El lado más macarra de Simeone: agredió a su propio delegado
La clave del partido estuvo en los banquillos. Tanto Guardiola como Simeone son dos estrategas de primer nivel. En la primera mitad, el técnico catalán le comió la tostada al argentino desde el primer minuto. Con el saque inicial ya se vio cómo iba a jugar, metió al Atleti en su área nada más comenzar. El Allianz Arena era una caldera, aunque no era lo único que estaba en ebullición.
El Cholo no paró durante el primer tiempo, muy nervioso e inquieto. Parecía un fumador cuando está dejando de fumar y necesita un cigarro. No paraba de moverse por el área técnica dando instrucciones. No sabía qué hacer ante el asedio del Bayern. Habló con el Mono Burgos para ver cómo le daban la vuelta al encuentro. Pedía a los suyos que salieran hacia arriba, que no se quedaran tan atrás. Mientras, Pep estaba algo más tranquilo, aunque no paraba de dar instrucciones a sus pupilos.
A pesar de que iban por delante y estaban avasallando al Atlético, quería más. Entonces llegó el penalti. Guardiola lo miraba como un niño pequeño a un caramelo. Pero Müller falló y Pep se derrumbó. No se lo podía creer, su cara era un poema. Se frotaba los ojos con la esperanza de que fuera un sueño. La tensión en los banquillos era máxima.
El Atlético iba perdiendo y Simeone sacó su vena más macarra. Se encaró con el banquillo del Bayern, a los que dirigió algunos insultos. Ribery tuvo que frenar al técnico rojiblanco para que la cosa no llegara a mayores. Todo se tranquilizó después de que el francés pusiera paz… Hasta la segunda parte.
Simeone suspiró tras el gol de Griezmann
En la reanudación, Simeone dio entrada a Carrasco por Augusto cambiando la táctica a un 4-1-4-1. Y le funcionó. Griezmann puso el empate tras una asistencia de Fernando Torres. Pese a la importancia del tanto, no lo celebró. Cuando el delantero se quedó mano a mano con Neuer, él estaba de cuclillas en el césped. Al ver el balón en el fondo de las mallas suspiró y se relajó. Rojo como un tomate. Así era la cara del Cholo segundos después de que anotara Griezmann, podía respirar aliviado.
Guardiola recolocó a su equipo en busca de la remontada. Cerca del final, Lewandowski puso el 2-1 que metía de nuevo al Bayern en la eliminatoria. El técnico lo celebró con rabia, levantó el brazo de abajo arriba con el puño cerrado, haciendo un gesto de alegría. No era para menos, estaban a un gol de la final. Ese tanto devolvía la tensión al banquillo del Atlético.
Ya en el tiempo de descuento, fruto de esa tensión, el Cholo se volvió loco y cargó toda su furia contra el delegado del combinado colchonero, Pedro Pablo Matesanz. Simeone quería hacer el tercer cambio, dar entrada a Savic y quitar a Koke. Salió el balón por la línea de banda y el Bayern sacó rápido. No estuvo muy avispado Pedro Pablo y el argentino le sacudió un derechazo en el hombro izquierdo del delegado, que lo miró con cara de sorpresa, exigiéndole la misma intensidad que a sus pupilos.
Guardiola tampoco se cortó a la hora de protestar. El técnico no paraba de quejarse al colegiado de cada acción, en especial el penalti fallado por Fernando Torres. Se desesperó una y otra vez con Çakir por la permisividad al Atleti, puesto que el tiempo corría en su contra. Con el paso de los minutos se ponía más y más nervioso. Al final, Pep ganó el duelo pero Simeone la eliminatoria.
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