Zanskar, la magia de un mundo perdido
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En el mundo cada vez hay menos lugares «perdidos», todo está conectado, todos estamos inmersos en una red gigantesca de la que es casi imposible salir. Nos agobiamos por el trabajo, por teléfonos que no dejan de sonar, por aglomeraciones, por vecinos ruidosos… Pues bien, aún quedan sitios inhóspitos a los que huir o en los que evadirse… pero de verdad. No estamos hablando de una playa virgen con todas las comodidades. Estamos hablando de Zanskar.
De nombre que suena a mítico, esta región situada en India tiene, eso sí, algún inconveniente. Y es que nada es perfecto. El viajero huidizo, aquel que quiera ir donde no va nadie, tendrá que hacerlo bien abrigado, ya que estos increíbles y desolados parajes se encuentran situados entre los 3.500 y los 7.000 metros de altitud; muy cerquita de la cordillera del Himalaya. Ésa es una de las razones que convierten a Zanskar en uno de los sitios más fríos y aislados del planeta. No en vano, en invierno hay que soportar los 40º bajo cero.
Dada su ubicación, el acceso al territorio se antoja complicado, sólo para viajeros preparados. La zona es agreste y hay que estar habituado a las caminatas duras, a saber caminar por ríos y pasos de montaña. Sí, decimos ríos porque el río Zanskar se congela.
Lo duro de vivir en Zanskar
Lo que está claro es que la experiencia del viajero será distinta a todo lo que haya vivido hasta el momento. Y es probable que cuando vea el modo de vida de los lugareños, al agobiado turista occidental no le parezca tan malo usar el móvil o aguantar el tráfico, al jefe e incluso al vecino.
Cabe señalar que la zona estuvo cerrada a los extranjeros hasta la década de los 70 y que el turismo (no es que sea muy transitada) ha alterado la dura vida de sus habitantes, dado que ha traído beneficios… y basura, claro está.
Una vez allí, además de maravillarse de la naturaleza más salvaje, de inmensos parajes desoladores, del frío como modelador del paisaje, el viajero también podrá visitar el monasterio de Phuktal ubicado en el acantilado de una garganta de un afluente del río Lungnak. Sin duda, al encaminarse hacia esta construcción pegada a la misma roca, la sensación de estar en un mundo perdido se potenciará, pues la visión será más propia de un sueño que de la realidad.
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