Astrónomos europeos analizan polvo en las faldas de un volcán en Marte, y descubren algo desconocido hasta la fecha
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El estudio de la superficie marciana suele apoyarse en huellas discretas que, con el paso del tiempo, adquieren un significado mayor. En este contexto, un volcán en Marte situado cerca del ecuador pasó a ser el centro de una investigación que combina observaciones recientes y el análisis masivo de datos acumulados durante años.
La presencia de finas marcas oscuras en pendientes cubiertas de polvo no es nueva, pero su origen sigue siendo objeto de debate. Comprender qué las provoca resulta clave para interpretar la actividad actual del planeta y para descartar o confirmar procesos asociados a la presencia de agua líquida en el pasado reciente de Marte.
¿Cuál es el volcán en Marte que quedó bajo la lupa de la ciencia y por qué?
El trabajo se centró en Apollinaris Mons, un volcán en Marte ubicado en una región ecuatorial. En algún momento, entre 2013 y 2017, un pequeño meteorito impactó en una de sus laderas y liberó una cascada de polvo. Tras el evento, quedaron visibles más de un centenar de franjas oscuras recientes que cubren unos seis kilómetros cuadrados de terreno.
El análisis de este episodio fue publicado en la revista Nature. Las imágenes muestran cómo las marcas se originan cerca de crestas y sortean obstáculos como rocas, un comportamiento que encaja mejor con el deslizamiento de polvo seco que con el flujo de líquidos.
Estas estructuras, conocidas como «slope streaks» (regueros de ladera), aparecen en zonas cubiertas por polvo fino y se atenúan lentamente con el paso de los años.
La observación clave fue posible gracias al «ExoMars Trace Gas Orbiter», una misión europea-rusa en órbita desde 2016. Su cámara principal captó la zona con una resolución suficiente para identificar tanto los pequeños cráteres del impacto como las nuevas marcas que descendían por la pendiente del volcán en Marte.
Estudios previos ya habían señalado que estas franjas prefieren superficies claras, con baja inercia térmica y poca capacidad para retener calor. Esa combinación apunta a depósitos superficiales de polvo suelto como elemento central del proceso.
No se detectaron canales ni acumulaciones típicas de corrientes de agua marciana, lo que refuerza la hipótesis de un origen completamente seco.
El investigador principal, Valentin Bickel, de la Universidad de Berna, resumió la conclusión: «La dinámica del polvo, el viento y la arena parecen ser los principales motores estacionales de la formación de regueros de ladera (slope streaks). Los impactos de meteoroides y los sismos parecen ser factores localmente diferenciados, aunque globalmente resultan insignificantes»
Las marcas en Apollinaris Mons, claves para entender un fenómeno global
Para situar el caso de Apollinaris Mons en un contexto más amplio, el equipo recurrió a técnicas de aprendizaje automático. Se entrenó un sistema capaz de reconocer estas marcas en un archivo masivo de imágenes obtenidas, en su mayoría, por la sonda «Mars Reconnaissance Orbiter» de la NASA.
El resultado fue un mapa con más de dos millones de candidatas repartidas por todo el planeta, concentradas en cinco grandes regiones polvorientas del hemisferio norte, como Arabia Terra y zonas del ascenso volcánico de Tharsis.
El recuento final estima que existen alrededor de 1,6 millones de estas estructuras activas, con unas 80.000 nuevas cada año.
Solo una fracción mínima, menos de una por cada mil, parece estar relacionada directamente con impactos de meteoritos o posibles seísmos marcianos. Esto indica que el episodio del volcán en Marte es excepcional por su claridad, pero no por su mecanismo de fondo.
¿Por qué el hallazgo sobre este volcán en Marte es relevante?
La importancia del descubrimiento no reside simplemente en explicar unas marcas concretas. Si cada una de estas avalanchas de polvo desplaza capas superficiales de pocos centímetros, el efecto acumulado a lo largo de miles de años implica un transporte significativo de material hacia la atmósfera marciana.
Ese polvo alimenta tormentas regionales y, en ocasiones, globales, que modifican la temperatura superficial y afectan a las misiones en funcionamiento. Comprender dónde y cuándo se producen estos deslizamientos permite afinar los modelos climáticos actuales y futuros.
Dicho todo esto, podría concluirse en que el caso de Apollinaris Mons demuestra que Marte sigue siendo un planeta dinámico. Y mucho más de lo que se pensaba.
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