A Piqué se la pela España… y se la pela Cataluña
Vaya por delante que Gerard Piqué no es un futbolista al uso. Lee los periódicos (catalanes, nacionales y extranjeros) y enuncia oraciones subordinadas con bastante fluidez. Ni siquiera se le resiste la impersonal gramatical –los de la ESO que lo busquen en la RAE– tan mal usada en Cataluña. Aquello de «habían muchas personas…» o «hubieron ocasiones para los dos». Vamos, que Piqué habla un castellano escrupuloso y fluido. Su capacidad de verbalizar lo que piensa está por encima de la media no ya de los futbolistas, sino de muchos ciudadanos, incluidos políticos y también de algunos periodistas, es de justicia admitirlo.
Piqué es un tipo inteligente que parece tonto cuando ve un charco. Le encanta chapotear y meterse a nadar a mariposa si hace falta. Habla y opina de todo alegremente. No mide las consecuencias de lo que dice. Lo dice y se queda tan pichi. Un día gastará la libertad de expresión de tanto usarla. Y como sabe hablar y habla bien, camela, engatusa, manipula e incluso es capaz de convencer al más pintado de que dos y dos son cinco. Créanme que sé de lo que les hablo.
Pero cuando te pegas todo el día pisando charcos, un día la gente se harta de que le salpiques. Y la gente se mosquea y te pita. A Piqué, en el fondo, los pitos se la pelan, se la bufan y se la refanfinflan –perdóname, Señor, por parafrasear a Pablo Iglesias–, porque a Piqué se la pela prácticamente todo lo que no le afecte de forma directa a él o a su familia. Es el problema de Piqué y, como diría el anuncio de Matías Prats, cada día el de más gente.
A Piqué se la pela España y se la pela Cataluña. Piqué no es ni españolista, ni nacionalista, ni independentista; Piqué sólo es piquetista. Por eso dice en cada momento lo que le sale del ciruelo sin medir las consecuencias de sus palabras ni mucho menos de sus tuits.
Vivir de puta madre
Piqué sabe que, con o sin referéndum ilegal, con o sin independencia unilateral, con o sin cargas policiales, va a seguir haciendo lo que más le gusta –jugar al fútbol– y que en todos los escenarios va a vivir holgadamente, que puede traducirse por el término técnico «vivir de puta madre». En Cataluña, en España, en Colombia o en Trinidad y Tobago, que suena a país requetemolón.
Por eso el discurso del Rey le pilló jugando a la pocha y la DUI le puede pillar tuiteando desde la infinity pool o desde el jacuzzi con una botella de Don Pérignon Mathusalem del 96 en el alféizar de la ventana. Porque a Piqué se la pelan los discursos del Rey y mucho más los de Puigdemont, que tiene el pelo más frondoso pero dice menos cosas.
Piqué es como Robert de Niro: se siente cómodo en el papel de héroe, en el de villano y en el de mártir si hace falta. Porque a Piqué le importa su vida, su fútbol y sus negocios. Lo demás se la pela. Por eso le encanta tomar partido, porque sabe que en cualquier escenario, él gana porque va a seguir viviendo de puta madre. En una Cataluña libre, en una Cataluña oprimida o en una Cataluña que volviera a pertenecer al Reino de Aragón.
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