Los neuropsicólogos coinciden: tu hijo se porta peor cuando estás tú presente porque se sienten lo suficientemente seguros como para expresar emociones intensas

¿Cuántas veces has tenido la sensación de que tu hijo se porta peor contigo que con otras personas? Para los niños, los padres representan una figura de seguridad y confianza, con quienes pueden sentirse tranquilos y protegidos. En el caso de las madres, tradicionalmente han sido ellas quienes han pasado más tiempo al cuidado de los pequeños, aunque actualmente los padres participan cada vez más en la crianza. Todo ello hace que los más pequeños desarrollen una enorme confianza y, precisamente por sentirse seguros, bajen la guardia, expresen sus emociones con mayor libertad y muestren conductas que quizá reprimen con otras personas.
En cualquier caso, es fundamental no centrarse únicamente en corregir sus malas conductas. También hay que prestar atención a los comportamientos positivos del niño, reconocerlos y reforzarlos para que no sientan que la única manera de conseguir la atención de sus padres es comportándose mal. Y hay algo importante que conviene recordar: los hijos saben muy bien cuánto les quieren sus progenitores y, precisamente porque se siente seguros con ellos, se permite expresar sus emociones y mostrarse tal y como son. Ese fuerte vínculo hace que contigo pueda exteriorizar todo aquello que quizá reprimen cuando están con otras personas.
La razón por la que tu hijo se porta peor cuando estás tú
«Cuando nace un niño, su cerebro está preparado para establecer un vínculo cercano basado en una confianza plena con una sola persona. Esa persona recibe el nombre de «figura de apego primario», y habitualmente suele ser la madre», ha explicado el neuropsicólogo Álvaro Bilbao en una publicación en Instagram.
«Es habitual que un niño muestre sus emociones más profundas o aquellas que le resultan más difíciles únicamente ante la persona con la que se siente más seguro y confiado. También es normal que contenga emociones complicadas como el enfado o la frustración cuando está junto a personas con las que no existe el mismo grado de confianza. En realidad, es algo que también nos sucede a los adultos», recuerda.
Es más que probable que esa situación no sea culpa de los progenitores ni del niño, sino de la manera en la que los hijos se relacionan y entienden las situaciones sociales y sus propias emociones. De hecho, Álvaro Bilbao añade otra reflexión a este problema que suelen tener algunos padres y madres: «Es duro, muy duro, ser la, porque suele ser la mujer, la que recibe las peticiones continuas, los llantos y las miradas de la pareja o los abuelos, haciéndote sentir que no estás haciéndolo bien».
Esas personas que critican la forma de comportarse de un niño ante la presencia de sus padres probablemente desconozcan una parte importante del contexto de la situación. «Todos podemos aprender a gestionar mejor los límites y las normas, pero sólo los niños saben en qué lugar y junto a qué persona se sienten realmente seguros».
Cómo actuar
Cuando un niño se comporta mejor con otras personas que con sus padres, conviene ayudarle a poner en palabras cómo se siente. Como algunas rabietas pueden ser simplemente una llamada de atención, lo mejor es actuar con calma. Una vez que el niño se haya tranquilizado, es fundamental reforzar y felicitar ese cambio para que comprenda que es capaz de calmarse y reconducir su comportamiento.
Los niños necesitan rutinas, ya que éstas les proporcionan seguridad. Por ello, conviene anticipar los momentos que se salen de lo habitual, como puede ser avisar con antelación de una visita en casa. También es importante tener en cuenta cómo se encuentra el niño y, si está muy cansado, evitar determinadas actividades.
Álvaro Bilbao insiste en la importancia de no interpretar personalmente el comportamiento del niño. «Es simplemente que ellos están observando y aprendiendo de su entorno y poco a poco van desarrollando sus propios hábitos. No dudes nunca de tu papel de madre. Así pues, las rabietas son su forma de pedirte que no te vayas o que no te distancies emocionalmente. Está expresando sus emociones y su mal comportamiento es su forma de pedirlo».
En muchas ocasiones, los niños ponen a prueba a los adultos para comprobar qué consecuencias tienen determinadas conductas. «Tu hijo conoce vuestras reacciones y límites; sin embargo, cuando están con otras personas distintas, desconocen los efectos que su mala conducta podría provocar y por ello no se arriesgan a portarse mal y son más obedientes. Ante un entorno no conocido todos seguimos las instrucciones para no meternos en problemas», señala.
Finalmente, recuerda que poner límites es una parte fundamental del desarrollo infantil, ya que los niños necesitan aprender que existen normas y que no siempre pueden conseguir aquello que desean. Además, los límites contribuyen al desarrollo de habilidades emocionales como la tolerancia a la frustración, la paciencia y la capacidad para afrontar obstáculos. También ofrecen modelos para aprender a defenderse y establecer límites con otras personas, especialmente ante comportamientos irrespetuosos.
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