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Final Four: CSKA de Moscú 95 - Real Madrid 90

El CSKA culmina su venganza y deja al Madrid sin la Undécima

  • Francisco Rabadán
  • Redactor jefe de deportes. He tenido la oportunidad de cubrir dos Juegos Olímpicos, varios Mundiales de distintas disciplinas y algún que otro All-Star de la NBA con los Gasol. De Córdoba y sin acento.

Los fantasmas de la Copa del Rey se reprodujeron en la Final Four de la Euroliga. El Real Madrid se volvió a dejar remontar una ventaja mayúscula de 16 puntos ante un CSKA que culminó su venganza de la temporada anterior apeando de la forma más dolorosa a los blancos en la carrera por la Undécima.

Sergio Rodríguez y Nando de Colo anotaron cada uno 23 puntos para contrarrestar a un Real Madrid que tuvo en Causeur a su mejor jugador. Llull avivó el milagro a 15 segundos del final, pero fue imposible porque la losa moral de los blancos era tremenda tras regalar otro partido que parecía imposible perder. El CSKA se resarció por partida doble de todos estos años.

Estaba claro que en el partido había muchas cuentas pendientes. La semifinal de la pasada temporada se encontraba muy presente en el pensamiento de los técnicos y dicho recuerdo condicionó el comportamiento de los equipos, que salieron jugándolo todo a lo físico.

Los nervios estaban a flor de piel en ambos conjuntos –vaya dos canastas falló solo Taylor–, pero bien pronto comenzó a despuntar la presencia de un Walter Tavares que se empeñó en quitarse la etiqueta de jugador ausente en las grandes citas poniendo tres tapones en el primer periodo. El factor del caboverdiano condicionó sobremanera a unos rusos que parecían totalmente perdidos con tanta intimidación.

Cuando peor se ponían las cosas para el CSKA, un jugador dio un golpe sobre la mesa. Era Sergio Rodríguez, que suena como futurible de blanco, quien dio la vuelta a un 11-22 en contra para cerrar el primer periodo con un parcial de 7-0. En total, el canario anotó 14 antes del descanso.

Laso movió su banquillo en busca de refresco y enchufar a más jugadores. Si bien se llevó la decepción de Ayón, Deck y Carroll, el técnico vitoriano se encontró con la respuesta sorpresa de dos actores totalmente secundarios como Causeur y Thompkins. El CSKA, sin embargo, no se amilanó ante estas apariciones inesperadas y tiró del microondas Clyburn para recortar la desventaja sobre sobre la bocina en el segundo cuarto estableciéndose en el marcador el 43-45.

El Madrid alcanza la máxima

El descanso hizo que los entrenadores exigiesen una mayor intensidad llegándose a ensuciar el partido hasta unos niveles insospechados en apenas dos minutos se cometieron seis faltas quedando como noticia principal la precipitada salida de Tavares por problemas con las personales.

El Madrid, inspirado por un descarado Campazzo –cómo secó al Chacho con su defensa pegajosa–, se colocó ocho arriba, pero a Rudy Fernández se le cruzaron los cables siendo penalizado con una técnica. Los visitantes, sin embargo, ya habían entrado en calor y velocidad de crucero con Campazzo y Causeur penalizando la espesura de los rusos en defensa.

El Madrid llegó a irse por 16, pero el CSKA tenía y debía reaccionar. Nando De Colo, como marca su salario y estatus, tenía que coger las riendas y el galo anotó 9 puntos en el tercer periodo para mantener vivas las esperanzas de los de rojo.

Los rusos se habían especializado en hacer la goma durante todo el partido y así llegaron al último cuarto sobreviviendo jugando en la fina línea de la falta y la antideportiva para desquiciar a un Madrid que tomó muy malas decisiones. Ni Llull ni Ayon tenían la frescura de piernas necesaria para anotar y Laso tardó varios minutos en quitarlos. Quizá por su nombre o quizá por la confianza que tiene a dos jugadores que le han dado mucho a los blancos.

Resucitan los rusos

El CSKA se consiguió reenganchar definitivamente gracias a una polémica falta técnica sobre Pablo Laso. El técnico tiró una toalla contra su banquillo y la árbitro Anne Panther interpretó que ese lanzamiento iba contra ella dejando a los rusos a un sólo punto de los capitalinos. Los fantasmas de la remontada en la Copa del Rey empezaban a aparecerse.

Y cuando nadie lo esperaba, cuando la línea de tres se había cerrado por completo, el menos especialista, Jeffry Taylor, anotó una daga a tres minutos del final que ponía el 80-83. Pero el CSKA estaba más vivo que nunca y De Colo tenía todas las cartas para aprovecharse de ello.

Campazzo, Tavares y Rudy cayeron como moscas eliminados por faltas, al tiempo que los rusos consiguieron puntos muy fácilmente con la complicidad arbitral y la escasa lectura del partido de los blancos en el último minuto.

Llull, tras un partido horrible, puso a los blancos a un punto, pero su segundo intento de triple milagro no entró terminando por condenar todas las opciones blancas de la Undécima. El domingo habrá partido por el tercer y cuarto puesto con el Fenerbahce. A ver quién quiere y puede jugarlo después de esto.