En el fútbol son importantes los pies, pero más importante es el cerebro. Ante el Sevilla el Real Madrid encontró uno en la figura de Arda Güler, que manejó el juego de su equipo al lado de Tchouaméni. El turco lo cambió todo. Y apartar a Fede Valverde de la sala de máquinas, como toda la humanidad veía, fue una decisión acertada. Además de dirigir la orquesta, Güler abrió el camino de la victoria con un golazo y la abrochó Mbappé con otros dos. En el primer partido sin Vinicius lució Diomande, que apareció por todas partes (también en defensa), marcó un golazo y repartió tres asistencias. A ver si el Madrid va a ser mejor equipo sin el brasileño. Al menos es lo que parece.
Mourinho entró en razón. Por fin. Fede Valverde abandonaba el oficio de mediocentro y abrazaba el puesto de lateral, aunque fuera a regañadientes. Puede que no naciera para ser un dos pero en al lado de Tchouaméni es un cero a la izquierda. Lo ha visto todo el mundo y hasta Mou, yihadista de la extraña pareja, decidió la separación. Había más novedades en la alineación del Real Madrid, tales como el regreso de Huijsen al eje de la zaga, el retroceso de Güler para alumbrar el oscuro doble pivote y la primera titularidad del curso para Endrick tras ser el microondas en Roma. Ah, y que no estaba Vinicius, sancionado por el lawfare de Tebas y sus compinches.
Enfrente llegaba al Bernabéu un Sevilla rocoso y mejorado de la mano de Luis García, uno de esos entrenadores con más trabajo que portadas. Y en el ambiente flotaba la ira del madridismo contra el equipo, por su decepcionante juego, y contra los árbitros por el acumulado de años soportando un sistema caciquil y corrupto. Bueno, y nos dieron las nueve y echó a rodar la redonda por el césped del Bernabéu.
De salida apretó el Sevilla con una presión alta y valiente. Respondió el Real Madrid con firmeza y un par de incursiones de Diomande en la banda que (tan mal) venía ocupando Vinicius. Mbappé tiró picuda su primera ocasión desde el área grande. Los problemas de salida de balón del equipo de Mourinho los iban resolviendo entre Huijsen y un pluriempleado Güler.
No se desmoronó el Sevilla, que respondió al cuarto de hora con un disparo raso de Vargas que se marchó por poco junto al palo derecho de Courtois. El Madrid perdió gas en su juego aunque seguía dominando la pelota. Luego Mbappé evitó un golazo de Fede Valverde al interponer su cuerpo entre el tiro del uruguayo y la portería de Vlachodimos. Ya no es que las falle, es que las despeja. La buena noticia para Mourinho es que Bellingham había decidido comparecer al partido.
Golazo de Güler
A eso del minuto 20 el partido se enredó. Arda Güler tuvo un enganchón con Peque tras una jugada en la que ambos se venían agarrando. La acción, revisada por el VAR pero sin realizaciones suficientes para esclarecer los hechos, derivó en una doble amarilla para Huijsen y Félix, que se enzarzaron un poco después de resultas de la jugada anterior. Y serían precisamente el propio Güler el que, al filo de la media hora, abriera el marcador para el Real Madrid. La jugada la inició Bellingham, que descargó a la izquierda para Diomande. El costamarfileño vio la llegada de Güler de segunda línea y se la puso en la frontal. El turco armó su zurda y la puso en la escuadra. Golazo que justificaba un tercio de partido olvidable.
El gol trastocó el plan del Sevilla, obligado a destaparse atrás. Era el escenario perfecto para Mbappé, que falló su gol cantado de cada día tras una galopada impresionante que le dejó mano a mano con Vlachodimos. Tiró al muñeco para variar, aunque esta vez el meta del Sevilla al menos tuvo que estirar la pierna para evitar el 2-0 que habría encarrilado el partido para el Real Madrid antes del descanso.
El Real Madrid se desató con el gol, con Endrick y Diomande enchufados al partido. Así llegaría el segundo gol. Era ya el 36 y otra vez el costamarfileño hizo de asistente. Mbappé recibió en el área grande, dibujó una ruleta perfecta, grácil y preciosa, se plantó ante Vlachodimos y esta vez sí definió como tocaba: regateó al meta del Sevilla y anotó el 2-0.
Por una vez el Real Madrid dejaba los deberes hechos y el partido encarrilado antes del descanso. Gracias también a que Courtois sacó una mano milagrosa en el 47 a un disparo de Agoumé. El meta madridista hace milagros con la rutina de un funcionario de tráfico. Con el paradón del meta madridista nos fuimos al descanso con el regusto de los golazos de Güler y Mbappé y con la sensación de que el Madrid es mejor con el turco en el centro y Fede Valverde en la banda.
Diomande se desata
De salida en la reanudación Diomande se desató por la izquierda. Su rendimiento tanto en la presión como en el desborde deja a Vinicius como un guiñapo. Tuvo incluso su gol en el 55 tras una buena incursión desde la izquierda, pero su disparo cruzado se marchó demasiado desviado. Tenía a un par de compañeros solos pero eligió jugársela en solitario. Vamos, que pecó de chupón.
El Sevilla no se dio por vencido y se asomó un par de veces al área de Courtois. Ejuke podía a Cucurella en el mano a mano por la banda izquierda. Mourinho aguantaba los cambios. Superamos el minuto 60 y de nuevo Diomande encontró el desmarque de Mbappé. Se cruzó Castrín en su camino y, al menos en velocidad real, se lo llevó puesto. Las repeticiones dejaban alguna duda, pero el contacto no era en los brazos, era abajo. El penalti, revisado y ratificado por el VAR, lo ejecutó y lo marcó el propio Mbappé con una suerte de Panenka.
En el 64 de nuevo la mano de Courtois se cruzó en el camino del gol del Sevilla. Su parada a Fofana volvía a frustrar las esperanzas del equipo de Luis García de meterse en el partido. Con el partido ya resuelto por fin Mourinho decidió meter un par de cambios en el 67: Bernardo Silva y Brahim por Bellingham y Endrick.
Ya no había partido pero el Sevilla tuvo un par de incursiones para hacer un gol a balón parado. Mientras, Diomande se mataba a trabajar hacia arriba y hacia abajo y dejaba en pelotas al ausente Vinicius, el gran señalado de la noche. En el 77 entró Camavinga por Güler, que se llevó la ovación del Bernabéu y unos consejitos al oído de Mourinho tras abrazarse con el turco. Ahora se pondrá las medallas.
En el 79 el Sevilla obtuvo el premio a su insistencia con un golazo de Manu Bueno, que batió por bajo a Courtois ante la pasividad de la zaga madridista. Mourinho torció el gesto pero le devolvió la sonrisa Diomande en el 82 con un golazo tras otra buena acción individual. El Real Madrid recuperaba la diferencia de tres goles y Mou llamaba a Espí para darle su pizca de minutos de cada partido. Se fue Mbappé. También entró Militao, que volvía a jugar tras su calvario de lesiones (ausente desde abril), y dio descanso en los minutos finales a Fede Valverde.
Eran ya los minutos finales y el partido estaba resuelto, pero ver de vuelta a Militao es una extraordinaria noticia para el Real Madrid. Por cierto, ocupó la plaza de lateral derecho y lo hizo como si se hubiera lesionado ayer y no en abril. Al final, el Real Madrid selló una victoria cómoda con muy buenas noticias y una por encima de todas: que con un cerebro en el campo siempre se juega mejor. Es así de simple.