La ciencia brinda por un hito histórico: crean feromonas sintéticas para combatir una feroz plaga que asola los arrecifes
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El mundo marino es tan inmenso como complejo. En ese escenario, la estrella de mar corona de espinas destaca por razones nada positivas: ha pasado de ser una especie más del arrecife a convertirse en una plaga capaz de arrasarlo. El exceso de fertilizantes que llega al mar y la falta de depredadores naturales explican gran parte de este desequilibrio.
El resultado se ve en la Gran Barrera de Coral. Las estrellas se reproducen, avanzan y devoran coral más rápido de lo que el ecosistema puede reponerse. Si a eso se suma el estrés provocado por el cambio climático, el riesgo para la supervivencia del arrecife y su biodiversidad crece de forma exponencial. La buena noticia es que un equipo de científicos ha encontrado una manera de hacer frente a esta amenaza usando feromonas sintéticas.
Los científicos crean feromonas sintéticas para combatir una feroz plaga que amenaza los arrecifes
El trabajo surge de una colaboración internacional entre Australia y Japón. La
Universidad de la Costa del Sol Austral (UniSC) ha tenido un papel central con el profesor Scott Cummins, centrado en identificar los péptidos y diseñar el señuelo sintético.
Por su parte, el Instituto Australiano de Ciencias Marinas (AIMS) ha puesto el foco en la experimentación; allí, en el National Sea Simulator, la doctora Cherie Motti comprobó que las feromonas funcionan y no resultan tóxicas.
Desde Japón, el Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa (OIST), con el profesor Noriyuki Satoh, aportó el análisis genómico que permitió afinar qué genes están detrás de ese «olor» químico.
Según el estudio, la corona de espinas usa sus espinas para «oler» péptidos liberados por otros individuos y así comunicarse. A partir de ahí, el equipo sintetizó péptidos (cadenas cortas de aminoácidos) que actúan como señales químicas y atraen a los adultos en el laboratorio de forma consistente.
Este enfoque apunta a un cambio práctico, pues en lugar de perseguir ejemplares dispersos, el señuelo busca reunirlos. Hoy el control depende sobre todo de retiradas manuales, estrella a estrella, a menudo con inyecciones letales (vinagre o sales biliares). Funciona en zonas concretas, pero exige horas, equipos y dinero, y se queda corto cuando el brote ocupa grandes extensiones.
Cómo actúa esta feromona en la plaga de estrellas
Primero, la estrella detecta las moléculas con receptores sensoriales situados en sus espinas y en los pies ambulacrales, esos «tubos» con los que se desplaza. Después interpreta el estímulo como una señal de reunión: en condiciones naturales, ese rastro químico puede indicar comida cerca o un punto de agregación relacionado con la reproducción.
En cuanto lo capta, activa la quimiotaxis y deja de vagar sin rumbo para avanzar siguiendo el gradiente, desde la zona con menor concentración hasta la fuente de la señal.
En los ensayos, los investigadores vieron respuestas medibles incluso a concentraciones bajas. Además, las pruebas confirmaron que la mezcla no era tóxica. El objetivo final es colocar el señuelo en puntos concretos, lograr que salgan de grietas y refugios y concentrarlas para retirarlas de una sola vez, con una intervención más rápida y mucho más eficaz.
Por qué resulta clave hacer frente a esta amenaza
El peligro principal es que esta estrella se alimenta de tejido vivo de coral. No picotea algas ni restos, sino que va directa a la estructura que sostiene el arrecife. Ataca con digestión externa, saca el estómago por la boca, lo extiende sobre el coral y libera enzimas que disuelven los pólipos.
Tras el paso de la estrella queda el esqueleto blanquecino, como una cicatriz. Un adulto puede consumir hasta 10 metros cuadrados de coral al año; en un brote, con miles de individuos, el daño se mide en hectáreas en pocos meses.
Por eso interesa cualquier herramienta que gane tiempo. Si el arrecife pierde coral vivo, los peces se quedan sin refugio y el ecosistema pierde estabilidad justo cuando necesita aguantar más calor, más eventos extremos y menos margen de recuperación.
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