La reflexión que hizo Émile Armánd, filósofo francés, en 1931 y sigue viva 95 años después: «No importa la sociedad del futuro, sino la del presente»
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En 1931, el filósofo anarquista francés Émile Armand escribió una frase que hoy, noventa y cinco años después, sigue circulando como una advertencia contra la parálisis del presente: «No importa la sociedad del futuro, sino la del presente». La sentencia resume buena parte de su pensamiento: la desconfianza hacia cualquier promesa de un mundo mejor que exija esperar.
Armand, seudónimo de Ernest-Lucien Juin, defendía un anarquismo individualista que rechazaba tanto el capitalismo como el comunismo, y que ponía el acento en vivir la libertad aquí y ahora, sin subordinar la propia existencia a una revolución que quizás nunca llegue.
Qué significa la frase de Émile Armand sobre vivir el presente
Para Armand, esperar a que llegue una «sociedad futura» ideal —esa en la que nadie tendría que hacer trabajos duros o desagradables, según predicaba el naturismo de su época— era una trampa. Sostenía que ese tipo de promesas postergan indefinidamente la experiencia real de la libertad, condicionándola a un evento que tal vez nunca suceda.
Por eso reivindicaba lo que él mismo llamó una postura «presentista»: en lugar de hacer conjeturas sobre un mañana hipotético, había que aprovechar el progreso ya conseguido y sacarle el máximo rendimiento en el presente. La frase, en ese sentido, no es un rechazo al futuro, sino una negativa a sacrificar la vida actual en su nombre.
Su desconfianza hacia los relatos utópicos no se limitaba al futuro: también cuestionaba la nostalgia por un pasado supuestamente más puro, la idea del «buen salvaje» que vivía en armonía con la naturaleza antes de que la sociedad lo corrompiera. Para Armand, esa fantasía ignoraba el miedo constante de la vida primitiva, y la técnica, lejos de ser un enemigo, era lo que había permitido al ser humano salir de esa lógica de supervivencia.
Cómo aplicar esta frase de Armand a la vida cotidiana
Leída hoy, la reflexión de Armand funciona como un antídoto contra la costumbre de posponer el bienestar propio a cambio de una promesa lejana: el trabajo ideal, la jubilación, el momento en que «por fin» habrá tiempo para vivir mejor. Su llamado es a organizar la propia libertad con lo disponible ahora, en lugar de esperar un cambio estructural que lo resuelva todo.
También funciona como crítica a los discursos extremos frente a la incertidumbre del presente, ya sea idealizando un pasado más simple o aplazando toda mejora hasta un futuro perfecto. Para Armand, la libertad se construye con lo que ya se tiene entre manos, no con la espera de condiciones ideales que quizás nunca lleguen.
Aplicada al debate actual sobre la tecnología, su idea cobra sentido concreto: para Armand el problema nunca estuvo en las herramientas, sino en quién las controla. Extrapolado a hoy, renegar del teléfono o la inteligencia artificial no resuelve nada si el desequilibrio de poder sigue intacto.
Quién fue el pensador Émile Armand
Émile Armand, seudónimo de Ernest-Lucien Juin, nació en París en 1872, hijo de un militante de la Comuna de París. Se convirtió en una de las figuras más influyentes del anarquismo individualista francés, influido por Max Stirner, Nietzsche y el trascendentalismo de Thoreau.
Escribió en publicaciones como L’anarchie y L’EnDehors, revista que dirigió casi dos décadas, y fue pionero en la defensa pública del amor libre, al que llamó «camaradería amorosa». Encarcelado varias veces por su activismo antimilitarista, murió en Rouen en 1962, aunque su pensamiento sobre vivir la libertad en el presente sigue discutiéndose casi un siglo después.
Su pensamiento tuvo además influencia en España, a través de traductores y publicaciones como La Revista Blanca e Iniciales. En 1931 publicó Formas de vida comunal sin estado y autoridad, un estudio sobre experiencias comunitarias que reforzaba su idea central: la libertad no se decreta para el futuro, se practica en el presente.