Carta a Mark Webber: adiós a un campeón sin corona… en la F1
Mark Webber, tengo que reconocer que mientras eras piloto de Fórmula 1 nunca fuiste santo de mi devoción. Algunas maniobras al límite en la pista por las que otros pilotos habrían sido demonizados y ciertas actuaciones fuera de ella me hicieron cogerte algo de ‘tirria’. Pero eso no impide que me quite el sombrero ahora que has anunciado que dejas la competición. Con tus cosas buenas y tus cosas malas, eres uno de esos pilotos que siempre has demostrado un amor incondicional por la competición, y eso es impagable.
Recuerdo tu debut en Fórmula 1, en tu Gran Premio de casa en 2002. Quedaste en quinto lugar con ese cepo con ruedas que era el Minardi. Sí, hubo mil abandonos, pero ahí estabas tú para aprovechar tu oportunidad. Subiste al podio con tu jefe de equipo, Paul Stoddart para bañarte en champagne para deleite de tus compatriotas. Pura pasión.
Lo que no sabías entonces es que iba a pasar mucho tiempo hasta que pudieses subir de nuevo a lo más alto del cajón. Concretamente siete años y medio. Y es que no fue hasta 2009 cuando por fin lograste ganar una carrera. Los gritos que se escucharon ese día por la radio nos emocionaron a todos, especialmente al ser el de la Fórmula 1 un mundo donde los sentimientos no suelen florecer.
Desde entonces llegarían 8 triunfos más, siendo tu temporada más prolífica la de 2010. Para Red Bull nunca fuiste su piloto favorito, pero aún así peleaste por el título de aquel año como un titán. Lástima de ese error en el que besaste el muro de Abu Dhabi y que, Safety Car mediante, acabó desencadenando un caos que finalizó con el mundial en el lado equivocado del garaje. O el correcto, según tu equipo.
Aún pasaste tres años más en el Gran Circo. Ya nada volvió a ser igual. Vettel se había adueñado de Red Bull y casi de la competición. No obstante, seguiste peleando como un titán en cada carrera hasta ese Gran Premio de Brasil de 2013 que significó tu adiós a la máxima categoría. Todos recordamos esa vuelta final con el casco quitado, sintiendo por última vez lo que era estar subido en un Fórmula 1. De nuevo, un momento emocionante.
Ahí pasaste a ser piloto de Porsche en el Mundial de Resistencia, donde llegaría tu mayor éxito profesional: campeón del Mundo. No era la Fórmula 1, pero el mérito no te lo quita nadie. De hecho, hay quien defiende que a día de hoy pilotar esos coches es un reto mayor que los de la categoría reina. En cualquier caso, lo cierto es que a tus 40 años nos dejas. Quizás te faltaron algunos triunfos, pero aún con ellos hay pilotos que no dejan tanta huella como tú. Y eso, Mark, te lo podrás llevar a la tumba. Mil gracias por todo, y hasta siempre.
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