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ROG Xbox Ally: la portátil que acerca Xbox al formato consola de mano

ROG Xbox Ally
Fuente: Nacho Grosso
Nacho Grosso
  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

La ROG Xbox Ally es uno de esos dispositivos que se entienden mejor cuando se tienen en las manos. No es una Xbox tradicional en pequeño, ni tampoco una simple tablet con mandos pegados a los lados. Es un PC portátil de juego con alma de consola, una máquina que intenta resolver una pregunta muy clara: ¿puedo jugar a mis títulos de PC, Xbox, Game Pass y nube desde cualquier sitio con una experiencia cómoda y directa?

Así es la ROG Xbox Ally

Lo primero que llama la atención de la ROG Xbox Ally es su diseño. ASUS ha mantenido la línea blanca de la familia Ally, pero aquí la presencia de Xbox es evidente: botones ABXY con estética de mando, botón Xbox dedicado, cruceta, sticks analógicos, gatillos, botones traseros y una disposición que recuerda mucho más a un mando tradicional que a un miniordenador portátil.

En mano se nota grande, pero no incómoda. Sus empuñaduras laterales ayudan bastante, sobre todo en sesiones largas. Es una diferencia importante respecto a otras portátiles más planas, que pueden parecer más compactas al verlas, pero cansan antes. Aquí el agarre está bien resuelto y permite jugar apoyando los dedos de forma natural.

Foto: Nacho Grosso

La pantalla es de 7 pulgadas, Full HD, con 120 Hz y tecnología FreeSync Premium. En interiores cumple muy bien, con buena nitidez y fluidez. En exteriores, como he podido comprobar al usarla con luz natural, el brillo ayuda, aunque los reflejos siguen apareciendo en determinadas posiciones. No es un fallo grave, sino una limitación habitual en este tipo de pantallas portátiles.

Características de la ROG Xbox Ally

Características de la ROG Xbox Ally
Sistema operativo Windows 11 Home
Procesador AMD Ryzen Z2 A
GPU Gráficos AMD Radeon
Memoria RAM 16 GB LPDDR5-6400
Almacenamiento SSD M.2 2280 de 512 GB
Pantalla 7 pulgadas FHD, IPS, 120 Hz, 500 nits
Protección de pantalla Corning Gorilla Glass Victus + DXC antirreflectante
Conectividad WiFi 6E y Bluetooth 5.4
Puertos 2 USB-C, microSD UHS-II y jack de 3,5 mm
Batería 60 Wh
Peso 670 gramos
Dimensiones 290,8 x 121,5 x 50,7 mm

 

Una consola portátil, pero también un PC

La clave de la ROG Xbox Ally está en que no funciona como una consola cerrada. Al llevar Windows 11 Home, permite instalar juegos y tiendas como en cualquier ordenador. Esto abre muchas puertas, porque no dependemos únicamente de Xbox Game Pass o de la tienda de Microsoft.

Foto: Nacho Grosso

Esta libertad tiene una cara muy positiva y otra que conviene explicar bien. Lo bueno es que podemos acceder a una biblioteca enorme: juegos de PC, títulos compatibles con Xbox Play Anywhere, juego en la nube mediante Game Pass en los títulos disponibles y juego remoto desde una consola Xbox compatible. Lo menos cómodo es que Windows todavía no está pensado al cien por cien para una pantalla pequeña manejada con controles.

Microsoft y ASUS intentan resolverlo con una experiencia Xbox a pantalla completa. Al encenderla, la consola nos lleva a una interfaz más pensada para jugar, con acceso rápido a la biblioteca, Game Bar y funciones del ecosistema Xbox. Esto mejora mucho la sensación inicial, aunque tarde o temprano aparece Windows: actualizaciones, ventanas, permisos, launchers y pequeños ajustes que recuerdan que estamos ante un PC.

Diseño y ergonomía: aquí se nota la mano de Xbox

Uno de los puntos más acertados de la ROG Xbox Ally es la ergonomía. El cuerpo tiene unas empuñaduras muy marcadas, inspiradas en los mandos de Xbox, y eso se agradece desde el primer minuto. No es el dispositivo más pequeño para transportar, pero sí resulta cómodo para jugar.

Los botones ABXY tienen buen tamaño, los sticks analógicos ofrecen una respuesta precisa y la cruceta cumple bien para menús, juegos 2D o títulos clásicos. También contamos con gatillos analógicos Hall Effect, botones superiores, dos botones traseros asignables, vibración háptica e IMU de 6 ejes. Es decir, no se queda corta en controles.

Las rejillas de ventilación ocupan buena parte del frontal y la zona trasera. En una máquina de este tipo, la refrigeración es tan importante como el procesador. La consola necesita expulsar calor para mantener el rendimiento, y eso implica ventiladores audibles en determinados juegos.

Foto: Nacho Grosso

Pantalla: 7 pulgadas bien aprovechadas

La pantalla de 7 pulgadas FHD es una elección lógica. Aquí ASUS busca equilibrio, tamaño suficiente para jugar con comodidad y cuerpo todavía razonable para llevar en una mochila. La resolución 1080p encaja bien con el formato. En una diagonal de 7 pulgadas se ve nítida, y los 120 Hz aportan una sensación de suavidad muy agradable en juegos ligeros, indies, plataformas, conducción o títulos competitivos que no exijan demasiado. La compatibilidad con AMD FreeSync Premium ayuda a reducir cortes y tirones cuando la tasa de imágenes varía.

Eso sí, no todos los juegos van a moverse a 120 imágenes por segundo, conviene tenerlo claro. La pantalla puede llegar a 120 Hz, pero el rendimiento real dependerá del juego, la configuración gráfica, la resolución y el modo de energía que utilicemos.

Foto: Nacho Grosso

Rendimiento: suficiente para muchos, pero no para todos

La ROG Xbox Ally monta un AMD Ryzen Z2 A, acompañado por 16 GB de RAM y un SSD de 512 GB. Es una configuración pensada para jugar con solvencia, pero no para competir con la versión ROG Xbox Ally X, que lleva un procesador Ryzen AI Z2 Extreme, más memoria y batería de mayor capacidad.

En juegos independientes, títulos optimizados, clásicos modernos, estrategia, plataformas, aventuras y propuestas menos exigentes, la experiencia es muy buena. La consola responde rápido, los tiempos de carga son correctos y la fluidez general acompaña.

Foto: Nacho Grosso

En juegos AAA recientes, la lectura cambia. Se puede jugar, pero normalmente hay que ajustar gráficos, limitar FPS o bajar resolución interna. No es una crítica dura, sino una realidad de este formato. Quien espere el rendimiento de un PC gaming grande se equivoca de producto. Quien quiera jugar en portátil con una calidad razonable y muchas opciones, entenderá mejor la propuesta.

Game Pass, Xbox Play Anywhere y juego en la nube

Donde la ROG Xbox Ally gana mucho sentido es en el ecosistema Xbox. La consola incluye tres meses de Xbox Game Pass Premium, promoción que debe reclamarse tras la activación del dispositivo y que requiere método de pago válido. Es un buen punto de partida para probar el equipo sin tener que comprar varios juegos desde el primer día.

El juego en la nube también suma mucho, siempre que tengamos buena conexión y que el título esté disponible dentro del catálogo compatible. En una portátil con 512 GB de almacenamiento, poder probar juegos sin instalarlos es una ventaja clara. No sustituye siempre al juego local, porque depende de la conexión, pero resulta muy práctico para descubrir títulos o jugar sin ocupar espacio.

Xbox Play Anywhere es otra pieza interesante. En los juegos compatibles, comprar una vez permite jugar en consola Xbox, PC y dispositivos compatibles sin pagar de nuevo. Para quien ya tenga una biblioteca de Xbox o juegue habitualmente en PC, esta continuidad es muy atractiva.

También está el juego remoto desde una Xbox Series X|S o Xbox One compatible, siempre que la consola tenga activadas las funciones remotas y esté encendida o en modo de suspensión. En casa, con buena conexión WiFi, puede ser una forma cómoda de seguir una partida lejos del televisor. No sustituye siempre al juego instalado en la propia máquina, pero abre una posibilidad práctica, la de jugar en el sofá, en la cama o en otra habitación sin ocupar la pantalla principal.

Batería: depende mucho de cómo juegues

La batería de 60 Wh es correcta para una portátil de estas características. En juegos ligeros o mediante streaming puede ofrecer sesiones largas. En títulos exigentes, con brillo alto y modo de rendimiento elevado, la autonomía baja con rapidez.

Este es uno de los puntos donde hay que ser realista. Las consolas portátiles con Windows consumen bastante cuando se les exige. La ROG Xbox Ally no escapa a esa norma. Para trayectos, ratos sueltos o sesiones de sofá es una buena compañera. Para viajes largos, el cargador o una batería externa potente siguen siendo casi obligatorios.

También conviene recordar que no todos los usuarios van a necesitar el mismo perfil de energía. Si jugamos a un indie, a un juego clásico o tiramos de nube, la consola puede aguantar mucho mejor. Si lanzamos un título exigente con el brillo alto y el modo de máximo rendimiento, la batería se resentirá bastante más.

Bien resuelta en almacenamiento y puertos

El SSD M.2 2280 de 512 GB no está mal, pero se queda corto antes de lo que parece, especialmente si instalamos varios juegos grandes. Tener margen para actualizarlo es importante.

En conectividad física, los dos USB-C con DisplayPort y Power Delivery dan bastante juego. Podemos cargar, conectar accesorios, usar una base, llevar imagen a una pantalla externa o ampliar posibilidades con periféricos. El lector microSD UHS-II también ayuda, aunque para juegos pesados sigue siendo preferible el SSD interno.

Foto: Nacho Grosso

Sonido, ventilación y sensaciones de uso

La ROG Xbox Ally integra altavoces estéreo frontales, y eso se nota. No es lo mismo tener el sonido orientado hacia el usuario que perderlo por los laterales o por la parte trasera. Para jugar sin auriculares, el resultado es suficiente y acompaña bien en títulos casuales, aventuras o juegos de ritmo más tranquilo.

La ventilación también merece comentario. En sesiones rápidas, la consola mantiene un comportamiento bastante discreto. Cuando se le exige más, el sistema de refrigeración se hace notar. Es algo esperable en una portátil con Windows y hardware x86, pero conviene tenerlo presente si vamos a jugar en una habitación muy silenciosa. Aun así, prefiero una ventilación algo audible a una máquina que baje rendimiento demasiado pronto. Aquí ASUS parece haber priorizado mantener temperaturas y estabilidad, algo fundamental en un equipo pensado para jugar durante sesiones relativamente largas.

Lo mejor de la ROG Xbox Ally

Lo mejor de la ROG Xbox Ally es su comodidad. Puede parecer un detalle menor, pero en una consola portátil el agarre lo cambia todo. Las empuñaduras hacen que el peso se reparta mejor y que jugar durante más tiempo sea más agradable.

También me ha convencido la pantalla. No solo por los 120 Hz, sino por el equilibrio entre tamaño, resolución y respuesta. En 7 pulgadas, el Full HD tiene mucho sentido, y la fluidez se agradece en cuanto nos movemos por menús o jugamos a títulos rápidos.

Otro punto fuerte es la libertad. Poder instalar juegos de PC, acceder a Game Pass, usar juego remoto, jugar en la nube y conectar la consola a una pantalla externa convierte a la ROG Xbox Ally en una máquina mucho más flexible que una consola portátil cerrada.

Lo que debe mejorar

Windows sigue apareciendo más de lo deseable, la autonomía depende mucho del tipo de juego y el rendimiento en títulos muy exigentes obliga a hacer concesiones. Además, quien busque la opción más potente debería mirar directamente a la ROG Xbox Ally X.

También habría agradecido más almacenamiento de base. Los 512 GB sirven para empezar, pero muchos juegos actuales ocupan muchísimo. Es verdad que se puede ampliar, y eso compensa, pero en un dispositivo pensado para Game Pass y PC gaming, el espacio vuela.

Una portátil con mucho sentido para el usuario adecuado

Después de probar la ROG Xbox Ally, me queda claro que no es una consola para todo el mundo, pero sí una de las propuestas más interesantes para quienes quieren jugar con libertad. No intenta ser una Nintendo Switch, ni una Xbox Series S portátil en sentido estricto. Es un PC de mano con una capa Xbox que hace la experiencia más sencilla, más visual y más cercana al usuario general.

Su mayor virtud está en el equilibrio. Es cómoda, tiene una buena pantalla, controles bien planteados, acceso a Game Pass, juego en la nube, juego remoto y compatibilidad con bibliotecas de PC. Su principal límite es que sigue dependiendo de Windows y de los ajustes que exige cualquier equipo gaming compacto.

¿La recomendaría? Sí, pero con matices. La recomendaría a quien quiera una portátil versátil, valore Game Pass, tenga juegos de PC o Xbox y no le importe tocar configuraciones de vez en cuando. Para quien busque potencia máxima, la versión X es más ambiciosa. Para quien quiera encender y jugar sin pensar en nada, una consola tradicional sigue siendo más simple. Tiene un precio de 599 euros en la web del fabricante.

 

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