Decoración

Las mantas de los años 70 están volviendo a ponerse de moda en los salones: son económicas e incluso pueden darle un toque nuevo a un sofá viejo

Mantas de los años 70
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Durante los últimos años, la decoración de interiores ha recuperado numerosos elementos que parecían haber quedado relegados a épocas pasadas. Lámparas con formas redondeadas, colores cálidos y piezas de inspiración retro vuelven a ocupar un lugar destacado en los hogares del siglo XXI. Ahora, las mantas de los años 70 están recuperando protagonismo a pasos agigantados no sólo como complemento para abrigarse durante el invierno, sino como recurso decorativo capaz de cambiar el aspecto de un salón sin necesidad de gastar una fortuna.

En lugar de comprar un sofá nuevo cuando empieza a verse desgastado por el paso del tiempo, una manta con un estampado llamativo puede ocultar determinadas zonas y aportar color, consiguiendo que el salón parezca diferente sin tener que sustituir todos los muebles. Precisamente, la estética de los años 70 es una de las más interesantes según los expertos en decoración, así que no es de extrañar que esté ganando adeptos a un ritmo de vértigo. Sin embargo, su regreso no significa necesariamente recuperar los salones exactamente como eran hace medio siglo. La clave está en seleccionar algunos elementos característicos de aquella época y combinarlos con muebles modernos.

El auge de las mantas de los años 70

Durante aquella época eran habituales los tejidos gruesos, los diseños llamativos, las franjas de diferentes colores y los estampados geométricos. Respecto a los colores, predominaban los tonos marrones, naranjas, mostazas, verdes, beiges y rojizos. Actualmente, estos diseños se pueden incorporar a la decoración del salón de una forma mucho más discreta; una manta retro sobre un sofá de líneas sencillas puede convertirse en el elemento que aporte personalidad a todo el conjunto.

Una de las principales ventajas de esta tendencia es que permite cambiar el aspecto del salón con frecuencia. En lugar de mantener siempre los mismos textiles, se pueden utilizar diferentes mantas según la estación; durante el otoño y el invierno, por ejemplo, los tejidos gruesos y los tonos cálidos pueden crear una sensación más acogedora, mientras que en primavera y verano se pueden sustituir por diseños más ligeros y colores claros.

 El secreto está en elegir bien los colores

Una de las características más reconocibles de las mantas setenteras son sus colores. Sin embargo, trasladar esta tendencia a un salón del siglo XXI requiere prestar especial atención a algunos detalles.

En primer lugar, no es necesario llenar el salón de estampados llamativos. De hecho, si el sofá o las paredes ya tienen bastante presencia, una manta con un diseño demasiado llamativo podría crear un ambiente demasiado «pesado».  Una alternativa consiste en escoger una manta que contenga alguno de los colores que ya están presente en la estancia.

También se puede utilizar el complemento para introducir un color que hasta ese momento no estaba presente. Una manta mostaza sobre un sofá gris, por ejemplo, puede aportar calidez y convertirse en un pequeño punto de atención. Los tonos terracota, verde oliva, naranja quemado, crema, marrón y amarillo mostaza funcionan especialmente bien cuando se busca recrear una estética inspirada en los años 70 sin caer en una decoración excesivamente antigua.

Más allá de los colores, los estampados son otro de los elementos que identifican esta tendencia. Los patrones geométricos fueron muy populares durante los años 70 y actualmente vuelven a aparecer en textiles, alfombras, cojines y otros accesorios. Rayas, cuadrados, ondas, círculos y composiciones abstractas pueden transformar una manta sencilla en una pieza decorativa con mucho carácter personalidad.

La clave de escoger bien el material

A la hora de escoger una manta, el material es uno de los aspectos más importantes:

  • Las mantas de algodón son ligeras, suaves y transpirables, por lo que resultan especialmente adecuadas para épocas cálidas o para quienes no necesitan demasiado abrigo.
  • Las mantas de lana son una excelente opción durante los meses fríos. Aportan mucho calor, pero mantienen una buena capacidad para absorber la humedad.
  • Las mantas de plumas destacan por ser ligeras y cálidas, aunque pueden favorecer la sudoración al no gestionar tan bien la humedad.
  • El cashmere es una alternativa más exclusiva, muy suave, cálida y duradera, aunque su precio suele ser elevado y requiere cuidados específicos.
  • Por último, las mantas de poliéster son económicas, resistentes y fáciles de mantener. Las de coralina, por ejemplo, ofrecen mucha suavidad.

Cómo colocar la manta para conseguir un resultado elegante

La forma de colocarla puede cambiar completamente el efecto visual. Una manta perfectamente extendida puede transmitir una sensación más ordenada, mientras que una colocación ligeramente informal puede resultar más acogedora.

Una de las opciones más habituales es doblarla longitudinalmente y colocarla sobre uno de los brazos del sofá. Es una solución sencilla y permite que el estampado sea visible sin cubrir demasiado el mueble. Otra posibilidad consiste en dejarla parcialmente sobre el respaldo y el asiento. Esta alternativa funciona especialmente bien cuando se pretende dar un aire más relajado al salón. También se puede doblar cuidadosamente y colocar sobre el reposabrazos.

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