Está a 100 km pero no la conocen ni los propios madrileños: una villa medieval en plena Reserva de la Biosfera
La Comunidad de Madrid alberga rincones sorprendentes que parecen completamente ajenos a su propia geografía y a la prisa habitual de la ciudad. En este sentido, entre espesos bosques y montañas rocosas, resiste una impresionante villa medieval que ha sabido conservar su identidad.
Desde luego, el hecho de que forme parte de la Reserva de la Biosfera ha funcionado como un auténtico muro de contención frente a la modernidad desmedida. Gracias a este aislamiento físico, el municipio ha protegido un ecosistema puro y una forma de vida vinculada estrechamente a lo rural.
¿Cuál es la villa medieval en plena Reserva de la Biosfera y desconocida para muchos madrileños?
A una distancia de algo más de cien kilómetros desde el centro emerge Puebla de la Sierra. Para quienes no lo conocen, se trata de un municipio recóndito y poco transitado, enclavado en la escarpada Sierra del Rincón, un paisaje que la UNESCO declaró Reserva de la Biosfera en junio del año 2005.
El censo actual apenas registra un centenar de personas empadronadas que habitan sus viviendas de manera regular. Las calles empedradas conducen a construcciones robustas de pizarra, cuarcita y madera, fieles exponentes de la arquitectura negra característica de este extremo de la comunidad.
Sus orígenes históricos se vinculan a asentamientos defensivos del siglo XII, aunque diversos estudios apuntan a una fundación de raíces árabes. Tras avanzar la Reconquista, el emplazamiento se repobló y consolidó un entramado urbano que ha llegado hasta nuestros días con escasas alteraciones modernas.
Resulta curioso conocer su anterior denominación oficial. Hasta mediados de la década de 1940, la localidad era conocida como Puebla de la Mujer Muerta, un nombre motivado por el perfil que dibujan las montañas circundantes contra el horizonte madrileño.
El abundante arte para ver en Puebla de la Sierra, una auténtica villa medieval
Puebla de la Sierra rompe con los esquemas de una típica población de montaña al apostar firmemente por la cultura. Se la conoce como la localidad con más obras de arte por habitante gracias a un proyecto bautizado como el Valle de los Sueños.
Se trata de un extraordinario museo de escultura contemporánea al aire libre impulsado por creadores de la zona. En un bucólico recorrido que parte desde el núcleo poblacional, es posible contemplar más de cien piezas artísticas donadas por 73 escultores diferentes.
El icono indiscutible de este parque museístico es la Silla Gigante de Meira, una imponente estructura de madera de cinco metros de alto. Apareció misteriosamente en una localidad de Pontevedra en el año 2010 y, tras un periplo de incertidumbre, terminó integrada en este paisaje montañoso madrileño.
A su vez, la faceta artística del municipio alcanza tintes internacionales de forma inesperada. Alberga un pequeño Museo Japonés que (valga la redundancia) expone obras originarias del país nipón, una extravagancia cultural que propició un hermanamiento formal con la ciudad de Osaka hace algunos años.
¿Qué más hay para visitar en Puebla de la Sierra?
La plaza central de esta villa medieval concentra los edificios de mayor relevancia histórica. La Parroquia de la Purísima Concepción llama poderosamente la atención por tener un exterior de ladrillos descubiertos, una decisión estética tomada tras los severos daños sufridos en conflictos pasados.
Junto al templo se alza el sobrio edificio del Ayuntamiento y, frente a este, una hospedería que ofrece refugio al viajero. A escasos pasos aparece un mirador natural que regala unas vistas sobrecogedoras de todo el valle y de los tupidos bosques de pino y roble.

La antigua fragua del siglo XVI, edificada con madera y mampostería, se ha reconvertido en un espacio museístico que conserva las herramientas originales. Sorprendentemente, sus instalaciones siguen reparando diversos aperos del ganado y mantiene viva una actividad de siglos pasados.
A poca distancia, se localiza la ermita de la Virgen de los Dolores, un sencillo santuario erigido en 1564. Muy cerca mana el agua fresca en una fuente construida con técnica de herencia árabe, un elemento imprescindible para el abastecimiento y refresco de los rebaños locales.
Cómo aprovechar la Reserva de la Biosfera en Puebla de la Sierra
Protegido mediante la figura de Reserva de la Biosfera, el patrimonio forestal de Puebla de la Sierra sustenta una actividad económica que durante siglos se basó en el aprovechamiento maderero. Los grandes robledales dominaron el territorio y proporcionaron material para la construcción de traviesas de ferrocarril y la producción de carbón vegetal.
Para explorar este entorno natural irrepetible, la Ruta de los Robles Centenarios se presenta como una opción inmejorable. Un sendero de apenas tres kilómetros flanquea el arroyo de la Cuesta, un trazado que atraviesa dehesas repletas de árboles monumentales con troncos caprichosamente retorcidos.
Antes de acceder al casco urbano desde la carretera, se encuentra el Área Recreativa Parque de los Avellanos. En este paraje, el río desciende en pequeñas cascadas entre abedules, formando un ecosistema perfecto donde un antiguo molino harinero rehabilitado domina toda la zona ribereña.
Por último, las laderas más elevadas esconden curiosas construcciones de piedra seca conocidas como tinaos. Son antiguos e ingeniosos refugios para el ganado levantados sin argamasa que se mimetizan a la perfección con la roca de la montaña, aportando así un gran valor arquitectónico al paisaje rural.