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Los adolescentes de hoy no se parecen a los de los años 80 y 90, según la psicología: “Son jóvenes más sensibilizados, pero viven bajo una exposición constante”

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

En los últimos años, psicólogos y sociólogos han acuñado el término «generación muda» para describir a aquellos jóvenes de la Generación Z que muestran una marcada preferencia por comunicarse mediante mensajes de texto en lugar de hacerlo a través de llamadas telefónicas. Aunque utilizan constantemente sus teléfonos móviles, hablar por teléfono puede no sólo resultarles incómodo,  sino generarles cierta ansiedad.

A diferencia de generaciones anteriores, para muchos jóvenes actuales el teléfono móvil está asociado principalmente con WhatsApp, la aplicación de mensajería instantánea más utilizada del mundo. Desde su lanzamiento en el año 2009, la manera de comunicarse ha cambiado por completo, ya que mantener conversaciones de forma rápida, sencilla y sin necesidad de responder en tiempo real.

Los adolescentes ya no llaman por teléfono

La comunicación entre los adolescentes ha cambiado de manera significativa en los últimos años. Plataformas como WhatsApp permiten enviar mensajes de texto, audios, fotografías o vídeos de manera inmediata, mientras que las redes sociales, las videollamadas y los chats de videojuegos ofrecen nuevas formas de mantenerse en contacto.

La psicóloga Amaya Prado, experta en Psicología Educativa y Clínica en infancia y adolescencia y miembro del Colegio de la Psicología de Madrid, explica en declaraciones a la revista Hola que esta aversión a las llamadas «es un cambio estructural o profundo en la forma de relacionarse», y no necesariamente una señal de falta de habilidades sociales.

Según la especialista, este comportamiento está relacionado con el entorno digital en el que han crecido las nuevas generaciones. «Un mensaje permite pensar la respuesta, permite corregirla, permite borrar errores, cambiarla incluso cuando ya la has mandado o eliminarla, y controlar así esa imagen que proyectas, de manera medida y controlada, aunque ellos a veces son bastante impulsivos», detalla Prado.

Merece la pena destacar las diferencias con una conversación telefónica. Mientras que un mensaje permite detenerse, pensar y modificar lo que se quiere decir, una llamada obliga a reaccionar en el momento y afrontar situaciones que no se pueden editar.

«Pero en una llamada telefónica se ponen en juego otras cosas: exige espontaneidad, tolerar los silencios, escuchar, pararte a pensar, interpretar el tono de voz, gestionar a veces cierta incertidumbre en tiempo real… Y para muchos jóvenes eso puede suponer una mayor exposición emocional».

Las generaciones anteriores aprendieron a relacionarse a distancia en una época en la que el teléfono era prácticamente la única forma de hablar con alguien. Para muchos jóvenes actuales, en cambio, existen numerosas opciones: mensajes instantáneos, notas de voz, videollamadas, redes sociales y conversaciones dentro de videojuegos.

Por eso, realizar una llamada telefónica ha dejado de ser una necesidad cotidiana. La costumbre de poder pensar y controlar cada mensaje puede hacer que una conversación improvisada resulte más incómoda o genere inseguridad.

«Cuando uno está acostumbrado a controlar cada palabra, cada espacio, cada frase que va a enviar, enfrentarse a algo improvisado requiere de otras habilidades y esto puede generar inseguridad», indica la experta en adolescencia.

Sin embargo, la psicóloga considera importante no interpretar esta tendencia como una incapacidad para relacionarse. «Sin embargo, no debemos interpretar que esto es una incapacidad generalizada, sino que muchos jóvenes se comunican constantemente, aunque lo hagan de forma distinta a como lo podemos hacer sus padres».

La forma de divertirse también ha cambiado

La forma de comunicarse no es el único aspecto que ha cambiado. También lo han hecho las maneras de pasar el tiempo libre. Durante los años 80 y 90, salir de fiesta, acudir a discotecas o reunirse en espacios públicos para escuchar música y pasar tiempo con los amigos formaba parte de la adolescencia de muchas personas.

Incluso quienes no consumían alcohol podían sentirse presionados a participar para no quedarse fuera del grupo. En aquella época también eran habituales las conocidas «matinés» o «discotecas light», sesiones dirigidas a menores que comenzaban por la tarde, antes del horario nocturno.

Actualmente, el panorama es mucho más variado. Las sesiones para adolescentes aplican mayores controles sobre el alcohol y muchos jóvenes muestran menos interés por consumirlo que generaciones anteriores. Al mismo tiempo, el deporte y otras actividades han ganado protagonismo.

«Ya no existe un único modelo de diversión, que era quedar para ir al pub», describe Amaya Prado. Y detalla: «Muchísimos jóvenes, yo diría que prácticamente casi todos, siguen saliendo con amigos, pero han aparecido nuevas formas de ocio y éstas están muy relacionadas con la tecnología (los videojuegos, plataformas digitales, contenidos en redes sociales…)».

En definitiva, las llamadas de teléfono han dejado de ocupar el lugar central que tuvieron durante décadas en la vida de los jóvenes. La Generación Z ha crecido rodeada de aplicaciones, redes sociales y plataformas que permiten comunicarse de forma inmediata, pero también más controlada y adaptada a su ritmo. La bautizada como «generación muda» refleja, por tanto, una transformación generacional en la manera de comunicarse y divertirse.