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El PP no puede hacer el ridículo, máxime cuando Pons tiene toda la razón

Si de lo que se trataba es de hacerle otra vez el juego a Pedro Sánchez, el día que el PSOE superaba todas las líneas rojas y se adentraba en el terreno de la infamia al incluir en la Ley de Amnistía los delitos de terrorismo, el PP lo ha conseguido. El vicesecretario de Acción Institucional del partido, Esteban González Pons, se despachó con unas declaraciones en las que calificó al Tribunal Constitucional de «cáncer del Estado de Derecho» y sugirió la posibilidad de no recurrir ante este organismo tomado literalmente por el sector afín a Pedro Sánchez.

Horas después, el PP obligaba a Pons a desdecirse de sus palabras en un comunicado en el que afirma que su partido «no dejará ninguna vía política o judicial sin explorar para evitar lo que entiende que es una medida injusta e ilegal (la Ley de amnistía). Si lo que pretendía el PP era quedar en ridículo, distanciarse de la mayoría de sus votantes y plegarse tontamente a la izquierda habrá que convenir que ha vuelto a coronarse. Lo dicho por Pons, con mayor o menor acierto, es lo que piensa la mayoría de los votantes del PP y de la derecha española: que el TC es un organismo tomado al asalto por la izquierda en el que no cabe confiar.

Eso de que los populares pretendan presentarse como un partido respetuoso con las instituciones del Estado -la pulcritud personificada en las formas- está bien siempre que la educación no se confunda con el tancredismo político. Y en la rectificación del PP hay más tancredismo que cortesía, mucha más bobería que otra cosa. Esteban González Pons tiene razón en el fondo y el PP no tiene razón ni en el fondo ni en las formas. Obligarle a rectificar, con la que está cayendo, es un ejercicio de candidez propio de un equipo de pardillos. Sánchez seguirá (lleva ya un tiempo) partiéndose de risa.