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Combustibles fósiles: qué son, tipos, ventajas, desventajas y futuro energético

Qué son los combustibles fósiles, tipos principales, ventajas, desventajas y por qué su futuro está en debate energético.

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  • Francisco María
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Los combustibles fósiles son, básicamente, la razón por la que el mundo funciona como funciona hoy. Sin ellos, nada de coches, aviones, fábricas gigantes ni ciudades iluminadas toda la noche. Por eso, aunque ahora estén súper cuestionados y todo el mundo hable de energías limpias, la verdad es que todavía dependemos muchísimo de ellos. El problema es que, al mismo tiempo, están muy metidos en el lío del cambio climático.

Para entender todo esto, primero hay que saber qué son realmente

Dicho fácil: los combustibles fósiles son energía vieja. Muy vieja. Vemos su origen hace millones de años cuando plantas, algas y otros muchos bichitos microscópicos murieron y quedaron enterrados en el fondo de mares, lagos y pantanos antiguos. Poco a poco, se irían formando capas y capas de tierra y rocas. Presión brutal, calor de la Tierra… y listo: esa materia orgánica terminó convertida en carbón, petróleo y gas natural.

Toda esa energía quedó guardada ahí abajo durante millones de años. Y ahora nosotros la sacamos, la quemamos y usamos ese calor para hacer de todo: producir electricidad, mover autos, cocinar, calentar casas, hacer funcionar fábricas… básicamente, para vivir como vivimos hoy.

Se llaman no renovables porque no se regeneran a nuestro ritmo. Formarse les lleva millones de años y nosotros las consumimos en décadas. Aun así, aunque haya paneles solares y molinos de viento por todos lados, los combustibles fósiles siguen aportando cerca del 80% de la energía que usa el mundo. Eso ya dice mucho.

Hay tres grandes protagonistas en esta historia

¿Y por qué seguimos usándolos tanto?

Porque tienen muchas ventajas prácticas. Con poca cantidad se obtiene muchísima energía. Además, ya existe toda una infraestructura enorme: pozos, minas, refinerías, centrales eléctricas, estaciones de servicio… Todo eso hace que sean fáciles de usar y relativamente baratos. Y algo clave: no dependen del clima. No importa si no hay sol o viento, siempre están ahí.

Pero claro, no todo es tan cómodo. El gran problema aparece cuando los quemamos. De esa forma, se liberan gases como el CO₂, que por otro lado se quedan atrapados en la atmósfera y la consecuencia es que el planeta se calienta mucho. El resultado son cambios climáticos extremos, olas de calor, tormentas más fuertes, sequías… todo ese lío poco deseable que ya estamos empezando a notar.

Por otro lado, estos combustibles nos dicen que contaminan el aire que respiramos, y peor es que se relacione con enfermedades respiratorias y cardíacas. También está el consabido impacto ambiental: minas que destruyen paisajes, derrames de petróleo que maltratan incluso llegan a destruir océanos y costas. Al final, se producen tensiones y conflictos entre países por el control de estos recursos.

Por todo lo que hemos ido viendo, aunque los combustibles fósiles siguen siendo clave, su papel está cambiando. No se pueden apagar de golpe, pero tampoco se puede seguir como si nada. La idea es usar cada vez menos, empezar por reducir el carbón, usar el gas como algo temporal y apostar fuerte por energías limpias.

A modo de conclusión

Los combustibles fósiles contienen y generan la energía que hizo que nuestro mundo fuera girando a toda velocidad durante más de un siglo. Por estos recursos disponemos de electricidad, transporte, industrias y casi todo lo que usamos a diario.

El gran problema es que son no renovables: tardan millones de años en formarse y nosotros los gastamos en nada. Aun así, siguen aportando cerca del 80% de la energía mundial, lo que demuestra lo dependientes que seguimos siendo. Además, al usarlos liberan CO₂ y otros gases que contaminan el aire y empeoran el cambio climático.

Por eso, aunque hoy siguen siendo clave, el reto está en usarlos cada vez menos, mejorar alternativas limpias y hacer la transición sin que el mundo se frene de golpe.

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