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El secreto mejor guardado de Sierra Nevada: la ciencia descubre que hay detrás de las acequias del Imperio Romano

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Durante siglos, las acequias de Sierra Nevada, cuyo origen se remonta al Imperio Romano, constituyen un sofisticado sistema de gestión hídrica que distribuye el agua y la infiltra en las zonas altas para que resurja más tarde en cotas inferiores.  Recientemente, un equipo de investigadores de la Universidad de Córdoba (UCO) ha logrado cuantificar el impacto de estas acequias sobre el suelo y la vegetación circundante. Para ello, utilizaron imágenes satelitales tomadas a lo largo de 26 años, entre 1984 y 2020, que permitieron medir con precisión cómo estas infraestructuras influyen en el contenido de agua del terreno y en la salud de la flora.

El estudio, liderado por los investigadores Javier Aparicio, Rafael Pimentel y María José Polo, del grupo de Dinámica Fluvial e Hidrología, junto a Francisco Bonet, especialista en Ecología Terrestre, se centró en un radio de más de 200 metros alrededor de las acequias. Para analizar la vegetación, los científicos utilizaron el Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada (NDVI), una herramienta que permite evaluar la densidad y el vigor de la flora a partir de imágenes captadas por satélite.

Las acequias romanas de Sierra Nevada

El Parque Natural de Sierra Nevada alberga más de 700 kilómetros de acequias, muchas de ellas aún en funcionamiento. Aunque su función principal es transportar agua para riego, al infiltrarse en las zonas altas de la sierra, el agua acumulada durante el deshielo vuelve meses después en manantiales y fuentes naturales, beneficiando a los pueblos situados en cotas inferiores. Los resultados del estudio de la UCO muestran que el efecto de las acequias alcanza incluso zonas situadas entre 50 y 200 metros de distancia.

Además, el estudio reveló un patrón estacional claro: la vegetación respondía de manera directa a la dinámica hidrológica de la cuenca. En primavera y principios de verano, cuando el deshielo es más intenso, la infiltración de agua permite que los valores de NDVI se incrementen, reflejando un aumento en la biomasa y en la salud de la flora.

«Cuando se analizó la influencia de la proximidad de las zanjas sobre el vigor de la vegetación, se encontró un aumento de los valores de NDVI en las zonas más cercanas durante el período analizado. Cuanto más cerca esté la vegetación de la zanja, mayor será el valor de NDVI. En el área de zanja inmediata (AI-1 y AI-2), el NDVI promedió 0,36, en comparación con 0,29 a distancias mayores de 200 metros (AI-3). Se observó una clara relación entre ambas variables, lo que permite concluir que el contenido de agua del suelo disminuye al alejarse de la zanja. A escala estacional, se identificó un patrón consistente: aumento de NDVI en primavera condicionado por la escorrentía de fusión; disminución en verano debido a las altas tasas de evapotranspiración; ligero incremento en otoño como consecuencia de la precipitación; y valores mínimos en invierno, condicionados por la presencia de nieve», detallan los autores.

Uno de los casos más destacados analizados por los investigadores fue la acequia Barjas, restaurada en 2014 gracias al proyecto MEMOLA de la Universidad de Granada. Antes de la intervención, el agua no llegaba correctamente a la parte baja del canal, limitando el vigor de la vegetación circundante. Tras la restauración, los valores de NDVI aumentaron un 19%.

Los hallazgos de este estudio tienen implicaciones importantes para la gestión sostenible del agua en zonas montañosas e invitan a reflexionar sobre la importancia de los sistemas hidráulicos tradicionales en otros lugares del mundo. A diferencia de las grandes infraestructuras modernas, estas acequias romanas requieren poco mantenimiento, funcionan de manera natural y son muy eficientes en la recarga de acuíferos.

Javier Aparicio, uno de los autores del estudio, señala que «estos canales siguen aportando un valor incalculable tanto para las poblaciones locales como para el medioambiente. En un entorno donde la disponibilidad de agua puede ser limitada, estos canales actúan como reservorios naturales.

«En este estudio, hemos evaluado el papel de la red de zanjas de Sierra Nevada como un elemento que modificó el contenido natural de agua del suelo en su zona vecina y, por lo tanto, altera el vigor de la vegetación en su área de influencia. Se utilizaron imágenes de 412 Landsat, correspondientes al período 1984-2020, para evaluar el vigor de la vegetación, calculado utilizando NDVI como un proxy del contenido de agua del suelo y su conexión con el funcionamiento de las zanjas.

El enfoque metodológico propuesto nos ha permitido realizar un doble análisis: transversal y longitudinal a través de las zanjas. Por un lado, la definición de diferentes áreas transversales de influencia proporciona una longitud media de 200 metros al eje de la zanja, donde el agua que circula afecta el contenido de agua del suelo, reflejado en el vigor de la vegetación. Por otro lado, el análisis longitudinal, que divide la zanja en regiones de igual tamaño, ha ayudado a distinguir las diferentes respuestas de la vegetación a lo largo de la zanja», concluyen.