Hamilton cerca a Rosberg en busca del milagro con Alonso brillando en la noche de Abu Dhabi
La penumbra ocre caía sobre el ensueño de Yas Marina para iluminar una última pelea contra el crono. El epílogo de tres años de miradas amargas en los box contiguos de Mercedes, que, como todo imperio, se acostumbro a vivir con divisiones en las alturas. Un, quizá, último Lewis Hamilton vs Nico Rosberg por el título Mundial. Un trofeo que empieza a condecorarse con la mejor orfebrería alemana en honor a escudería y piloto. Para evitar la obra de artesanía, Lewis Hamilton debía hacer un llamamiento al recuerdo infausto de Alonso y Abu Dhabi en 2010: aquí todo es posible.
Pero tirando de eslóganes futbolísticos, proclives en la zona del Manzanares, lo del 44 debía ser un fin de semana de curva a curva, sesión a sesión, vuelta a vuelta. La primera pica a poner era el sábado: la pole era tan vital como un café de madrugón. Algún tímido foco también se hacía eco del final del caballero británico: se nos va Jenson Button. Los honorarios vertidos por la realización en los primeros compases fueron para él, que vestía casco especial. Todo suena a un sutil hasta luego: estará de vuelta en 2018 si McLaren-Honda le da razones para ello.
La Q1 refrendó que, cuando uno va sin estudiar al examen, las probabilidades de aprobar caen como las acciones del Popular en el Ibex 35. Toro Rosso confío en exceso en su alumno aventajado, al que se le agotó la tinta del boli y no pudo exprimir más el motor vintage de Ferrari. Penúltimo, fuera de la Q2, y con una imagen que no se corresponde a la realidad del 55. La temporada, sea cual fuere el resultado en carrera, ha sido de notable alto.
Hamilton presiona, Alonso vuelve a brillar
Pero si hay un alumno excepcional, aunque su escudería no acuda con los deberes hechos a clase, es Fernando Alonso. Manos, talento, y pilots siempre con tinta para ponerse a escribir páginas que se perderán en el olvido por resultados, realmente, mediocres. Lograr un aprobado con el MP4-31 es de ejercicio Olímpico en barra. Volvió a centellear en una de esas mil y una noches de Abu Dhabi: el 14, en Q3. Los puntos serán ese objetivo menor por el que lleva tres años peleando: saldrá noveno.
Una sesión en la que Lewis Hamilton volvió a alargar su agonía personal en ese hilo de esperanza peligroso en el que se mueve. Pole, con Nico Rosberg pegado a su difusor. Los primeros metros prometen ser el culmen de una relación que mañana disfrutará de un soliloquio de fuegos artificiales y champagne. Los Ricciardo, Raikkonen y Vettel, por ese orden, serán amigos de Lewis por un día. Porque, de vez en cuando, a este circuito, y a este deporte, le gusta jugar al demiurgo caprichoso. Una última noche para soñar con el futuro más cercano… y el más lejano.
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