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Los científicos coinciden: el truco rápido y eficaz para eliminar los microplásticos del agua del grifo y no afecten a nuestra salud

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Blanca Espada

Durante mucho tiempo se asumió que el agua del grifo era algo que se podía beber sin más. Agua segura y con pocos matices más allá del sabor o la dureza. Sin embargo, en los últimos años ha ido apareciendo un elemento que complica esa idea y no porque el agua deje de ser potable, sino porque contiene algo que antes ni siquiera se medía, y que son los microplásticos.

Todo un problema ambiental que se han convertido también en una cuestión ligada a la salud. Los microplásticos están en el mar, en el aire y, como consecuencia, también en el agua que bebemos a diario y ya no importa demasiado el origen, es decir, si se trata de agua del grifo o de botella, ya que en ambos caso pueden estar presentes, de modo que ya no se trata sólo de si el agua cumple la normativa, sino de qué más lleva consigo.

El truco rápido y eficaz para eliminar los microplásticos del agua del grifo

El término microplástico suena técnico, pero en realidad describe algo bastante simple: fragmentos muy pequeños de materiales plásticos que se han ido degradando con el tiempo. Algunos son tan diminutos que no superan el tamaño de una célula.

Esa escala es precisamente lo que más inquieta a los investigadores. Cuanto más pequeños son, más fácil les resulta atravesar las defensas del organismo. No se quedan en el sistema digestivo sin más. Hay indicios de que pueden circular por el cuerpo y depositarse en distintos tejidos. Y aunque no hay una conclusión única sobre sus efectos, sí existe una acumulación de señales que apuntan en la misma dirección y es que podrían interferir en procesos internos, desde el equilibrio de la microbiota hasta funciones metabólicas más complejas. Es un campo todavía en desarrollo, pero suficiente para que la preocupación haya crecido.

El dato que cambia la percepción del agua embotellada

En paralelo a estos estudios, han ido apareciendo comparaciones que han sorprendido a muchos consumidores. Durante años, el agua embotellada se ha percibido como una opción más segura o, al menos, más controlada. Sin embargo, algunas investigaciones indican justo lo contrario en lo que respecta a microplásticos. En términos de cantidad, el agua envasada puede suponer una exposición mayor que la del grifo.

El motivo no es complicado de entender ya que tiene que ver con el propio envase. La liberación de pequeñas partículas del plástico, sumada a otros factores del proceso, termina incrementando la presencia de estos fragmentos en el líquido. A esto se añade otro problema evidente: el impacto ambiental. El consumo masivo de botellas de un sólo uso sigue creciendo y, con él, la acumulación de residuos.

Una solución inesperadamente simple

Ante este escenario, la pregunta lógica es qué se puede hacer en casa sin recurrir a sistemas complejos o costosos. Aquí es donde entra en juego un método que ha llamado la atención precisamente por su sencillez y que implica hacer algo tan sencillo como hervir el agua, dejarla reposar y después filtrarla. Nada más.

Puede parecer un gesto cotidiano sin mayor relevancia, pero algunos investigadores han comprobado que este proceso tiene un efecto directo sobre los microplásticos presentes en el agua. No los elimina por completo, pero sí reduce una parte considerable.

Lo que ocurre cuando el agua hierve

El mecanismo detrás de este efecto no es evidente a simple vista. No se trata de que el calor destruya las partículas, sino de algo más indirecto. Al alcanzar altas temperaturas, los minerales disueltos en el agua,sobre todo el calcio, comienzan a transformarse y formar pequeñas estructuras sólidas. Es lo que, en otros contextos, se conoce como cal.

Durante ese proceso, los microplásticos tienden a adherirse a esas partículas. Quedan pegados a ellas, por decirlo de forma sencilla. Cuando el agua se enfría, esos restos permanecen en suspensión o se depositan en el fondo y ahí es donde entra el último paso: el filtrado. Al colar el agua, se retiran esas partículas sólidas y, con ellas, una parte de los microplásticos.

No todas las aguas responden igual

Este método no ofrece los mismos resultados en todos los casos. La composición del agua marca una diferencia importante. En zonas donde el agua es más dura, es decir, con mayor contenido mineral, el efecto es más visible. Se generan más residuos sólidos durante la ebullición y, por tanto, hay más superficie donde los microplásticos pueden quedar atrapados. En cambio, en aguas más blandas, el proceso también funciona, pero con menor intensidad. Aun así, los resultados siguen siendo relevantes como para considerarlo una opción útil en el día a día.

Un problema que no se resuelve sólo en casa

Hacer pequeños cambios en el día a día ayuda, pero no soluciona todo. Los microplásticos no aparecen únicamente en el agua del grifo: están mucho más extendidos de lo que parece y forman parte de un problema mayor. Se han detectado en casi cualquier entorno, desde el mar hasta el aire, lo que da una idea de lo difícil que resulta controlar su presencia. Son tan pequeños y tan persistentes que eliminarlos por completo no es sencillo.

Por ello, mientras la ciencia sigue investigando y buscando formas más eficaces de filtrarlos, hay dos ideas que se repiten constantemente: usar menos plástico y mejorar cómo se trata el agua. Aun así, eso no significa que lo que se haga en casa no sirva. Hervir y colar el agua es un gesto simple que puede reducir parte de esas partículas, sin necesidad de complicarse demasiado ni cambiar la rutina por completo.

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