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Jordi Cruz estalla y cuenta toda la verdad de sus famosos becarios: «Me acusaron de explotador»

"Me metí en un follón horroroso", ha comentado Jordi Cruz sobre la famosa polémica

El cocinero ha explicado que jamás se ha aprovechado de ningún empleado

Jordi Cruz ha explicado que ha llegado tan lejos a base de esfuerzo y dedicación

Jordi Cruz se ha pronunciado sobre una de las polémicas más intensas de su carrera mediática, aquella que le situó en el centro del debate sobre las condiciones de los becarios en la alta cocina. Más de una década después de aquellos hechos, el cocinero ha ofrecido una versión detallada de lo ocurrido, defendiendo su postura y asegurando que sus palabras fueron malinterpretadas en un contexto especialmente sensible.

Reconocido por su trayectoria gastronómica y por su papel como jurado en MasterChef, al que se incorporó en 2013 junto a Pepe Rodríguez y Samantha Vallejo-Nágera, Jordi ha explicado que el origen de la controversia no se corresponde con la realidad que se trasladó públicamente.

Según ha contado él mismo, la situación se generó a partir de una información en la que se mezclaban distintos testimonios y experiencias dentro del sector.

Jordi Cruz rompe su silencio

Durante una entrevista en un pódcast, el chef ha recordado que todo comenzó cuando varios profesionales de la cocina, entre ellos figuras como Martín Berasategui y Dabiz Muñoz, fueron mencionados en una noticia relacionada con el trato a jóvenes en formación. En ese contexto, y dada su creciente notoriedad televisiva, tanto Jordi Cruz como Pepe Rodríguez fueron consultados para dar su opinión sobre el papel de los becarios en restaurantes de alta exigencia.

Jordi Cruz posando. (Foto: Gtres)

Lejos de respaldar prácticas abusivas, Jordi sostiene que su intervención se centró en defender el valor formativo de determinadas experiencias breves en cocinas profesionales. Según explicó, se refería a una etapa concreta en la que estudiantes recién salidos de escuelas de hostelería completan su aprendizaje durante un periodo limitado, con el objetivo de adquirir conocimientos prácticos en entornos reales. Sin embargo, esa reflexión fue interpretada de forma distinta a la que él pretendía trasladar.

La polémica sobre Jordi Cruz

El propio chef ha relatado que trató de matizar en varias ocasiones que no estaba hablando de trabajo sin remuneración en sentido estricto, sino de formación. Aun así, el enfoque final de la información generó una fuerte reacción pública que le sorprendió por su alcance. La polémica se intensificó especialmente cuando el contenido se difundió coincidiendo con el 1 de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, un contexto que amplificó el impacto del mensaje.

Según su testimonio, aquella jornada amaneció con protestas frente a su restaurante ABaC, uno de los establecimientos más prestigiosos de su grupo. Carteles acusándole de explotación laboral aparecieron en las inmediaciones del local, lo que contribuyó a consolidar una imagen pública que, a su juicio, no se correspondía con la realidad de su actividad profesional. «Me metí en un follón horroroso y me acusaron de explotador», ha declarado en B3tter.podcast.

La polémica puso sobre la mesa un debate más amplio sobre las prácticas formativas en la alta cocina, un sector tradicionalmente exigente donde la línea entre aprendizaje y trabajo ha sido objeto de discusión durante años. En aquel momento, la opinión pública se mostró especialmente crítica con modelos que implicaban largas jornadas sin compensación económica, lo que llevó a muchos chefs a revisar sus políticas internas y a reforzar la transparencia en sus equipos.

Un momento complicado

En el caso de Jordi Cruz, la exposición mediática derivada de su participación en televisión contribuyó a que su figura se convirtiera en objeto de muchas críticas. El éxito de MasterChef había multiplicado su popularidad, situándole en una posición de gran visibilidad que, como él mismo reconoce, también le hizo más vulnerable a interpretaciones erróneas o simplificaciones de su discurso.

A lo largo de los años, el chef ha mantenido una carrera consolidada tanto en el ámbito televisivo como en la restauración, logrando mantener el prestigio de sus proyectos gastronómicos. Sin embargo, aquel episodio sigue siendo uno de los más recordados de su trayectoria pública, especialmente por el impacto que tuvo en la percepción social de su figura.

Con sus recientes declaraciones, Jordi Cruz busca cerrar definitivamente ese capítulo, aportando su versión de los hechos y reivindicando la necesidad de diferenciar entre formación y explotación. Su testimonio reabre, además, una reflexión que sigue vigente en el sector: cómo garantizar que las nuevas generaciones de cocineros accedan a experiencias de aprendizaje de calidad sin que ello suponga una vulneración de sus derechos laborales.

El debate, lejos de estar resuelto, continúa evolucionando en paralelo a los cambios en la industria gastronómica, donde cada vez se exige mayor responsabilidad a los referentes del sector. En ese escenario, voces como la de Jordi Cruz contribuyen a matizar una discusión compleja, marcada por la tensión entre tradición y adaptación a nuevas sensibilidades sociales.