El año de la inteligencia artificial (IA) y el mal servicio
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Cuando llega el fin de año y el tostón de los balances de cuales son los hitos de la temporada, hay una tentación entre lo tierno y lo malvado. Por lo común se apuntan las cosas buenas, y hay una tendencia a resaltar lo mejor y más bonito y así, cada año es el inicio de una nueva esperanza en un mundo mejor. Entre los hitos del año que se escapa están los cantos a la llamada IA, con la que todos seremos mejores, con un mayor estado de salud, con una mayor y controlada vida mucho más feliz. Y con esa utopía con aromas a Aldous Huxley, donde algunos también auguran totalitarismos a favor de los Estados y grandes corporaciones mercantiles, hacen que el pequeño ser humano, salvo en cuestiones de consumo o de alineación numérica para las administraciones de turno, poco tiene que contar. Nos van a encriptar un chip en el cerebro para que con la mente podamos pagar la gasolina, nos vigilen el colesterol, o nos cuenten las probabilidades de ligues según la zona de influencia. Antes de que nos convirtamos en los futuros androides vivimos una transición bastante agridulce, de la que es ejemplo España en todo lo que se refiere a servicios. El consumidor acaba con una impotencia rayana en la frustración o escepticismo, y en especial si se ha intentado poner en contacto con cualquier centralita o empleado de cualquier empresa a la que hoy no tiene más remedio que contratar. La competencia entre compañías no es real, solo lo es a efectos de la publicidad agresiva rayando en el filo de la legalidad, y en el del atentado al derecho de la intimidad, por cierto cuando de invasiones telefónicas se trata.
El sector bancario es uno de los más lamentables que uno conoce de todo el planeta. La desaparición emergente de la oficina de toda la vida, ha supuesto la creación del llamado gestor casi siempre de vacaciones o en su versión virtual vegetativa. Las compañías de seguros son un auténtico suplicio para el consumidor, pues el clausulado es siempre minúsculo, de cobertura contradictoria y con la bronca a cuestas. Los servicios en general, son atendidos por operadores de contestador electrónico cuya respuesta nunca es inferior en tiempo a las 72 horas de la detención ilegal. La relación epistolar o telefónica con las administraciones es más propia del lamento que de la satisfacción.
Bienvenidos al mundo de la IA, del control del sector servicios, y del calvario para el consumidor para este 2023. Tal vez este mismo artículo lo haya creado una máquina para justificar con esta diatriba las bondades del sistema. Tan inmaculado, tan limpio y tan estéril.
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