Curiosidades
Psicología

Carl Jung, psicólogo suizo: «Eres lo que haces, no lo que dices que vas a hacer»

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La idea de que eres lo que haces (y no lo que dices que harás) es una de las más recordadas del médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo Carl Jung. Desde luego, esa poderosa premisa va mucho más allá de la psicología: toca la filosofía, la ética y la vieja pregunta de qué es lo que verdaderamente define el carácter.

Jung nació en 1875 en Kesswil, un pueblo del cantón suizo de Turgovia. Su padre era pastor protestante y su abuelo, médico. Fue entre esos dos mundos, (el espiritual y el científico), que creció el pensador que con el tiempo fundaría la psicología analítica. Su trabajo dejó un puñado de frases que sintetizan más claro que el agua la visión que tenía del comportamiento humano.

«Eres lo que haces»: ¿Qué quiso decir Jung con la frase?

Para Jung, la identidad no era algo que se declaraba ni se imaginaba. Más bien, era algo que se construía con cada elección y cada acto. Esta convicción arranca de uno de los pilares de su psicología analítica, el concepto de la sombra.

¿Y qué simboliza la sombra? Pues, la parte inconsciente de la personalidad que alberga los impulsos, los miedos y los rasgos que la persona no quiere reconocer en sí misma.

Según Jung, la brecha entre lo que creemos que somos y lo que realmente hacemos delata precisamente eso: la sombra. Quien dice que hará algo y no lo hace no miente (necesariamente) a los demás. En realidad, se engaña a sí mismo.

De esta manera, la frase «eres lo que haces, no lo que dices que vas a hacer» no es para nada un reproche moral, sino un diagnóstico psicológico. En pocas palabras, el comportamiento observable es el único espejo fiable del carácter real.

Quién fue Carl Jung, el psicólogo suizo que rompió con Freud

Carl Jung llegó a la psiquiatría en los primeros años del siglo XX y pronto llamó la atención de Sigmund Freud, con quien desarrolló una relación estrecha antes de la ruptura definitiva. Freud lo veía como su sucesor; Jung no tardó en disentir.

Rechazó la idea de que la sexualidad fuera el motor exclusivo del inconsciente y propuso el inconsciente colectivo. Esto es una capa profunda de la mente compartida por toda la humanidad que contiene patrones universales (los arquetipos) presentes en mitos, sueños y religiones de todas las culturas.

La ruptura con Freud en 1913 sumió a Jung en una crisis que él mismo describió como una «enfermedad creativa».

De ese período oscuro nació el Libro Rojo (Liber Novus), un manuscrito en el que registró sus visiones y exploró los límites de su propia mente. Murió en 1961 a los 85 años en Küsnacht (Zúrich), dejando una obra que transformó la psicoterapia, la filosofía y el estudio de las religiones comparadas.

Cuando la propia teoría de Jung avala la frase de «eres lo que haces»

Más allá de la sombra, Jung desarrolló el concepto de individuación: el proceso de toda una vida a través del cual una persona integra sus distintas partes (conscientes e inconscientes) para llegar a ser quien verdaderamente es.

Contrario a lo que uno pensaría, este proceso no ocurre en el pensamiento ni en las intenciones. Ocurre en los hechos, en la suma de decisiones y hábitos que dan forma al carácter.

Otra de sus frases lo confirma: «Lo que no afrontas te seguirá ocurriendo como destino.» Para Jung, vivir aplazando la acción es dejar que el inconsciente tome el control. Eres lo que haces porque, a fin de cuentas, lo que no haces también te define.

Aristóteles, Emerson y Frankl llegaron a la misma conclusión

Dos mil años antes que Jung, Aristóteles formuló en términos filosóficos lo mismo: «Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito». Para el filósofo griego, el carácter dependía exclusivamente de los hábitos: quien practica la justicia se convierte en justo; quien practica la cobardía, en cobarde.

En el siglo XIX, el ensayista estadounidense Ralph Waldo Emerson lo dijo de forma más directa: «Tus acciones hablan tan alto que no puedo oír lo que dices.»

Ya en el siglo XX, el psiquiatra austríaco Viktor Frankl, superviviente del Holocausto, añadió el eje de la responsabilidad: «Respondamos no con palabras, ni con meditaciones, sino con el valor y la conducta recta y adecuada».

Frankl, que lo había perdido todo en los campos de concentración nazis, entendía mejor que nadie que el único territorio que nadie puede arrebatar es la elección de cómo actuar.