Las frases de Azorín en el día de su muerte 2 de marzo
El antiguo proverbio alemán que explica el paso del tiempo con una comparación inolvidable
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Qué significa la frase de Spiderman: "Son las decisiones las que nos hacen ser quienes somos. Y siempre podemos optar por hacer lo correcto"
Un 2 de marzo de 1967 nace José Martínez Ruiz, más conocido por su seudónimo Azorín. Fue un escritor español perteneciente a la generación del 98, muy conocido por tocar diversos géneros literarios. Aprende más sobre las frases de Azorín.
Es conocido por sus novelas, ensayos y también por la crónica periodística y la crítica literaria. ¿Y qué frases nos ha dejado?
La vida fluye incesable y uniforme; duermo, trabajo, discurro por Madrid, hojeo al azar un libro nuevo, escribo bien o mal -seguramente mal- con fervor o con desmayo. De rato en rato me tumbo en un diván y contemplo el cielo, añil y ceniza. Frases de Azorín.
Entre todas las alegrías, la absurda es la más alegre; es la alegría de los niños, de los labriegos y de los salvajes; es decir, de todos aquellos seres que están más cerca de la naturaleza que nosotros.
Lo inacabado tiene un profundo encanto. Esta fuerza rota, este impulso interrumpido, este vuelo detenido, ¿qué hubieran podido ser y adónde hubieran podido llegar?
Sin los escritores, aún los actos más laudables son de un día.
La vejez es la pérdida de la curiosidad. Son frases de Azorín.
Los hombres de acción, si tuvieran sensibilidad, no serían hombres de acción. No podrían hacer nada. La sensibilidad es el disolvente de la acción.
No hay más realidad que la imagen, ni más vida que la conciencia.
Lo contrario de la hipérbole es el trabajo: exactitud, reflexión, precisión. Es difícil hacer del idioma un instrumento exacto y dúctil; y es fácil salir del paso con un superlativo que no dice nada.
Lo que más ávidamente amamos: lo pintoresco y lo imprevisto.
¿Qué sería un escritor sin esa traba que le obliga a sutiles vueltas y revueltas para decir lo que no se puede decir? La técnica literaria sale ganando.
Los hombres de acción, si tuvieran sensibilidad, no serían hombres de acción. No podrían hacer nada. La sensibilidad es el disolvente de la acción.
La vida fluye incesable y uniforme; duermo, trabajo, discurro por Madrid, hojeo al azar un libro nuevo, escribo bien o mal -seguramente mal- con fervor o con desmayo. De rato en rato me tumbo en un diván y contemplo el cielo, añil y ceniza. ¿Y por qué había de saltar de improviso el evento impensado?
Entre todas las alegrías, la absurda es la más alegre; es la alegría de los niños, de los labriegos y de los salvajes; es decir, de todos aquellos seres que están más cerca de la naturaleza que nosotros.
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