¿Es posible que un bebé se estrese?
Descubre si los bebés se estresan o no, y cuáles pueden ser las causas para dicho estrés y qué soluciones pueden aplicar los padres.
¿Es posible que un bebé se estrese? Sabemos que los niños sí pueden sufrir de estrés en determinadas situaciones, pero ¿ocurre lo mismo con los bebés? ¿se estresan los niños de meses? Parece que así, aunque tendríamos que tener en cuenta algunos factores condicionantes.
¿Es posible que un bebé se estrese?
Si entendemos el estrés como una enfermedad representada por la angustia, tenemos que decir que la ciencia ya ha demostrado que esta puede afectar a los bebés y que de hecho, aquellos que se estresan pueden en realidad acabar desarrollando cierta dificultad de aprendizaje a lo largo de su infancia.
El motivo parece estar en los cánones sociales actuales. Nuestro ritmo de vida que ya de por sí es estresante, da como resultado una sensación de presión constante que acaba también afectando a la estabilidad emocional del bebé.
De hecho, la ciencia ha llegado a demostrar que el estrés en el bebé puede incluso producirse antes de que nazca, dado que los vasos sanguíneos en la placenta pueden transmitir hormonas que responden al estrés de la madre y que acaban en el feto que se está desarrollando. Con ello desde el periodo de gestación, la madre debe procurar el cuidado del bebé por su bienestar y el propio.
Por otro lado, el parto puede ser otra situación que derive en estrés para el bebé. Dependiendo de cómo se produzca o cómo se desarrolle, se puede derivar una situación estresante que de alguna manera afectará también al recién nacido.
Qué causa que el bebé se estrese
Estudios de la Universidad complutense de Madrid han concluido además que los bebés de la sociedad actual tienen 50 veces más de probabilidad de sufrir de estrés comparado con los niños nacidos hace tres lustros. Entre los factores desencadenantes de ese aumento del estrés en los bebés ya hemos mencionado nuestro ritmo de vida actual, pero se dan otros como factores ambientales, nutricionales e incluso el que el recién nacido sufra una falta de afecto o de comunicación
Por otro lado, los cambios en la dieta o los problemas para dormir por la noche pueden ser también causas por los que se estresan los niños y se corre además el riesgo de derivar en otros problemas como trastornos del comportamiento. Hemos de estar atentos también al llanto del bebé, ya que en el caso de que sea desesperado (como cuando sufren cólicos), es evidente que algo les pasa.
Procurar un buen cuidado y atención del bebé (con la lactancia materna como un claro inmunoregulador), asegurarle un buen entorno familiar y social, garantizar el afecto y el amor y establecer ciertas rutinas que den seguridad al bebé, pueden ser las soluciones para que este no sufra de estrés y sobre todo para que este no le afecte tampoco a lo largo de todas las etapas de infancia del niño.
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