La otra conjura de los necios y el 23-F
Pedro Sánchez ha decidido desclasificar documentos del 23-F «para saldar una deuda histórica con la ciudadanía», pero en realidad es una estrategia más para tapar sus gravísimos problemas. El intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 pretendía detener el proceso de transición democrática, frenar el desarrollo autonómico y revertir la situación política y social de inestabilidad que atravesaba el país y terminar con el terrorismo. El golpe fracasó principalmente por la falta de apoyo de la Corona, la negativa de la mayoría de las unidades militares a sumarse a la asonada y el discurso televisado del Rey Juan Carlos I, que ordenó mantener el orden constitucional.
La afirmación de que Pedro Sánchez y el sanchismo están llevando a cabo un «golpe de estado a cámara lenta» es una narrativa política utilizada principalmente por amplios sectores de la oposición y ciertas plataformas críticas o columnistas no sometidos a la narrativa gubernamental, que argumentan que se está socavando el Estado de derecho y de separación de poderes.
¿Es Pedro Sánchez un neodictador? Si es así, ¿estamos impidiendo que se lleve a cabo este golpe? El Rey Juan Carlos I fue capaz de impedirlo. Pregunto si ahora alguien o la misma sociedad será capaz de abortar la imposición de un régimen sanchista antidemocrático.
Existe un consenso generalizado de que el mundo atraviesa un delicado momento de transición, en cuanto a Órdenes Mundiales se refiere. En relación con ello, Davos y Munich son dos nombres que han atraído la atención mundial y, en especial, de Europa, mientras en España han pasado desapercibidos. Ni siquiera han tenido relevancia interna, por no decir externa, las intervenciones en dichas conferencias, de la persona que ocupa el cargo de presidente del Gobierno de España.
Estamos ante un escenario constituido por todo tipo de circunstancias geopolíticas, económicas y sociales, que requieren medios y modos de acción para su gestión, pero el deterioro del Estado Español es evidente. Ejemplos como el Gran apagón, la Dana de Valencia, los incendios forestales del verano de 2025 y el accidente ferroviario de Adamuz, son exponentes de un marco institucional dotado de autoridades políticas incompetentes para las tareas que se le asignan, programas de mantenimiento de los servicios públicos escasamente dotados, autonomías de amplio espectro que desarrollan deficientemente las tareas públicas y repartos presupuestarios desequilibrados. A todo ello hay que añadirle que nadie es responsable.
Es evidente que el Gobierno incumple la Constitución grave y permanentemente. El no presentar Presupuestos. El traspaso de competencias extraconstitucionales a Navarra, País Vasco y Cataluña. La gestión de la inmigración ilegal es calamitosa. A su vez, cuando hay que afrontar un hecho grave, el presidente del Ejecutivo desaparece. La acción exterior se cuece en Moncloa y las decisiones de esta materia, cuando se exponen a la ciudadanía, lo hacen cuasi clandestinamente. Cuando esta forma de gobernar, por decir algo, muta de tono, se le regalan a Cataluña miles de millones de euros y vaya usted a encontrar justificaciones.
El gran problema de España tiene difícil solución. La situación presente rezuma fraude constitucional por todos los poros, pues la acción de Gobierno se genera desde una situación anómala habilitada para conseguir mayorías, o no, y por los votos de un partido que después de dar un golpe de Estado no fue ilegalizado. Las negociaciones Gobierno-Prófugo se han institucionalizado. ¡Santo cielo si la derecha hubiese algo parecido!
Durante el desarrollo de la nefas del Gobierno de coalición (escándalos de corrupción, colapso del sanchismo y debilidad parlamentaria, gestión de la amnistía, crisis de la vivienda y política social, putrefacción de la política y mentiras), el pueblo español ha permanecido sumiso y los partidos de derechas relacionándose con un exceso de combatividad en la búsqueda de su espacio y discurso.
Despotismo, fraude, desprecio, corrupción, ignorancia, delito, incompetencia, en altas dosis, pasará a la Historia de España como un periodo de un Gobierno doloso y de una oposición que todavía no se ha unido para echar al neodictador; que para algunos de la izquierda felipista está haciendo bueno al franquismo. Éste llevó a España a la puerta de la democracia, el de ahora nos lleva a un claro bolivarianismo.
Esperemos que lo que estamos viviendo no pase de intento de golpe de Estado, pero para ello es imprescindible la movilización y exigir cuanto antes unas elecciones. El tiempo se nos acaba, reaccionemos o todo acabará con otro apagón, el de la democracia.
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