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Si tu hijo hace esto entre los 0 y los 2 años es posible que sea superdotado: los expertos dan la alerta

Suele ocurrir que las altas capacidades de un niño se detectan, cuando este ya está en el colegio, pero los expertos llevan tiempo insistiendo en que muchos indicios aparecen bastante antes. No hace falta esperar a que empiece a leer solo o a resolver problemas complejos: los primeros meses de vida ya pueden dar pistas sobre un desarrollo distinto al habitual, aunque a veces se confunden con comportamientos difíciles propios de la crianza, lo cierto es que si ves que tu hijo de entre 0 y 2 años hace esto que ahora te explicamos, es posible que sea superdotado.

El psicólogo Alberto Soler explica que las altas capacidades no son sólo un coeficiente intelectual alto. Implican creatividad, rapidez mental, mucha curiosidad y, en muchos casos, una sensibilidad emocional fuera de lo común. Y además, no hay dos niños iguales: alguno destaca en lo académico, otro en el pensamiento abstracto; otros en imaginación o en la forma de resolver problemas. La clave, dice, es identificar el perfil cuanto antes para evitar frustración, aburrimiento o desmotivación cuando llega la etapa escolar. Por eso la alerta de los expertos es clara: la detección temprana marca una diferencia enorme en el bienestar y en el aprendizaje del menor.

Si tu hijo hace esto entre los 0 y los 2 años es posible que sea superdotado

A estas edades todo se mueve muy rápido, pero hay comportamientos que llaman la atención de forma repetida en niños que después resultan tener altas capacidades. Fíjate si tu hijo tiene alguno porque puede que indique que tal vez es superdotado:

Ninguna de estas señales garantiza nada, pero juntas dibujan un perfil que conviene observar.

Entre los 2 y los 3 años: aprendizaje rápido y mucha curiosidad

En esta etapa suelen aparecer indicios más claros. Algunos niños empiezan a leer o escribir casi por intuición, sin que nadie se lo haya enseñado expresamente. Otros amplían su vocabulario a gran velocidad y hacen preguntas constantes, a veces tan seguidas que los adultos apenas pueden seguirles.

También puede darse el mutismo selectivo en momentos muy concretos, algo que Soler vincula con un nivel de sensibilidad emocional superior a la media. No significa que no entiendan o no quieran comunicarse, sino que a veces el entorno les sobrepasa.

De 3 a 4 años: imaginación que desborda y creatividad constante

Aquí la creatividad suele dispararse. Inventan historias, crean mundos imaginarios, utilizan objetos cotidianos de formas inesperadas y, en muchos casos, tienen amigos imaginarios con los que construyen juegos complejos. La capacidad para relacionar ideas y para dar explicaciones que sorprenden a los adultos también empieza a hacerse visible.

Entre los 4 y 5 años: preguntas que no parecen de su edad

En estas edades muchos niños con altas capacidades empiezan a interesarse por conceptos que, en teoría, llegarían más adelante: la muerte, el tiempo, el origen de las cosas, el por qué de absolutamente todo. Sus preguntas son más profundas y muestran un pensamiento abstracto poco habitual en su grupo de edad.

Es una etapa en la que el contraste entre su ritmo y el de la escuela puede hacerse más evidente.

De 6 a 9 años: curiosidad excepcional y primeros signos de aburrimiento escolar

Entre los 6 y los 9 años ya suele ser evidente que algo en su forma de aprender es distinto. Soler resume las señales más repetidas:

En muchos casos, estos niños funcionan bien cuando están motivados, pero entran en bloqueo cuando sienten que la dinámica del aula no les encaja.

Por qué es tan importante detectarlo a tiempo

Identificar las altas capacidades en los primeros años, o si tu hijo es superdotado, no es sólo una cuestión académica. Ayuda a ajustar el entorno, prevenir frustraciones, evitar que el niño se sienta diferente en el mal sentido y, sobre todo, dar respuesta a una forma de pensar que, si no se acompaña bien, puede provocar mucho malestar emocional. La detección temprana no significa adelantar contenidos ni exigir más. Significa adaptar, escuchar, ofrecer alternativas y comprender un tipo de desarrollo que simplemente avanza a otro ritmo.