Baleares

Noche de terror en Palma: prende fuego a un mendigo indefenso mientras dormía y acaba en el banquillo

Aprovechando esa vulnerabilidad, el joven se acercó sigilosamente y, con un mechero, prendió fuego a las mantas y al saco de dormir

El acusado se enfrenta a cargos por delito de asesinato en grado de tentativa y delito de incendio

mendigo indefenso Palma
Julio Bastida

La madrugada del 18 de enero de 2025 quedó marcada por un suceso estremecedor en la barriada de Santa Catalina, en Palma, donde un acto de violencia extrema estuvo a punto de acabar en tragedia. Un joven español de 27 años está acusado de intentar quemar vivo a un indigente que dormía en el interior de un cajero automático, en un episodio que ha generado una profunda conmoción social.

Según sostiene la Fiscalía, el acusado actuó con una frialdad inquietante. Antes de atacar, se aseguró de que la víctima —un hombre de 45 años en situación de sinhogarismo— estuviera completamente dormida, reduciendo así cualquier posibilidad de defensa. Aprovechando esa vulnerabilidad, el joven se acercó sigilosamente y, con un mechero, prendió fuego a las mantas y al saco de dormir en los que el hombre se refugiaba del frío.

Las llamas se propagaron rápidamente. El indigente despertó cuando el fuego ya alcanzaba sus piernas, en una escena de auténtico horror. En un intento desesperado por sobrevivir, trató de apagar las llamas con sus propias manos, lo que le provocó quemaduras de segundo y tercer grado en manos y piernas. Tras lograr sofocar el incendio, salió a la calle en busca de ayuda.

Por una coincidencia decisiva, una patrulla de la Policía Local de Palma pasaba por la zona en ese momento. Los agentes auxiliaron de inmediato a la víctima y solicitaron asistencia sanitaria urgente. El hombre fue trasladado a un centro hospitalario, donde permaneció más de un mes en recuperación debido a la gravedad de las lesiones.

Las consecuencias del ataque han sido devastadoras. Además de las quemaduras, el afectado presenta secuelas permanentes, como una gran cicatriz en la pierna izquierda y dolor crónico en la cadera. También sufrió la pérdida de sus escasas pertenencias: ropa, zapatos, mantas, mochila, móvil y otros objetos personales quedaron dañados por el incendio.

La investigación fue asumida por el Grupo de Homicidios de la Policía Nacional, que inicialmente contempló diversas hipótesis. Sin embargo, las cámaras de seguridad del cajero automático resultaron clave. Las imágenes captaron el momento del ataque, lo que permitió identificar al presunto autor en pocos días.

Los agentes lograron localizar y detener al sospechoso el 1 de febrero de 2025, cuando circulaba en patinete eléctrico por Palma. Durante el registro de su domicilio, se encontraron varios mecheros. El joven fue arrestado y posteriormente ingresó en prisión preventiva.

En su declaración, el acusado confesó los hechos, aunque ofreció explicaciones contradictorias. En un primer momento aseguró que se trató de un acto irreflexivo, mientras que posteriormente lo calificó como una simple “gamberrada”. No obstante, la Fiscalía considera que los hechos revisten una gravedad extrema.

El Ministerio Público sostiene que el ataque fue motivado por aporofobia, es decir, rechazo y odio hacia las personas en situación de pobreza o exclusión social. Según el escrito de acusación, el joven actuó movido por «hostilidad, animadversión y rechazo hacia la condición de persona vulnerable» de la víctima. Además, se ha acreditado que el acusado había acudido en días previos al mismo cajero, sabiendo que el hombre dormía allí.

Otro aspecto alarmante es el riesgo de propagación del incendio. La Fiscalía subraya que el fuego podría haberse extendido por el recinto, poniendo en peligro no solo la vida del indigente, sino también la seguridad de otras personas. Solo la rápida reacción de la víctima evitó consecuencias aún más graves.

Por todo ello, el acusado se enfrenta a cargos por delito de asesinato en grado de tentativa y delito de incendio, con la agravante de discriminación por aporofobia. La Fiscalía solicita una pena de 18 años de prisión, además de 10 años de libertad vigilada.

Asimismo, reclama que el acusado indemnice a la víctima con 12.247 euros por las lesiones sufridas, las secuelas físicas y los daños morales derivados de este brutal ataque. El juicio se celebrará el próximo 28 de abril en la Audiencia Provincial de Baleares, donde se esclarecerán todos los detalles de un caso que ha sacudido a la opinión pública. Un suceso que pone el foco en la violencia contra las personas sin hogar y en una realidad preocupante: el odio hacia los más vulnerables puede desencadenar actos de una brutalidad extrema.

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