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El guion previsto en el Metropolitano

Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. El Mallorca hizo cuanto pudo para no encajar una derrota cantada, pero cuando trató de bajar la manta desde su cabeza para tapar los pies, mostró las costuras que le mantienen como un candidato al descenso ante la inoperancia y desidia de la propiedad. Cumplida una hora de partido sin más que una aproximación a la portería de Oblak a los dos minutos, Arrasate vio en el cansancio y las correrías inútiles de Joseph y Antonio Sánchez más allá de una hora de batalla, la posibilidad de abrir líneas en busca de un empate imaginario. Metió a Jan Virgili y Asano para dotar de velocidad y rapidez a un contragolpe inexistente y decidió dar descanso a Maffeo y Sergi Darder en beneficio de Mateu y Pablo Torre. Dos minutos tardó el lateral en cometer una equivocación digna de alevines, igual que en el tanto que abría e marcador, al despejar por en medio lo que se enseña hay que hacer por los laterales. El plato roto y la rúbrica de la derrota le cayó al chaval David López que, como el resto de sus compañeros, había hecho lo que pudo. La culpa no es de ninguno de ellos.

Sin entrar en detalles, el conjunto de la historia se resume en el acoso colchonero al fortín establecido delante de los tres palos a cargo de Leo Román quien tuvo que evitar en no menos de cinco intervenciones de mérito un castigo más temprano. La presión constante de los discípulos de Simeone ponía en evidencia la incapacidad de los de Arrasate para superar la primera línea enemiga y ya no digamos el centro del campo pese a los desvelos de Valjent para pisar la otra mitad del terreno o de Sergi Darder para hacer algo más que sacar faltas y corners. El efímero control de la pelota en acciones aisladas más propiciadas por la precipitación del anfitrión que ajustadas al trazado de un plan, terminaba en los pies del portero y el sempiterno patadón en dirección a la testa del desasistido Muriqi, desafortunado en las tres únicas opciones de remate que tuvo a su favor, dos de ellas con ventaja.

Fue la lucha de un ejército que no tenía necesidad de echarle más gas, contra uno que pelea sin tenerlo. Y lo sabes Ortells. Lo sabes tanto tú como tus jefes.