El plástico del futuro que desaparece sin dejar residuos
El plástico es un residuo que da problemas al medio ambiente. Pero ya se estudia el plástico del futuro, que no deja residuos.
¿Sirve reciclar el plástico?
Plásticos en el océano
Industria de los plásticos
Durante mucho tiempo, hablar de plástico era hablar de progreso. Pocos materiales han cambiado tanto nuestra forma de fabricar, transportar o conservar productos. Es ligero, resistente, económico y extraordinariamente adaptable. Por eso está presente en casi cualquier actividad cotidiana, desde una botella de agua hasta un dispositivo médico de alta precisión.
El problema nunca fue el plástico en sí, sino lo que ocurre cuando deja de ser útil. Una bolsa utilizada durante apenas unos minutos puede permanecer en el medio ambiente durante siglos. Lo mismo sucede con muchos envases, envoltorios o utensilios desechables.
Fragmentos
Con el paso del tiempo van apareciendo microfragmentos minúsculos, pero eso no quiere decir que desaparezcan del todo. Esos residuos terminan por mezclarse con la tierra, llegan a los ríos y finalmente terminan llegando allí donde suelen ir a parar eso que no desaparece: al mar donde se convierten en un problema medioambiental que hoy en día en día inquieta a científicos, administraciones y empresas.
Dicha inquietud ha propiciado una carrera silenciosa para desarrollar materiales que cumplan la misma funcionalidad pero que no generen una huella tan persistente. No se trata sólo de hacer plásticos que se degradan , sino de hacer plásticos que se degradan de forma segura y sin residuos que permanecerán durante años y años. En este punto conviene aclarar una confusión bien habitual.
No todo lo que se presenta como biodegradable desaparece automáticamente cuando termina en la naturaleza. Tampoco todos los plásticos compostables funcionan igual. Son conceptos relacionados, pero no idénticos.
Plásticos compostables
Los compostables van un paso más allá, aunque bajo condiciones muy concretas. Para completar correctamente su degradación suelen necesitar temperaturas elevadas, humedad controlada y una intensa actividad microbiológica, condiciones que normalmente solo existen en instalaciones industriales de compostaje. Esto explica por qué un envase compostable no siempre desaparece con rapidez si termina abandonado en un bosque o en una playa.
Esa diferencia resulta importante porque, en ocasiones, la publicidad simplifica demasiado el mensaje y puede generar falsas expectativas. Pensar que cualquier bioplástico puede tirarse al suelo porque «ya se deshará» es un error. Ningún material sostenible debería convertirse en una invitación a abandonar residuos.
Entre las soluciones que se plantean está el llamado PLA, obtenido de recursos como el almidón, y usado para la impresión en 3D. Su interés no radica únicamente en el origen de la materia prima. También permite reducir parcialmente la dependencia del petróleo y, cuando se gestiona correctamente, puede integrarse en procesos de compostaje industrial. Eso sí, fuera de esas condiciones específicas su degradación resulta mucho más lenta de lo que muchas personas imaginan.
La investigación tampoco se limita a estos materiales. Se trabaja en fibras vegetales, residuos de carácter agrícola, hasta proteínas de alimentos. Es una forma interesante de entender la economía circular. Lo que antes se desechaba puede convertirse en el punto de partida para fabricar un nuevo producto con utilidad comercial.
Aun así, el camino está lejos de completarse.
Limitaciones y retos
Una buena parte de dichos materiales todavía tiene limitaciones para soportar temperaturas elevadas, esfuerzos mecánicos continuos o largos períodos de almacenamiento. El reto consiste en mejorar esas prestaciones sin perder la capacidad de degradarse al finalizar su vida.
El precio tiene importancia, porque si bien la diferencia había a disminuido significativamente durante los últimos años, hoy es posible que algunos bioplásticos sean más caros de fabricar que los polímeros procedentes del petróleo, que gracias a la mejora en la producción y a la optimización de los procesos industriales comienzan a llegar a una distancia mínima. Sin embargo, eso sigue siendo un obstáculo importante para su comercialización .
Mientras tanto, la legislación sigue avanzando. Varios países han restringido determinados productos de usos únicos y fomentan el desarrollo de envases más sostenibles. Las empresas, conscientes que los consumidores observan cada vez más el impacto medioambiental de lo que compran, también están intensificando su búsqueda de soluciones menos contaminantes.
Sectores
El sector alimentario es probablemente el ejemplo más visible. Hoy resulta relativamente fácil encontrar bandejas fabricadas con fibras vegetales, cubiertos compostables, cápsulas biodegradables o envases elaborados con biopolímeros. Hace apenas unos años eran productos bastante excepcionales.
La medicina ofrece otro escenario especialmente prometedor. Algunos bioplásticos ya se utilizan para fabricar suturas reabsorbibles, implantes temporales o dispositivos que liberan medicamentos de forma controlada. En estas aplicaciones la degradación del material no supone un inconveniente; al contrario, se convierte en una ventaja muy valiosa porque evita nuevas intervenciones quirúrgicas para retirarlo.
Conclusión
Quizá uno de los aspectos más interesantes sea comprender que el llamado «plástico del futuro» probablemente no será un único material. Cada aplicación necesita unas características diferentes. Un envase para alimentos, una pieza de automóvil, un componente electrónico o un implante médico tienen exigencias completamente distintas, de modo que lo más razonable es que convivan varias soluciones adaptadas a cada necesidad.
Al mismo tiempo, conviene no caer en la idea de que un nuevo material resolverá por sí solo el problema de los residuos.
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