He probado la DXRacer Martian y su motorización marca una diferencia real frente a una silla gaming convencional
La DXRacer Martian lleva un paso adelante el concepto de ergonomía
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La DXRacer Martian se ha hecho dueña de mi espacio de trabajo. He probado bastantes sillas a lo largo del tiempo y, aunque muchas prometen ergonomía, no todas consiguen que esa mejora se traduzca en algo tangible tras varias horas delante del ordenador. Aquí sí he percibido un salto claro, sobre todo por un detalle que cambia bastante la experiencia, el ajuste eléctrico del respaldo. Es una función que aporta comodidad real y que marca distancia frente a otros modelos más tradicionales.
Tabla de características de la DXRacer Martian
| Modelo | DXRacer Martian |
| Tipo | Silla gaming eléctrica |
| Respaldo | Ajuste eléctrico de 90° a 135° |
| Soporte lumbar | Airbag inteligente con ajuste de profundidad |
| Reposacabezas | Magnético con espuma viscoelástica |
| Reposabrazos | 4D ajustables |
| Materiales | Tejidos de alta calidad y espuma de alta densidad |
| Estructura | Marco de acero con base reforzada |
| Batería | Integrada y recargable |
| Extras | Iluminación LED y sistema eléctrico integrado |
Lo que cambia al usar una silla con motorización
La gran baza de esta DXRacer Martian está en que la motorización no es un añadido sin más. En muchas sillas el ajuste del respaldo acaba siendo algo brusco o incómodo cuando estás sentado. Aquí el gesto de pulsar un botón resulta mucho más natural. Puedes modificar la postura sin levantarte, con una transición suave, y eso hace que cambies de posición con más frecuencia.
Yo lo he notado especialmente en esos momentos en los que no quieres estar completamente erguido ni demasiado reclinado, sino encontrar un punto intermedio cómodo. En una silla normal muchas veces acabas dejándola tal cual por no tocar el mecanismo. En esta ocurre justo lo contrario, apetece ajustarla porque es rápido y cómodo. Ese pequeño detalle termina influyendo en cómo te sientas a lo largo del día.
Un apoyo lumbar que sí se nota
Otro punto importante es el soporte lumbar. Se aprecia bien cómo el cojín sobresale lo justo para empujar la zona baja de la espalda sin resultar incómodo. No es un apoyo agresivo ni artificial, sino bastante progresivo.

Como consecuencia puedes sentarte más recto cuando estás trabajando o relajarte ligeramente cuando estás viendo contenido, y la silla acompaña bien ese cambio. No te obliga a mantener una única postura rígida, algo que sí ocurre en otros modelos más básicos. La ergonomía real no está en una postura perfecta, sino en poder adaptarte a distintas posiciones sin perder comodidad. Y aquí la DXRacer Martian lo resuelve bastante bien.

Buenos materiales y sensación premium
También me ha convencido por los materiales. El acabado textil en color oscuro tiene un tacto muy agradable y, en mi experiencia, resulta más cómodo que otras sillas con polipiel, sobre todo en sesiones largas. No da sensación de calor y transmite una mayor durabilidad.

Hay gran trabajo de detalle en las costuras y en el bordado del logotipo, que está limpio y bien integrado. No hay piezas que desentonen ni zonas que parezcan descuidadas. Incluso en partes menos visibles, como los laterales o la zona trasera, el acabado mantiene un buen nivel.
El asiento tiene un buen equilibrio entre firmeza y comodidad. No es blando en exceso ni tampoco duro. Aguanta bien el paso de las horas sin esa sensación de fatiga que aparece en sillas más básicas.

Reposabrazos cómodos y bien resueltos
Los reposabrazos me han gustado más de lo esperado. Tienen un acabado suave, ligeramente acolchado, que resulta cómodo incluso tras bastante tiempo apoyado. No son duros ni incómodos, algo que suele ser habitual en este tipo de sillas. El ajuste es firme. Una vez los colocas en la posición adecuada, se mantienen estables, sin movimientos indeseados ni holguras. En el uso diario esto marca bastante la diferencia.

Montaje sencillo y experiencia desde el primer momento
El montaje no me ha dado ningún problema. En pocos pasos la tienes lista, sin instrucciones complicadas ni piezas que generen dudas. Es un detalle que puede parecer menor, pero ayuda a que la experiencia empiece bien desde el principio. Además, incluye la llave correspondiente para apretar la tornillería.
El reposacabezas también es un extra. Se coloca fácilmente de forma magnética y aporta un apoyo extra en la zona del cuello, sobre todo cuando te inclinas ligeramente hacia atrás. Es uno de esos elementos que no son protagonistas, pero que terminan redondeando el conjunto.

La batería, de generoso tamaño y 5000 mAh, queda oculta bajo la base de la silla, y tiene un tiempo de carga de 3,5 horas. Una vez que está totalmente cargada, puedes guardar el cargador y dejar que la silla trabaje de manera autónoma.
Una silla que transmite solidez
La estructura es sinónimo robustez. En la zona del mecanismo y la base se ve un conjunto sólido, bien construido, sin elementos que den sensación de fragilidad. No he notado crujidos ni movimientos raros al inclinarme o girar.

La base de cinco radios y las ruedas cumplen bien, con un desplazamiento suave sobre suelo duro como el que tengo en casa. Es una silla que en todo momento da sensación de estabilidad.
Después de usarla varios días, mi sensación es más que evidente. La DXRacer Martian no se queda en lo llamativo de la motorización. Es una silla que está bien pensada en conjunto. La tecnología suma, pero lo importante es que todo lo demás acompaña: materiales, ergonomía y sensación de solidez.
La diferencia frente a otras sillas sin este tipo de sistema existe, pero no solo por el respaldo eléctrico. Está en cómo facilita pequeños ajustes durante el día, en cómo responde el apoyo lumbar y en que no tienes que pelearte con ella para encontrar una postura cómoda. Tiene un precio en la web del fabricante de 699 euros para tamaño L (hasta 125 kg de peso y 180 cms), y de 729 euros de esas medidas en adelante.
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