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La psicología sugiere que los adultos que tienen pocos amigos a partir de los 60 años no son solitarios, en realidad sólo han cambiado sus prioridades sociales

La psicología sugiere que los adultos que tienen pocos amigos a partir de los 60 años no son solitarios, en realidad sólo han cambiado sus prioridades sociales
Imagen generada con IA.
Álvaro Olivero

Llegar a los 60 años sin un círculo de amigos afianzado y establecido durante años puede parecer, a priori, un fracaso existencial. Sin embargo, las últimas investigaciones sobre los cuidadores de personas que se encuentran solas o tienen demencia difieren de esta teoría y exponen una interpretación más profunda de este hecho.

Un estudio sobre comportamiento social divulgado por el portal especializado VegOut defiende que muchas personas que alcanzan los 60 sin amistades sólidas no escasean de habilidades sociales, sino que durante el transcurso de su vida cumplieron el papel de ser el paraguas de los problemas de otros.

Es decir, este tipo de personas escucharon y apoyaron a familiares, amigos o compañeros de trabajo cuando atravesaban momentos complicados, aunque ese respaldo no siempre fue correspondido con la misma intensidad en el pasado.

Hay adultos que, lejos de ser antisociales, prefieren la soledad porque las relaciones superficiales les agotan mentalmente más que el tiempo a solas. No se trata de una incapacidad para relacionarse, sino de un cálculo personal: el contacto social les consume más energía de la que les brinda.

Esto puede deberse a multitud de factores

En muchos casos, el problema no reside en la falta de habilidades comunicativas o en el rechazo a las personas. Esta situación puede ser una combinación entre el agotamiento emocional y los años dedicados a apoyar a los demás sin recibir nada a cambio.

Un estudio reciente publicado por The Journals of Gerontology, Series B, analizó a 223 cuidadores de personas con demencia con una edad media de 61 años. Los investigadores examinaron si el escaso número de amigos y las interacciones diarias estaban vinculados con la soledad en la actualidad.

Los resultados fueron concluyentes. Los ancianos que contaban con más amigos cercanos tendían a comunicar menor soledad momentánea y las interacciones con amigos se asociaron con una menor sensación de soledad. No obstante, el estudio no sostiene que toda persona mayor de 60 años haya vivido cargando con las penurias de los demás.

Lo que el estudio quiere dar a entender es que la soledad en la última etapa de la vida debe ser contextualizada. Para aquellos que cuidan a personas con demencia, la falta de amistades cercanas no es únicamente un rasgo de su forma de ser. Esto va más allá, en un cómputo marcado por el estrés y la exigencia emocional de asistir a alguien cuyas necesidades varían cada segundo.

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