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Bajar las persianas del todo por la noche está bien pero los expertos coinciden: se recomienda dejar unos centímetros de espacio

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Blanca Espada

Bajar la persiana antes de acostarse es un gesto casi automático que hacemos todos por la noche. Evita que entre la luz, da más intimidad y, cuando empieza a amanecer temprano tal y como ocurre ahora con el horario de invierno, permite dormir sin que los primeros rayos de sol entren directamente en el dormitorio. El problema aparece la persiana está bajada del todo y esa oscuridad se mantiene también en el momento de levantarse.

La luz de la mañana tiene mucho que ver con la forma en la que nuestro organismo distingue la noche del día. Por eso, aunque dormir en una habitación oscura sigue siendo una buena opción, dejar unos centímetros de persiana puede facilitar que la claridad empiece a entrar poco a poco cuando amanece. No hace falta dejar media ventana descubierta. Una pequeña abertura puede ser suficiente, siempre que no termine interrumpiendo el sueño antes de tiempo.

Los expertos coinciden: se recomienda dejar unos centímetros de espacio al bajar la persiana

Durante la noche, la oscuridad ayuda a crear un ambiente adecuado para descansar. Pero cuando llega la hora de despertarse sucede justo lo contrario. La exposición a la luz por la mañana participa en la regulación del reloj interno del organismo y ayuda a señalar que ha comenzado el día. Esto explica por qué algunas personas notan tanta diferencia entre despertarse en una habitación completamente oscura y hacerlo cuando ya entra algo de claridad por la ventana. No quiere decir que dormir con la persiana bajada sea perjudicial, sino que el momento en el que vuelve a aparecer la luz también tiene importancia.

De este modo, dejar unos centímetros entre la persiana y el alféizar permite que la habitación vaya iluminándose a medida que amanece. Puede ser especialmente práctico en primavera o en determinadas épocas del otoño, cuando la salida del sol coincide aproximadamente con la hora habitual de levantarse. Otra cosa es que a las seis de la mañana ya entre tanta luz que resulte imposible seguir durmiendo. En ese caso, mantener la habitación oscura puede ser bastante más útil. La posición de la ventana, la altura del piso y el horario de cada persona cambian completamente el resultado.

En verano, dejarla algo abierta tiene otra ventaja

Cuando llega el calor, las persianas cumplen además una función muy práctica dentro de casa. Durante las horas centrales del día interesa mantenerlas bajadas, especialmente en las ventanas que reciben sol directo, porque así se reduce parte del calor que termina entrando en la habitación. La situación puede cambiar por la noche. Si fuera hace menos calor que dentro de casa, abrir las ventanas y levantar parcialmente las persianas facilita la entrada de aire. En dormitorios donde existe corriente entre varias ventanas, la diferencia puede notarse bastante después de un día con temperaturas elevadas.

No siempre será posible hacerlo. Quien vive en una calle muy ruidosa, en un bajo o en una zona especialmente iluminada probablemente prefiera cerrar por completo. También influyen cuestiones de seguridad y privacidad que no son iguales en todas las viviendas. Por eso, más que establecer que la persiana tenga que quedarse obligatoriamente unos centímetros abierta, lo razonable es aprovechar esa pequeña abertura cuando las condiciones de la casa lo permiten.

Dormir completamente a oscuras también es una opción

Muchas personas necesitan una habitación prácticamente negra para descansar bien y es que puede que vivan en una zona donde hay mucho ruido o que tengamos por ejemplo, la luz constante de una farola. En esos casos no tiene demasiado sentido sacrificar horas de sueño simplemente para conseguir que entre luz natural por la mañana. La persiana puede permanecer completamente bajada durante toda la noche y abrirse al levantarse.

También existen despertadores que incorporan una luz progresiva. En lugar de pasar directamente de la oscuridad al sonido de una alarma, estos aparatos aumentan poco a poco la iluminación durante los minutos anteriores a la hora programada. No sustituyen necesariamente a la luz natural, pero pueden resultar prácticos para quien se levanta cuando todavía es de noche o quiere mantener las persianas cerradas hasta que abandona la cama.

La hora a la que amanece también cuenta

Dejar una rendija funciona mucho mejor si el amanecer se acerca al horario en el que tenemos que levantarnos. En pleno verano, por ejemplo, el sol puede aparecer demasiado pronto y terminar despertando a alguien que todavía necesita dormir una o dos horas más. En invierno ocurre lo contrario. Muchas personas salen de la cama antes de que haya amanecido, de modo que dejar la persiana algo levantada apenas supondrá ninguna diferencia en ese momento. En cuanto sea posible, sí conviene exponerse a la luz del día, ya sea abriendo por completo las persianas, desayunando cerca de una ventana o saliendo a la calle.

Tampoco hace falta complicar demasiado un hábito tan sencillo. Si dormir con la persiana completamente cerrada permite descansar mejor, puede seguir haciéndose, pero dejar unos centímetros abiertos para que la luz entre justo cuando despertamos, puede ser de ayuda. Al final, la persiana tiene dos trabajos distintos dependiendo de la hora: por la noche ayuda a mantener fuera la luz que molesta y, cuando empieza el día, puede dejar que entre la que interesa.

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