Los expertos lo confirman: llevas toda la vida colocando mal el papel higiénico y ésta es la única forma correcta de hacerlo
El papel higiénico tiene los días contados y los expertos lo confirman
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Con el paso de los años, la forma correcta de colocar el papel higiénico se ha convertido en un debate recurrente. Aunque para muchos se trata simplemente de una cuestión de gustos o costumbres, los expertos en señalan que hay una posición que resulta más recomendable.
El sentido en el que se coloca el rollo de papel higiénico no sería, por tanto, un detalle sin importancia. Durante mucho tiempo se ha considerado una elección personal, pero existen razones relacionadas con la higiene y la comodidad que permiten decantarse por una de las dos opciones.
Ésta es la forma correcta de poner el papel higiénico
El papel higiénico ya era conocido en China desde el siglo II, un dato que llama especialmente la atención si se tiene en cuenta que el inodoro moderno no apareció hasta 1597. Fue entonces cuando Cai Lun desarrolló esta idea en el antiguo Imperio chino, aunque existen evidencias de métodos similares que podrían remontarse incluso al siglo VI a. C. Con el paso de los siglos, el papel higiénico adquirió una gran relevancia en China, hasta el punto de que, a comienzos de la dinastía Ming, entre 1368 y 1644, se llegaron a registrar en un solo año hasta 720.000 hojas destinadas al uso general de la corte imperial en Pekín.
Sin embargo, habría que esperar hasta 1857 para que un estadounidense creara el papel higiénico tal y como lo conocemos en la actualidad. Fue Joseph Gayetty quien, en Nueva York, presentó ese mismo año el bautizado como «papel medicado Gayetty». El inventor padecía hemorroides y consideraba que los papeles de periódico utilizados habitualmente en aquella época resultaban demasiado ásperos y molestos. Por ello, dedicó desarrolló una alternativa más suave para la higiene personal.
La posición ideal
La recomendación más extendida es colocar el papel higiénico hacia delante, es decir, dejando el extremo del rollo por la parte exterior y completamente visible. Esta es, además, la posición que aparece en la patente original del papel higiénico perforado registrada por Seth Wheeler en 1891, en la que el papel se muestra cayendo hacia el frente.
De esta manera, es mucho más sencillo localizar el extremo del papel y arrancar una hoja utilizando una sola mano. Además, evita que los dedos tengan que entrar en contacto con la pared o con el soporte, que pueden acumular bacterias y virus. El doctor Christian Moro, profesor de Ciencias de la Salud en la Universidad Bond, señala que reducir el contacto con superficies del baño, especialmente aquellas que se tocan con frecuencia, puede ayudar a disminuir la propagación de agentes patógenos.
Cabe recordar que los baños son espacios que, aunque a simple vista parezcan limpios, pueden albergar numerosos microorganismos. Entre los más habituales se encuentran bacterias como los estreptococos, los estafilococos y la conocida Escherichia coli (E. coli), además de algunos virus respiratorios, como los responsables del resfriado común. Estos microorganismos pueden permanecer en diferentes superficies que tocamos a diario, como el lavabo, el pomo de la puerta, el grifo o, por supuesto, la pared situada junto al portarrollos.
¿Está condenado a desaparecer?
En los últimos años, diferentes investigaciones han analizado las sustancias utilizadas para la fabricación del papel higiénico. Uno de estos trabajos, realizado por investigadores de la Universidad de Florida y publicado en la revista Environmental Science & Technology Letters, detectó la presencia de PFAS, conocidas como sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas.
Se trata de compuestos especialmente resistentes al agua, las manchas y la degradación. Precisamente por estas características, los PFAS han generado preocupación entre la comunidad científica, ya que pueden tener consecuencias negativas para el medio ambiente y la salud.
Una de las alternativas que cada vez gana más popularidad frente al papel higiénico es la ducha de mano, también conocida como ducha higiénica o bidé de mano. Se conecta directamente a la red de agua del baño, normalmente mediante una instalación próxima al inodoro y, dependiendo del modelo, puede utilizar agua fría o incorporar un sistema que permita regular la temperatura.
Cuenta con una boquilla con un gatillo o botón que permite regular la intensidad del chorro. Asimismo, la manguera flexible ofrece mayor precisión durante la higiene y facilita su uso sin necesidad de realizar movimientos incómodos.
«Este complemento para el inodoro se puede instalar en cualquier tipo de baño gracias a su recudido tamaño, ya que solo es necesario un grifo de mano. Esto lo convierte en una buena opción si se desea tener en el baño una pieza que cuente con las funciones higiénicas del bidé.
Otra de las ventajas de la instalación de una ducha higiénica en vez de un bidé en el aseo es el ahorro del espacio. Al tratarse de una pieza de tamaño reducido que se ubica en la pared del cuarto de baño, permite obtener una mayor amplitud del espacio. Además, las duchas higiénicas permiten profundizar en la limpieza del inodoro», detalla Baños Poveda.
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