Avances científicos

Los científicos japoneses se pasan el juego: crean un dispositivo que transforma el sudor en energía eléctrica

Sudor en energía eléctrica
Recreación del hallazgo que transforma el sudor en energía. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La idea de convertir sudor en energía eléctrica parece sacada de ciencia ficción. No obstante, para la ciencia, fue una línea de investigación prometedora, aunque complicada de trasladar a gran escala. El principal problema no estaba solo en generar electricidad, sino en fabricar estos sistemas de forma estable, uniforme y compatible con procesos industriales.

En los últimos años, distintos laboratorios han probado sensores cutáneos capaces de analizar compuestos presentes en el sudor. Sin embargo, la necesidad de incorporar una batería es un obstáculo práctico. Frente a este panorama actual, un avance japonés sitúa el foco en una alternativa distinta: obtener electricidad directamente de la química corporal.

El sorprendente avance japonés para convertir el sudor en energía eléctrica

El estudio fue publicado en la revista ACS Applied Engineering Materials y describe una tinta enzimática de base acuosa que ha permitido a los ingenieros imprimir biopilas de combustible alimentadas por sudor en una sola pasada de fabricación.

El trabajo sostiene que este planteamiento acerca la producción masiva de parches de salud sin batería, al simplificar un proceso que hasta ahora resultaba frágil y demasiado dependiente de varias fases separadas.

La investigación fue liderada por el profesor asociado Isao Shitanda, de la Universidad de Tokio de Ciencias, dentro de un sistema basado en un sustrato delgado de papel. Sobre ese material, las capas impresas forman electrodos emparejados capaces de obtener electricidad directamente de compuestos químicos presentes en el sudor.

La clave está en que la nueva formulación integra las enzimas dentro de la propia estructura impresa. En lugar de aplicar estas sustancias en pasos separados de secado, el equipo consiguió que quedaran incorporadas desde el primer momento, manteniendo su actividad y el rendimiento eléctrico del dispositivo.

Ese cambio no solo simplifica el montaje, sino que también reduce variaciones entre una unidad y otra.

¿Cómo funciona el sistema que convierte sudor en energía eléctrica?

Estos dispositivos reciben el nombre de biopilas de combustible enzimáticas. Su función consiste en transformar determinadas sustancias presentes en el cuerpo en una pequeña corriente eléctrica. En este caso, el sistema se alimenta del lactato, un compuesto que aparece en el sudor y cuya concentración puede variar durante la actividad física.

Dentro de la célula, una enzima extrae electrones del lactato. Después, esos electrones circulan por el circuito hasta llegar al lado opuesto, donde interviene el oxígeno. De ese modo, el dispositivo aprovecha reacciones químicas naturales para generar energía sin necesidad de almacenar carga como hace una batería convencional.

Este planteamiento encaja con la tendencia de crear sensores autónomos y más delgados. Si la propia piel aporta el «combustible» necesario, el parche puede prescindir de elementos más voluminosos. Aun así, la producción de estos sistemas seguía siendo compleja porque cada electrodo requería tratamientos delicados y poco uniformes.

El nuevo trabajo intenta resolver precisamente ese cuello de botella. La tinta desarrollada por el equipo japonés permite imprimir de una vez las partes esenciales del sistema, algo especialmente importante en el caso del cátodo, la zona donde el oxígeno recibe los electrones y donde las enzimas suelen ser más difíciles de estabilizar.

¿Por qué fabricar estos parches era tan complicado hasta ahora?

Uno de los grandes problemas para llevar esta tecnología a fábrica era la cantidad de pasos manuales necesarios. En métodos anteriores, tras imprimir la capa de carbono, los técnicos tenían que añadir soluciones enzimáticas gota a gota y esperar a que se secaran.

Ese procedimiento generaba películas irregulares y hacía que pequeñas diferencias en el secado alterasen el rendimiento final.

Según explicó el propio Shitanda, «Necesitamos lanzar al mercado una tinta enzimática que permita una impresión uniforme y sea apta para la producción en masa». La nueva tinta busca responder a esa necesidad con una mezcla pensada para impresión serigráfica, un sistema que empuja la tinta a través de una malla sobre la superficie elegida.

Para conseguirlo, el equipo utilizó polvo de carbono poroso como soporte de las enzimas, junto con un aglutinante y un espesante de base acuosa que aportan estabilidad a la pasta durante el proceso de impresión.

Al evitar disolventes agresivos, las enzimas conservan mejor su actividad, un aspecto esencial en cualquier dispositivo portátil que aspire a funcionar sobre la piel.

Las pruebas de laboratorio mostraron además mejoras respecto a recubrimientos aplicados por métodos más antiguos. Los electrodos impresos ofrecieron corrientes más altas y mantuvieron la actividad durante más tiempo.

Poniendo este hallazgo en números, durante los ensayos, una célula alimentada por lactato alcanzó una potencia máxima de unos 165 microvatios por centímetro cuadrado y 0,63 voltios en circuito abierto.

¿Qué aplicaciones puede tener esta tecnología en el futuro?

La posibilidad de generar sudor en energía eléctrica tiene implicaciones directas en el campo de los wearables médicos y deportivos. En deporte, el lactato del sudor se considera un indicador útil para seguir la intensidad del esfuerzo, aunque su relación exacta con los niveles en sangre todavía requiere validación en condiciones reales.

También se estudia su utilidad en contextos asistenciales. Parches de seguimiento continuo podrían ayudar a detectar señales relacionadas con deshidratación, estrés térmico o determinadas alteraciones fisiológicas, siempre que los datos obtenidos sean consistentes y clínicamente interpretables.

Con todo, el camino hasta un producto comercial sigue abierto. El papel debe resistir humedad, movimiento y uso prolongado, mientras que los futuros dispositivos tendrán que demostrar estabilidad, comodidad y una conexión fiable con sistemas de lectura o transmisión de datos.

Lo último en Ciencia

Últimas noticias