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ENERGÍA NUCLEAR

Medusas apagan un reactor nuclear de 1.400 megavatios: la plaga que ya frena centrales en Suecia y Francia

Un domingo de finales de septiembre de 2013, los operarios de la central nuclear de Oskarshamn, en la costa báltica de Suecia, se toparon con un enemigo que no venía en ningún manual. Las rejillas que filtran el agua de mar que enfría la planta estaban taponadas por una muralla de medusas. El reactor 3, de 1.400 megavatios de potencia, tuvo que apagarse.

¿Una anécdota de hace más de una década? Ni mucho menos. Este verano las medusas han vuelto a parar reactores en Francia por segundo agosto consecutivo, y los científicos cuentan cada vez más incidentes de este tipo. La explicación de que un animal blando, casi todo agua, tumbe una máquina tan potente está en el agua de refrigeración.

Qué pasó en Oskarshamn

La central está en la península de Simpevarp, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Oskarshamn, según el regulador nuclear sueco, y la explota OKG, propiedad de Uniper y Fortum. Su reactor 3 funciona desde 1985 y en 2024 generó en torno al 7% de la electricidad de Suecia. Sus 1.400 megavatios equivalen a 70 turbinas eólicas gigantes de 20 megavatios a plena potencia.

En septiembre de 2013 las medusas comunes (Aurelia aurita) se acumularon en las rejillas de la toma de agua hasta bloquearla. La central bajó primero la potencia y el domingo 29 paró el reactor, que según la compañía volvió a producir pocos días después. No era la primera vez, porque en agosto de 2005 el reactor 1 ya se había parado por lo mismo.

Por qué el agua de mar es clave

Una central nuclear produce electricidad con vapor. El calor del reactor hierve agua, el vapor mueve una turbina y luego hay que convertirlo otra vez en agua en un aparato llamado condensador, que necesita muchísima agua fría. En Oskarshamn se coge del Báltico y vuelve al mar unos diez grados más caliente.

El agua pasa antes por rejillas que retienen peces, algas y basura. ¿Y las medusas? Ahí está el problema. Con un 95% de agua en el cuerpo, se deforman contra la malla y sellan los huecos, como una bolsa de plástico mojada pegada al desagüe de la ducha, y la central tiene que parar.

Ojo, el fallo no está en la parte nuclear, sino en el circuito que enfría el vapor ya usado. Ni siquiera diseños nuevos como el reactor sin bombas de NuScale se libran de enfriar ese vapor en algún sitio.

Francia tropieza dos veranos seguidos

El caso más reciente es Gravelines, en el norte de Francia, con seis reactores de 900 megavatios. El 10 y el 11 de agosto de 2025, cuatro de ellos se pararon automáticamente por una llegada masiva de medusas a los filtros de la estación de bombeo, sin consecuencias para la seguridad, aseguró EDF, la eléctrica pública francesa.

La empresa sacó lecciones. Instaló cámaras en los filtros y en el canal de entrada y firmó un acuerdo de 1,5 millones de euros en tres años con una red de pescadores para vigilar a diario las aguas cercanas y retirar medusas con arrastreros si hace falta.

¿Sirvió de algo? Solo en parte. El 10 de agosto de 2026 las medusas volvieron y los reactores 3 y 4 sufrieron una parada automática, el 2 se detuvo de forma preventiva y el 1 bajó al 50% de potencia. Todos fueron volviendo a la red a lo largo del mes.

La ciencia no lo tiene claro

Un estudio publicado en 2024 en la revista Nuclear Engineering and Technology repasó los bloqueos de tomas de agua en centrales nucleares costeras. Asusta un poco. Hubo un puñado de casos en los ochenta y los noventa, 13 en la década de 2000 y 48 en la de 2010, con las medusas como causa más habitual, de Torness (Escocia) a St. Lucie (Florida) o Diablo Canyon (California).

¿Significa eso que hay más medusas que nunca? No está tan claro. Un análisis de datos a largo plazo aparecido en 2013 en PNAS concluyó que sus poblaciones siguen oscilaciones mundiales de unos 20 años, aunque los biólogos admiten que la sobrepesca, el agua más cálida y las zonas con poco oxígeno, como muchas del Báltico, les ponen las cosas fáciles.

Mientras tanto, las centrales prueban redes de barrera, cortinas de burbujas, sonar, drones y hasta imágenes de satélite, justo cuando se proyectan plantas nuevas como la central nuclear de Ontario para 10 millones de hogares. Todavía está por ver qué defensa funciona de verdad cuando llega una marea de gelatina.

El estudio que recopila estos incidentes se ha publicado en la revista Nuclear Engineering and Technology.