ella deja de estar en el banco. No ocurre de un día para otro ni sin avisos previos, pero sí está regulado por ley. Y aunque el plazo es amplio, hay muchos casos en los que se acaba cumpliendo sin que el titular se dé cuenta.
El Banco de España avisa: va a quedarse con el dinero de las cuentas bancarias que no tengan movimientos
La clave está en el tiempo, pero no en cualquier periodo. La ley fija un plazo bastante concreto y que es de 20 años sin actividad. Y cuando se habla de actividad no se refiere sólo a sacar o ingresar dinero. También cuentan gestiones como consultar, modificar datos o cualquier acción que demuestre que el titular sigue pendiente de esa cuenta. Si durante dos décadas no ocurre nada de eso, entra en lo que se llama presunción de abandono.
No es algo que dependa de la entidad bancaria, sino que viene recogido en la normativa sobre patrimonio público. Es decir, el banco no decide por su cuenta, sino que actúa según lo que marca la ley.
Qué pasa con el dinero después de ese plazo
Cuando se cumplen esos 20 años sin movimientos, la cuenta puede pasar a considerarse abandonada. Y ahí cambia todo y el dinero ya no se queda en el banco, sino que se transfiere a la Administración General del Estado. Esto no es algo excepcional sino que de hecho, ocurre todos los años. Hay cuentas antiguas, pequeñas o simplemente olvidadas que terminan entrando en este proceso. En 2021, por ejemplo, el Estado ingresó casi 29 millones de euros procedentes de este tipo de saldos. A partir de ese momento, la gestión ya no depende de la entidad financiera sino que pasa a manos de Hacienda, que es quien administra esos fondos dentro del patrimonio público.
Antes hay avisos, pero no siempre llegan
Una de las dudas más habituales es si el banco avisa antes de que ocurra esto. La respuesta es sí, pero con matices. La entidad tiene que comprobar primero que no ha habido actividad durante esos 20 años. Después, debe intentar contactar con el titular. Ese aviso se envía, en teoría, unos meses antes de que se cumpla el plazo.
El problema es que muchas veces esos datos están desactualizados. Cambios de domicilio, correos que ya no se revisan o cuentas abiertas hace décadas hacen que ese aviso no siempre llegue a quien debería. Además, hay una excepción: si el saldo es muy bajo y el coste de enviar la notificación es mayor, el banco puede no hacerlo.
Recuperar el dinero no es tan directo
Si la cuenta ya ha sido declarada abandonada, el dinero no desaparece, pero tampoco se recupera de forma automática. El banco puede emitir un certificado que indique que esos fondos han sido transferidos al Estado. A partir de ahí, cualquier gestión depende de la Administración. Es decir, el proceso deja de ser bancario y pasa a ser administrativo, lo que suele complicar más las cosas. También pueden intervenir herederos si reclaman esos fondos, pero en cualquier caso ya no se trata de una gestión sencilla como acceder a una cuenta activa.
El error más común es pensar que la cuenta está cerrada
Uno de los fallos más habituales es asumir que una cuenta sin saldo está cancelada. No lo está. Puede seguir abierta durante años aunque no tenga dinero. Y eso es precisamente lo que genera este tipo de situaciones. Cuentas que se usaron en su momento, que se dejaron a cero y que nunca se cerraron formalmente. Por eso, la recomendación suele ser bastante clara: si una cuenta no se utiliza, lo mejor es cancelarla de forma expresa. No basta con dejarla vacía.
Un detalle que suele pasarse por alto
El plazo de 20 años parece largo, pero en la práctica no lo es tanto. Entre cambios de banco, mudanzas o cuentas abiertas en otra etapa de la vida, es fácil perder la pista de alguna. Por eso conviene revisar de vez en cuando qué cuentas siguen activas. No es algo urgente, pero sí útil para evitar sorpresas dentro de unos años. Porque, al final, esto no tiene que ver con grandes cantidades de dinero sino que muchas veces se trata de pequeños saldos olvidados que, simplemente, acaban siguiendo el recorrido que marca la ley.