Psicología

Los psicólogos dicen que las personas que lloran cuando están enfadadas no están mezclando emociones: lo hacen para expresar todo lo que contuvieron en su infancia

lloran enfadas
Blanca Espada

Cuando se está en plena discusión, llorar de rabia es algo de lo más normal. Suele decirse que se llora «por impotencia» ante no poder rebatir a la persona que te confronta, o porque te ves «acorralado» si la discusión implica a varias personas y tan sólo te sale llorar. Y esas lágrimas nada tienen que ver con la tristeza, sino que son de enfado y pueden hacer que se complique más el momento, especialmente si la otra persona entiende el llanto como una muestra de fragilidad o cree que estamos exagerando. Pero lo cierto es que se puede llorar y tener muy claro al mismo tiempo qué nos ha enfadado y qué queremos decir y más cuando la psicología relaciona el llanto con todo lo que se ha contenido durante la infancia.

De hecho, el llanto durante la discusión puede que tenga que ver con la ansiedad y la indignación o esa tensión que mencionamos y que es difícil de manejar en ese momento. La forma de reaccionar ante estas situaciones, además, puede estar relacionada con algo que aprendimos mucho antes. La infancia influye en cómo expresamos las emociones, sobre todo cuando en casa algunas eran aceptadas y otras no. Aun así, los psicólogos advierten de que no existe una explicación que sirva para todo el mundo.

Por qué lloramos cuando estamos enfadados

Aunque solemos relacionar las lágrimas con la tristeza, podemos llorar por motivos muy distintos. Basta pensar en alguien que llora de alegría o después de pasar por una situación de mucha tensión. Con la rabia puede suceder algo parecido. Durante una discusión tampoco sentimos necesariamente una sola cosa. Podemos estar enfadados por lo ocurrido y, al mismo tiempo, frustrados porque la otra persona no nos escucha. A esto puede añadirse la impotencia de no conseguir explicar bien lo que queremos decir. Y cuando la intensidad aumenta, aparecen las lágrimas.

Eso no invalida el enfado. Una persona puede tener perfectamente claro por qué está molesta y qué quiere reclamar aunque, mientras lo cuenta, se le quiebre la voz. Por eso tampoco conviene interpretar automáticamente esta reacción como una forma de manipular al otro o de evitar la conversación.

La relación entre el llanto y lo que aprendimos de niños según la psicología

Aquí entra en juego la infancia. Los niños no aprenden a gestionar sus emociones solos. Buena parte de ese aprendizaje llega observando a los adultos y comprobando cómo reaccionan cuando ellos mismos expresan miedo, tristeza o enfado. Por ejemplo, imaginemos a un niño que protesta porque considera que algo es injusto. Sus padres pueden escucharle y enseñarle a explicar su enfado sin gritar ni atacar a nadie. Pero también pueden responder diciéndole que se calle, castigándole por contestar o tratando cualquier muestra de rabia como una falta de respeto.

También puede ocurrir algo más sutil: que el niño reciba atención y consuelo cuando llora, pero rechazo cuando expresa abiertamente que está enfadado. Con los años, esas experiencias pueden influir en su manera de afrontar los conflictos. Esto no quiere decir que cualquier adulto que llora de rabia haya tenido una infancia en la que le prohibían enfadarse. La reacción depende de muchos factores y las lágrimas, por sí mismas, no permiten saber cómo fue la relación de alguien con sus padres.

Qué han encontrado los psicólogos

La influencia de la familia sobre la forma de gestionar las emociones se ha estudiado también en el ámbito científico. Una investigación publicada en la revista Emotion siguió a 210 parejas de madres e hijas durante la primera adolescencia para analizar, entre otras cuestiones, cómo las respuestas de las madres se relacionaban con la regulación emocional de sus hijas. Los investigadores encontraron que las respuestas maternas de apoyo estaban relacionadas con maneras más adaptativas de gestionar la ira. En cambio, las respuestas menos favorables aparecían asociadas a mayores dificultades para regular tanto el enfado como la tristeza.

Llorar no hace que tu enfado sea menos válido

Para muchas personas, el problema no son únicamente las lágrimas, sino lo que sucede después. En mitad de una discusión pueden sentirse avergonzadas por estar llorando y perder el hilo de lo que estaban intentando explicar. Mientras tanto, quien tienen delante puede centrarse en el llanto y olvidarse del motivo que inició la conversación. Una forma de entender mejor esta reacción es fijarse en cuándo aparece. Quizá sucede sobre todo cuando nos interrumpen, cuando sentimos que no nos escuchan, al recibir determinadas críticas o cuando intentamos poner un límite así que detectar esas situaciones puede dar pistas sobre qué provoca una respuesta emocional tan intensa.

Y si ocurre con frecuencia hasta el punto de impedir expresar lo que necesitamos, puede ser útil trabajarlo con un psicólogo. No necesariamente para conseguir dejar de llorar, sino para aprender a sostener una conversación difícil incluso cuando aparecen las lágrimas ya que debe quedar claro que llorar mientras estamos enfadados no elimina la rabia ni convierte lo que queremos decir en algo menos importante.

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